En realidad, la despedida del año no se dio en diciembre, sino en mayo, cuando los mortales iban de regreso al patio central, luego de la procesión. En los rostros estaba el recuerdo de todos esos años, desde las caídas infantiles en la famosa rampa hasta las meadas post etílicas en las puertas de los dominios de Claret. La despedida fue en mayo, porque en mayo me despedí de quien vigiló los pasos de los mortales (entre ellos, los míos) durante todos esos años, y esa noche, en medio de una multitud que cantaba para ella, prometí aquello que sólo está permitido en los pactos de sangre, en los pactos de almas. El año ya se había ido luego de eso.
Lo que vino en diciembre fueron puros formalismos "por respeto al calendario", pero dentro de esos formalismos estaba todo el peso de lo que comúnmente nos atormenta a los mortales, y es justamente el peso de lo social: es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al primero, quizá al segundo, pero en medio de todo esto, ¿qué es lo que debemos celebrar realmente? Es el final de una de las mejores etapas de la vida. Es el inicio de lo enorme y desconocido, de lo infinito, de lo extraordinario.
Diciembre está cargado de finales sociales e inicios de proyectos del mismo tipo. Es dentro de ese contexto que nosotros nos movemos. Pero qué somos nosotros sin un contexto... No somos nada más que individuos. Lo más grandioso de la creación es una fórmula recursiva de existencia. Por eso dicen por ahí: "Dependerás del prójimo como de ti mismo". Nuestra sociedad nos define. Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al segundo, quizá al tercero.
Ya me veo en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre. Una vida entregada a una causa aún incierta. Una promesa jamás concretada en palabras. Un pacto de sangre, de almas. Una entrega al lado más desconocido del ser humano. En el dos mil (dos mil, dos mil, dos mil... ¡qué grandioso suena!) los biólogos y psicólogos podrán ayudarnos a entender ese lado desconocido de los mortales. "Cómo demonios funciona mi cerebro", pensaré en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre.
Ya me veo luego de 5 años, de regreso en casa, con "la situación" bajo control. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 5 años. Veo a algunos de ustedes ya casado y con hijos (risas). Todos han pensado en eso y nunca nadie se vio a sí mismo en esa situación. Quién será el que nos dé la sorpresa... En realidad puede ser cualquiera, pero pensamos siempre en que será cualquiera de los otros, excepto uno mismo.
Ya me veo luego de 10 años, de regreso en casa, esta vez para quedarme. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 10 años. Veo a varios de ustedes obesos y con poco pelo (risas). Todos han pensado en eso y la gran mayoría lo desea, en silencio, en secreto. Esa no será una sorpresa... Eso será "la vida", porque "la vida" se vive de esa forma. Así está escrito y así lo demanda nuestra sociedad. Porque nuestra sociedad siempre nos define. Todo esto entre comillas.
Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al tercero, quizá al... tercero. Para mi suerte, el año que se va se olvidó de algo importante. Puede que te lleves al tercero, a aquél que se mantuvo voluntariamente exiliado en el tiempo, oculto en los ochenta. Llévate todo lo que desees, año que se va. Total, los pactos de sangre jamás podrás romperlos. Tampoco los de almas. Hoy, año que se va, a puertas de tu partida, olvidaste que este diciembre tiene luna azul (*), por lo que esta noche ella se volverá a asomar, llena y radiante, para reclamar por lo que en mayo le prometí, hace 10 años. Llévatelo todo, que ahora le toca al número cuatro.
Stellar - Incubus
You are stellar
Meet me in outer space
We could spend the night
Watch the earth come up
I've grown tired of that place
Won't you come with me?
We could start again
How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
It's better than I ever knew, ho
Meet me in outer space
I will hold you close
If you're afraid of heights
I need you to see this place
It might be the only way
That I can show you how
It feels to be inside of you
How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
It's better than I ever knew, yea
How do you do it?
You make me feel like I do
You do
Ohh
You are stellar
You are stellar
How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
Its better than I ever knew, no
How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
You make me feel like I do
Como el viento helado que conoce a la estrella noche tras noche; así, noche tras noche viajo por el cielo entero hasta encontrarte, encontrarte y envolver tu luz y brillar por ti hasta el amanecer, para viajar de nuevo por el cielo entero y aguardar la noche y buscarte y encontrarte otra vez, noche tras noche.

Hace unos días la representante legal de la disquera de Metallica en Perú dijo que vendrían. Como en varias ocasiones, podía tratarse de un rumor, así que preferí no emocionarme...
La noticia acaba de ser oficializada: ya figura en su página web (clic) y en su cuenta de Facebook (clic).
Acabo de verlo y todavía no me lo creo...
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Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
- No crea que es algo tan estupendo —dijo el Flaco—, también hay momentos de profundo desamparo en los que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor y le dije: Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mí es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
- Oiga, don —dijo sin pestañear—, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chávez, viajante de comercio —y le tendió la mano—. Mucho gusto —dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos—, Franz Kafka, para servirle.
- A que no puedes meter todo el océano en un agujero de la arena.
- No en tan poco tiempo.
Los gritos se han ido dando con las ventanas cerradas y retumbaron en toda la casa. Al impactar con las ventanas los sonidos regresaban y creaban un eco infinito, hasta dejarlo aturdido y nublado. En medio de ese trance, sale de casa y corre hacia quien estaban dirigidos todos esos gritos. Al abrir la puerta los ecos se disipan, el sonido se evapora y la silueta de todo lo vivido se desintegra como por arte de magia. Magia o encantamiento, confortablemente adormecido, aletargado y entorpecido. Helio al aire, globo a tierra. Astrid, de tantos gritos, de tanto amor, mató a su conejo.
Hoy gira por aquí la sensación de que realmente
el hombre es un pequeño ladrón del tiempo.
Está Héctor parado aquí, luego unos pasos más allá, luego
en medio de sus callejuelas, luego entre las nuestras y
luego
ya no está más.
Héctor sale victorioso luego de robarle a la vida
de todos
un poco de
tiempo.
Puede robarle al rico y al pobre,
al no muy rico y al muy pobre,
y a todos les robará el tiempo y el corazón.
Héctor vuela
desde lugares remotos y lleva consigo
todo aquello que
ha adquirido en sus miles de años de existencia.
En un abrir y cerrar,
en un cerrar y abrir de ojos,
Héctor ya se ha ido.
Te ha robado el alma al mirarte a los ojos;
te ha robado el tiempo al cruzarse por tu camino.
Siempre irá rondando
por ahí,
robando todos los corazones que encuentre.
Héctor fue el primero de la pandilla que
tuvo que
morir*.
Tenía un arma en la mano,
siempre.
Tonto muchacho.
_______________
* «El primero de la pandilla en morir» - Steven Morrissey
Quizá las montañas dibujadas en el horizonte, el pequeño capitán de la capucha amarilla y los recuerdos evocados a la espera de la diestra fueron necesarios para dejar que eso que se siente se haga sentir; y es que al decir no sé si es el mejor lugar se convirtió el lugar en el mejor, porque el hecho de saber aquello que no se entiende nos permitió dejar de soñar para comenzar a soñar.
Sábado, comprobé que el fin del mundo y la perfección sí tienen una relación.
Domingo, terminaré de asimilarlo.
Lunes, coincide mañana y tarde para hacernos coincidir.
Martes, más allá del fin del mundo, en la isla desconocida, en la ciudad que besa el cielo, y con éste de testigo; ahí y únicamente ahí, en medio de los astros, entenderé que los sueños pueden hacerse realidad sin dejar de ser perfectos. La realidad será el lugar y la perfección será tu presencia, tu presencia conmigo.
Aaaaaaméeeeeeeen.
La verdad es que no sé por qué fui hasta el fin del mundo para verte.
La verdad es que ciertos eventos dejan de ser imaginados y llegan a concretarse, pero siguen siendo perfectos.
Quizá el fin del mundo y la perfección tengan alguna relación.
Quizá.
Lo genial de esta banda es esa extraña mezcla en su música: metal, rock, ska, funk y jazz. Todo esto debido a la versatilidad de su cantante, Mike Patton. Su historial presenta covers de The Comodores (clic), de Bee Gees (clic), y contínuas parodias a Red Hot Chili Peppers (clic), pues Patton (cantante de Faith No More, Mr. Bungle, Fantomas, Tomahawk y otras veinte o treinta bandas) acusó a Anthony Kiedis (voz de Red Hot Chili Peppers) de copiar descaradamente su estilo al cantar y moverse en el escenario.
Faith No More se hizo mundialmente conocido en 1990, luego de lanzar su single «Epic» (clic) y lograr una extraordinaria difusión en MTV. Además de su estilo musical único, lo que también resultaba atractivo para su público era todo lo que Patton hacía en el escenario, como pedir que le arrojen basura para luego comérsela (clic), o comerse el micrófono de un camarógrafo (clic).
En 1998, Faith No More anuncia su separación. Mike Patton (voz) continuaría con proyectos personales cada vez más experimentales, a tal punto de ser llamado por algunos críticos el sucesor de Frank Zappa (clic) por su creatividad a la hora de componer. Incluso Björk lo llamó para que colabore en algunas canciones para su disco vocal Medúlla (clic).
Mike Bordin (baterista) también colaboraría con bandas de la talla de Ozzy Osbourne (clic), Korn (clic), entre otras.
Después de 11 años de separación, anunciaron para el 2009 el tour «Second Coming», en el cual incluyen la canción Reunited, de Peaches and Herb (clic).
El tour inició en Europa en junio de este año. En octubre estarán en Lima y Santiago, y en Noviembre en Buenos Aires y Sao Paulo (clic). Aunque la presentación en Lima todavía no figura en su página oficial, ya fue anunciada por Billy Gould (bajista) en su cuenta de Twitter (clic).
Estoy en una ciudad ficticia, a más de 3200 metros sobre el nivel del mar, con la nariz tapada, con los labios rajados y muy emocionado por algo que estoy comenzando a descubrir. Que el paisaje es increíble, que el frío es inclemente, que el cielo es demasiado perfecto… Todo eso ya se sabe, y si no se sabe, hay que vivirlo y no leerlo en un blog. Lo que me ha inspirado esta vez es otra cosa y justamente por eso digo que la ciudad es ficticia. Claro que esto también hay que vivirlo, pero la emoción puede más… «En fin»; a lo que voy: este lugar, esta ciudad, parece estar encerrada por completo en una burbuja. Lo curioso es que yo ya había estado aquí antes y por mucho tiempo; de hecho, he nacido aquí y aquí he vivido mis dos primeras vidas. En ese entonces, todo esto que ahora se me hace tan fantástico ya estaba aquí en el aire; el detalle es que aún no tenía los «lentes amarillos» adecuados para poder ver lo que ahora veo.
Llegué aquí a las 8y30 de la noche del martes pasado. Todo siguió su ritmo normal: recoger el equipaje, abrazar a la familia, tomar un taxi y disfrutar pagar 2,50 por la carrera, comer algo y descansar, «por el viaje pues». Lo jodido vino al día siguiente.
Había dormido como nunca. Tenía la nariz helada y me parecía raro que aún no me hayan despertado para el desayuno de bienvenida acostumbrado. Luego de encontrar un reloj y ver la hora, recién pude percatarme de que todo continuaba oscuro. Eran las 5 de la mañana. Muchas veces he oído comentar que cuando uno duerme en una casa ajena siempre quiere aparentar ser madrugador; será que tenemos un reloj biológico automático bastante educado y muy considerado socialmente. Pero... ¡yo estaba en mi casa! Será la costumbre entonces, no sé, ya no tuve tiempo de pensar en eso, ya me había vuelto a dormir.
Como a las 11 de la mañana, salimos de casa. Mi ya señorita hermana estaba muy entusiasmada por hacerme conocer la zona moderna de la burbuja, o la invasión capitalista, como la llama Claudia Warhol. Personalmente, prefiero conocer aquello que aquí muchos quieren olvidar; será que tengo el síndrome del viajero, aburrido de buildings y más buildings (como si yo fuese turista, ¡atatau!). En fin, luego de más o menos una hora, ya estábamos en Real Plaza (hasta el nombre le sonaría invasivo a Claudia). Nos habremos dado unas 400 vueltas por los pasillos. Salimos dos horas después y recién fuera de la invasión pude encontrarme con algo digno de mencionar, y es que en realidad es toda una leyenda: ahí, a unos 10 metros de distancia, estaba el tren macho en todo su esplendor. Lo único que nos separaba era una gran reja llena de óxido. Realmente no nos encontramos, creo que él ni me vio, pero es bueno soñar de cuándo en cuándo. Era genial verlo tan destartalado como siempre, y más genial era verlo tan desafiante y grandioso al costado de los aburridos buildings y más buildings. El apelativo tan bien ganado resultaba no ser en vano: el tren macho es el único en su especie que «sale cuando quiere y llega cuando puede». Esta vez, también era el único capaz de enfrentar al sistema de esta forma tan sutil pero agresiva.
Hora de almorzar. Caminamos por todo el centro de la ciudad y ahí fue cuando se manifestó todo con más fuerza: luego de pasar por debajo de un puente, los rayos del sol cambiaron de dirección y pintaron todo de amarillo intenso. Fue como si varias delgadas cortinas blancas se abriesen una por una y revelaran todo un universo de espejismos, cada vez más amarillos y difusos, cada vez más etéreos y dementes. La gente se desvanecía, parecía que todos eran vapor, pero un vapor que se mantenía lo suficientemente unido como para reconocer su figura humana. También se podía reconocer los colores de sus rostros y de sus ropas. Todos flotaban. Estaban completamente cubiertos por un halo amarillo y sus voces se asemejaban a risas amables y eternas, todas tan melodiosas pero tan insanas a la vez... El piso había comenzado a derretirse como el chocolate en el calor, seguramente por eso era que la gente flotaba, para no embarrarse, o mejor dicho, enchocolatarse.
Definitivamente, algo no andaba bien aquí. No sé si fue el sol, o su calor, o quizá el olor del chocolate en toda la ciudad, pero algo hizo que comience a tener esa sensación tan extraña de estar en medio de un espejismo y casi ser parte de él. Era necesario acudir a alguien de confianza, que conozca y que a la vez ignore de mí lo suficiente como para esperar de ella la respuesta adecuada. «José, ¿te puedo decir algo? Deja de consumir esas cosas». Mila me hizo volver a pisar el chocolate, y es que con toda esa ola de calor, yo también había comenzado a flotar, pero eso debía detenerse. Quizá unos cuantos minutos más hubiesen sido suficientes para que termine fusionándome permanentemente a esa gran nube amarilla de vapor diferenciado. Necesitaba una de esas conversaciones que tanto echaba de menos, tan cargadas de emociones, tan tímidas, divertidas y delicadas al mismo tiempo, tan inexactas, tan provocadoras y sugerentemente confusas... Necesitaba saber que «la verdad es que todo es mentira». Mila tuvo que decirlo una vez más para terminar de entender que esta farsa, este mundo soñado, este universo en una burbuja, este cerebro en una cubeta, era realmente lo que era, y si su verdad era ser una completa mentira, era una verdad suficiente para mí, que soy parte de la farsa, y también lo era para todos los que flotan, y los que juegan, y las que temen, y los que sueñan, porque eso es lo que los mantiene aquí, nos mantiene aquí. Por todo eso fue el «Gracias».
Se trataba entonces de un gran juego. Así como en San Andreas, como en Mafia Wars, como en las noches de playa de Barranca, como en Lima misma, aquí en «Ciudad Ficción» todo era un juego: te dan las reglas y tú las cumples. Luego, siempre llega un punto en el que queremos algo más; entonces navegamos un poco y encontramos los trucos: vida infinita, todo tipo de armas, gente flotando, piso de chocolate. Todo es lo mismo y los trucos son los mismos, solo que de diferentes formas: a veces son un grupo de letras sin sentido, a veces un grupo de hojitas verdes, a veces unos lentes amarillos, a veces unas ganas infinitas de soñar despierto.
Aquí los cigarros duran media hora.
En mi reloj ya ha pasado casi un mes desde que estoy aquí, pero el tiempo aún no lo ha notado. Todo en este lugar es tan jodidamente lento, hasta esta endemoniada cabina.
Está uno al borde del colapso pero aún así, las únicas fuerzas que quedan son para jalar la manguerita con los dientes y apretar la jeringa.
Vas a morir otra vez y ahora nadie te llevará al hospital... Sí, lo sé, pero sólo un poco más...
Todo está fuera de su sitio. Las cosas nunca han tenido un lugar propio aquí. Cómo diablos podría ordenarlas... En medio del caos se han gobernado solas durante toda una vida, o dos, o tres. Sí, tres vidas.
Aquello que siempre he odiado hoy me ha consumido. Veo mi rostro y lo veo a él: soy carne de su carne.
Y mis sueños de libertad se limitan a una típica burbuja, con disfraz de viaje o de copas o de juegos sexuales. Al igual que todos mis dientes, al igual que ella, regreso de esas travesías y me siento más vacío que antes.
Toda la vida es juego; y los juegos, juegos son. En San Andreas, en Lima, en Huancayo y en la China.
Mila tiene razón: la verdad es que todo es mentira.
Y las ilusiones... Isabelle es genial porque es una ilusión. Ahí debe quedarse. Debería; pero como siempre, Sebastian arruinará todo. Sebastian es tan «más humano que humano».
De qué sirven entonces todos estos cristales, si no son sólo para pintarnos colores inexistentes...
De qué sirven entonces todos estos espejos, si no son sólo para engañarnos y hacernos sentir que somos más que simples cerebros en una cubeta.
Juégatela, terc...
Aquella tarde, Sebastian comenzó a pensar que Isabelle ya lo sabía.
Él la había estado esperando. Ella tenía que pasar por ahí, y efectivamente, pasó. Se acercó a él y luego de un cruce de preguntas y respuestas cotidianas, ella lanzó un muy curioso: «¿pero por qué estás justo aquí?»; la excusa de Sebastian fue decir que adentro había demasiada gente. Al oír esto, Isabelle fue de inmediato a comprobarlo: se asomó por la ventana y luego volvió y dijo: «sí, hay gente, pero no tanto, en fin...».
Hablaban sobre música. Sebastian había recordado que alguna vez ella le habló de una muy buena canción. Isabelle lo recordó también, y de inmediato lanzó un muy curioso: «¿cómo es que te acuerdas?»; Sebastian respondió con una cita de ella misma: «como tú dices, si lo recuerdo, es porque es importante». Ella sonrió.
Teniendo como base estas preguntas curiosas, Sebastian cree que Isabelle ya se dio cuenta de todo.
Que alguien, por favor, le diga a Sebastian por este medio, si es que creen que Isabelle podría saberlo todo, teniendo como base esas preguntas curiosas.
Que alguien, por favor, ayude a Sebastian.
Primero el suelo
luego el (primero el suelo
______ luego el (primero el suelo
______ ______ luego el (primero el suelo
______ ______ ______ luego el (primero
El mal está rondandondandondandondando
Me dijo ayer de madrugada
que habías perdido un
ojo
Hoy gruñe pero un poco más temprano
+y ya no hayah on ay y-
pan de gallo para nadie
Se nos acuestan las mandíbulas
tras los correteos presurosos
de las manos multitudinarias
b o baldes
a d
j n
a e
n i
d b
o u
y s
Porque sino cómo pues vecino
se van contra su casa y luego
...................uno qué hace
Se escapa por la ventana
desde allá arriba de Lima
yvaadar
primero al suelo
Quién será entonces ese rey de reyes al que le cantan allá abajo
que pueda venir a recoger mi cuerpo y cerrarme los
+sojoojos-
por respeto al muerto
Pero ellos, ellos... Ellos nunca escuchan.
Asumen, siempre asumen cosas.
Interrumpen cuando alguien habla.
Gritan.
Son tan sentenciosos cuando hablan...
Se creen dueños de la verdad.
Aquellos que nunca escuchan...
No vale la pena hablarles siquiera.
Esta es una descarada invitación al sitio de fotos que he creado hace poco en Flickr. Por el momento sólo tengo publicadas algunas fotos que he estado tomando para el curso de Fotografía Básica que llevo en la universidad... pero bueno, a ver si se animan y visitan el sitio.
- Sitio en Flickr
- Presentación de fotos del Parque de la Exposición
el esquema que surge de nuestras mentes _ nos libera
Por estosinstantes en los que las prisiones.van muy llenas
y yanoay nada masque decir que yanoay nadamas que decir
mis manos se defienden dellas missmas
hoy no tengo dinero. debo caminar. caminar. caminar,,,
Me revienta la vena de la frente debido ala sana envidia
no se vayan a robar tu convertible""
por aqui nunca! vienen convertíblés
y nunca se estacionan
porque nunca vienen( )
y si vienen
nunca se estacionan
porque desaparecen
y después _ya no vienen
ire a tu fiesta vestido de rockstar
y ba_ilaremos reguetón
mientras el salón va tomándole fotos
a los que van .van- tomándoSe la cebada
o la presión arterial
porque olvidaron su; úlcera
el efecto de las doncellas_aladas( )
sobre la comida sazonada;
puede molestar a las abuelitas;
y al final nunca llegan a encontrar
la sandalia adecuada -> VOID( )
y lechan la culpa al periódico
de su mala puntería
ya estoy vieja, dicen
dile a tu padre que mande a fumigar
dile a tu hijo que bote la basura
guarda la comidala congeladora
pero quítale las moOscas
y las doncellas aladas se van
bailando por la ventana
guarda la comidalacongeladora
pero quítale las mOoscas
y las doncellas aladas se van
bailando por la __.ventana
a la casa de la vecina evangelista
lo que usted necesita ,,señor gobernador
es un empleado que le compre las galletas
igual que la gordita diplomática
a ella le guusta follar
en los sillones de las embajadas
y le gusta que le compren/las galletas
para comerlasmientras trabaja
en su oficina _de miraflores
trabajasus novios italianos
para que le manden euros
y pueda comprarse
más galletas
y follarse.
más embajadores
ADoro LA DeLICADA
mAneerA en LA qUe
sUeLes posAAr tUs
/_______________\
LAbIos tAn CeerCA
De Los mIIos CADA
vez qUe tenngo LA
/---------------\
sUerte De ennCon-
trArtee por AqUe-
LLos CorrreDoores
/(CoorreeDorres)\
qUIero pensAr qUe
CADDA vezz qUe LA
fortUnA nos reUnA
/CCCCCCCCCCCCCCC\
poDre mengUAr UUn
poCo mAs LA sUtIL
D_ Is tAA/ n- CIA
/¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨\
y qUIzA AsI Logre
besAr ALgUUnA vez
Denntro DDe poCCo
/+++++++++++_+++\
eL LIgero rrAstro
qUe mme DeejA ttU
genIALL ssonrrIsA
/'/'/'/'|'\'\'\'\
Imagínate algo así: correo, chat, Hi5 o Facebook, blog, procesador de texto, hojas de cálculo, diseño de presentaciones (es decir, Word, Excel y PowerPoint), galería de fotos, encuestas, archivos PDF, juegos, datos estadísticos, corrector ortográfico, traductor, buscador, mapas interactivos, etc., todo desde una única pestaña de tu navegador.¿Llevas un curso de fotografía y como trabajo final debes enviar 30 fotos? Ya no es necesario subirlas una a una. Selecciónalas desde su carpeta de origen o desde la misma memoria de tu cámara y arrástralas a tu navegador y listo: ya se adjuntaron, ya se enviaron.
¿Tienes que entregar un trabajo grupal mañana? Crea una especie de «conversación múltiple» pero en un archivo. Así, todos editarán al mismo tiempo sus partes respectivas, EN UN MISMO DOCUMENTO.
¿Harás una reunión y no sabes cómo indicar la dirección? Adjunta un mapa, haz algunos trazos sobre él, escribe referencias, resalta calles, encierra el lugar en un círculo o pónle un marcador. Los que vean tu mapa irán viendo todos los cambios que tú hagas, paso a paso, como si fuese un video. Ahora, ¿quieres saber cuántas personas irán? Haz una encuesta. Apenas alguien la responda, se creará una tabla con los datos y un gráfico estadístico, que se irá actualizando solo a medida que más personas vayan contestando.
¿Te comunicas con alguien en Francia? Escribe en tu idioma natal, la traducción se irá adjuntando palabra por palabra mientras tú escribes. Y la respuesta que recibas también será traducida del francés a tu idioma, con el texto original en francés justo en la línea siguiente. Así, de paso, puedes ir aprendiendo su idioma.
¿Tienes a tus contactos dispersos por todas tus cuentas? Envía un mismo mensaje a tus contactos de correo, de blog, de Twitter, etc. al mismo tiempo. Comenta y responde comentarios de tu blog desde este mismo lugar. Crea vínculos de páginas Y DE CORREOS ANTERIORES.
Esas son sólo unas cuantas cosas de las que Google Wave es capaz. Con suerte a finales de año ya podremos contar con él. Bienvenidas las vanguardias.
Avanzo un poco más y de pronto vuelvo a ver esas barritas grises, pero esta vez están formando algo así como una rampa. Enseguida recuerdo la sensación dolorosa que tuve al pisarlas y detengo el paso, pero al mismo tiempo veo que al terminar la rampa, en la parte de arriba, hay una bandeja larga y grande, de un color verde muy intenso que llama mucho mi atención. Quiero ver de cerca esa bandeja; quiero saber qué hay sobre ella, pero temo volver a pisar las barritas grises. Luego de dudar un buen rato, me animo a pisar ligeramente la primera barrita, el primer escalón. Vuelvo a sentir el mismo frío y el mismo dolor que hace un momento, pero enseguida estas sensaciones van desapareciendo. Entonces, me animo a avanzar entre los escalones y pisar el segundo, el tercero… Me sorprende cuán rápido he podido acostumbrarme a esa sensación y, así, llego al séptimo, el último escalón. «Ya no le duele el metal», se oye desde lo alto.
Tengo ahora, frente a mí, esa bandeja verde que tanto quería ver: desde cerca se ve como un jardín con adornos amarillos regados por el suelo, una casita blanca en una esquina y en la otra un plato pequeño y delicado, de cerámica, con cubitos de zanahoria y algunos granos y semillas sobre él. Me acerco al plato y sin pensarlo dos veces disfruto de los trozos de zanahoria. Mientras tanto, logro observar un tubo invertido de vidrio, con una especie de boquilla, que cuelga desde una de las paredes cercanas. Al acercarme y observarlo con mayor detenimiento, comprendo que es un bebedero en donde puedo saciar mi sed cada vez que lo desee.
Lo que llama mi atención de inmediato son ahora las paredes, pues veo que también están compuestas por el mismo «metal» de los escalones. Voy explorando todo el contorno de mi nuevo hogar y descubro que todas las paredes, e incluso el techo, están hechas de esas barritas grises. A través de ellas puedo ver figuras medio borrosas, grandes y lejanas, de todos los colores. También logro reconocer dos rostros, y en cada uno de ellos, un par de ojos grandes y negros que están todo el tiempo sobre mí, atentos a todos mis movimientos. «Nos está mirando», dice uno de los rostros, y los pares de ojos no se despegan de mí. Mi instinto me dice que debo ser cuidadoso con esos rostros pero, de alguna forma, me siento seguro detrás de estas barritas de metal, así que doy media vuelta y vuelvo a pasear sobre ese aserrín tan abrigador que tengo como alfombra.
De pronto, descubro algo increíble: una gran plataforma circular amarilla sostenida por un triángulo naranja se encuentra plantada en medio del lugar, similar a un monumento gigantezco, con un lugar vacío en el centro de su arquitectura, como si estuviese esperando a alguien, como si estuviese esperando por mí. Enseguida y casi por inercia, trepo sobre el triángulo naranja de la base y me ubico al centro de la gran plataforma circular. Apenas termino de acomodarme, siento que la plataforma comienza a oscilar como un péndulo y ese movimiento me resulta de lo más placentero. Intento explorar este monumento exótico pero, al hacerlo, éste se resiste, pues por algún extraño mecanismo, ninguno de los pasos que doy me permiten avanzar ni retroceder. Aumento mi velocidad y con ella aumento también la sensación inicial de placer, y al sentir que ya casi puedo avanzar, me entusiasmo de sobremanera y comienzo a correr, pero el extraño mecanismo vuelve a manifestarse, pues otra vez me niega el permiso para avanzar o retroceder, mientras que, a cambio, me ofrece altas dosis de placer y diversión, así que continúo corriendo sin preocuparme por avanzar.
Luego de un buen rato, me siento bastante cansado, así que decido salir de la «ruedita», como escuché que la llaman los rostros que están afuera, y voy por un poco de agua. Aprovecho para comer un poco más y, de pronto, siento que me invade el sueño. Me acerco a la casita blanca en la esquina del jardín y descubro, en el interior, algo parecido al algodón, que rodea todas las paredes de la casita. De inmediato tengo una gran sensación de seguridad, incluso mayor que la que experimentaba allá en el jardín, pues aquí los ojos grandes y negros de los rostros lejanos no podían alcanzarme.
Las luces se iban extinguiendo en los alrededores y, mientas tanto, el sueño se iba apoderando de mí. De esta manera, pude descansar durante aproximadamente tres horas, cuando de pronto, desperté de un salto y lo único que tenía en la cabeza era la idea de volver a jugar en la rueda. Corrí hacia ella, en el centro de mi nuevo hogar, y en pocos segundos, ya estaba haciéndola girar bajo mi desesperado correteo. «Los hámsters juegan toda la noche», fue lo último que escuché desde allá afuera. En realidad, fue lo último que me importó escuchar, antes de seguir corriendo hacia ningún lugar y permitirme experimentar otra vez esa sensación de felicidad absoluta e indescriptible.
Será que a veces uno debe expulsar todo eso que lleva guardado, para evitar sobrecargas.
Dejé pasar demasiado tiempo. La sobrecarga era inminente. La descarga generó un arco de alto voltaje que incineró todo lo que encontró a su paso, sobretodo al final.
Son las diez de la mañana. Te levantas y vas por un café bien cargado y un cigarrillo. Eliges al azar uno de tus discos rotulados como «cortavenas» y activas el modo aleatorio después de colocarlo. Inicias tu día de acuerdo a la primera canción que te haga suspirar. «Living is easy with eyes closed, misunderstanding all you see; it's getting hard to be someone but it all works out, it doesn't matter much to me». Quizá sea mejor que nunca sepa tu nombre. Quizá sea mejor que jamás te deje ir de mi lado. En verdad no podría saber cómo salir de ese dilema así que decido no hacer nada. Terminas de soñar con los campos eternos de frambuesa y me dejas uno de esos besos dulces e infinitos luego de un «hasta pronto». Veo desde mi ventana cómo te alejas, cómo te vas desvaneciendo a cada paso, entre la niebla matutina, y así como tú y tu silueta, también se va desvaneciendo mi cariño hacia ti, que cuando estabas a mi lado te amaba tanto, que cuando te despediste te quise retener, que cuando cruzaste la puerta ya te extrañaba, que cuando bajaste el único escalón apenas podía recordar tu rostro, que cuando caminaste por el jardín sólo me quedaba un recuerdo de tu aroma, que ahora que volteaste a la esquina he vuelto a olvidarme de ti.
Te convertiste en lo que siempre serás desde ahora que ya no te recuerdo porque cada vez que vuelvas a mí lo harás como una silueta o como una sombra entre la niebla. Yo voy viviendo varias vidas medio desvanecido entre los mismos corredores añejos, igual de volátil ante el aire, ante el sol y ante la luna. Nuestros encuentros serán siempre clandestinos y todos tan caóticos como nuestra misma naturaleza. Somos niebla y sombra entremezclándose, nos volvemos un ente inexplicable que cada vez que nos dejamos abrazar por la noche nos dispersamos por todo el universo, podemos estar en cada rincón de él y en ninguno a la vez. Ya no estamos, ya no somos, existimos de alguna extraña manera pero sin identidad, y después de dejar nuestro rastro en cada una de las esferas celestes, nos contraemos, absorbemos todo de vuelta, como un agujero negro, y condensamos toda la energía disipada en dos intentos de existencia paralela que se dicen «hasta pronto» y se olvidan hasta la próxima luna llena.
Entradas relacionadas: Infsamnia 1, Infsamnia 2
Soy un profanador
estoy desafiando al tiempo
ya ves, mi transgresión
es procurar tenerte
El cielo entiende de mi obsesión
está llegando a un límite
el desierto, al menos hoy
no parece, no parece tan...
Sueles encontrarme en cualquier lugar
y ya lo sabes, nada es casualidad
tu misteriosa forma me lastimará
pero a cada segundo estaré más cerca
Paralizándome
jamás podré esperarte
y no tengo porque esperar
en un altar de sacrificios
Sólo meterme en tu ritual
y descifrar tu enigma
tal vez no hablar de más
el silencio no es tiempo perdido
Desafiando al rito
destruyendo mitos
Hay días en los que estoy del todo ocupado. Actualmente, mi principal actividad es la de estudiante universitario. Delimitando mi existencia de ese modo, mis días ocupados son esos en los que tengo clases casi todo el día. Apenas hay tiempo para dar los últimos toques a un par de trabajos, comer algo, ir al baño y viajar en micro, nada más.
Hay días en los que tengo un poco de tiempo libre para vivir. Entonces puedo pensar. Trato de pensar siempre. Si no lo hago, siento que dejo de existir. Será que Descartes me tatuó su frase célebre en el cerebro para no dejarla de lado jamás.
Me gusta pensar, pero no siempre pienso sobre lo mismo.
Hay días en los que pienso sobre soñar y me gusta soñar.
Hay días en los que quiero cambiar el mundo y matar al monstruo.
Hay días en los que no quiero cambiar nada ni matar a nadie.
Hay días en los que pienso sobre mi futuro, siempre tan incierto. Estos días son muy escasos porque ya me he estado dando cuenta que nunca llego a nada.
Hay días en los que pienso sobre mi pasado, siempre tan nostálgico. Estos días aún abundan y los detesto porque siento que son ataduras.
Hay días en los que pienso en mis instintos. Pienso que el hombre de hoy sigue siendo un animal, entonces me comporto como tal y eso... está bien.
Hay días en los que pienso en los ángeles. Siento que el amor está en el aire. Siento que los colores son más vivos. Pienso que me engaño a voluntad propia y eso... está bien.
Hay días en los que pienso en morir. A veces me gusta estar triste, entonces escucho música melancólica y trato de sentir cosas que no he sentido antes. A veces aparecen revelaciones misteriosas y entonces comprendo la vida un poquito mejor. Por otro lado, a veces estoy triste sin quererlo (detesto esos días). Entonces, escucho metal o veo alguna comedia y todo se arregla.
Hay días en los que pienso en metafísica. Estos días no son tan escasos pero trato de que así sean, porque siento que tampoco llego a nada.
Hay días en los que pienso en mi presente. Veo mis manos, me veo al espejo, siento que me conozco y ya no me conozco luego de dos segundos, porque cada vez soy distinto. Siento que soy un camaleón, pienso que no hay días sino épocas, y que soy diferente en cada época. Siento que he vivido varias vidas y que muero cada vez que me canso de vivir una de ellas. Siento que necesito nacer cada cierto tiempo para volver a descubrir el mundo o quizá reinventarlo una y otra vez. En todo este proceso siento que los lugares conocidos se me hacen extraños, siento que camino por un lugar en el que ya he estado antes pero no logro reconocerlo, siento que mis amigos ya no son mis amigos y siento que a mis nuevos amigos ya los he conocido antes en alguna otra vida, siento que conozco a todos ellos y que igualmente no los conozco y que luego de esta época no los volveré a ver bajo ese cuerpo, pero nos volveremos a encontrar sin reconocernos y nos volveremos a conocer, así como siento que he vuelto a conocer a Diana, aquella a quien tanto quise alguna vez, y siento que ella también me ha reconocido quizá inconscientemente, y ahora que ha vuelto a quererme le cuesta tanto aceptarlo porque ahora tiene una vida propia, pero yo también tengo una nueva vida propia en esta época y también me cuesta aceptar que me he vuelto a enamorar de la misma persona en un cuerpo distinto, siento que debo morir otra vez y volverla a conocer sin que ella lo sepa, sin que yo lo sepa; quizá ahí, al tercer intento, podamos vivir juntos y ya no habrá ni un viaje que nos separe, ni un antiguo amor que nos distancie. Pienso en todo esto y siento que luego de dos segundos ya no me importa, porque Diana ya se esfumó, porque ya se posó sobre algún otro ángel y entonces siento que quiero a ese nuevo ángel. Mientras pienso en mi presente, todo él se convierte en pasado y entonces se vuelve todo tan nostálgico, más que el pasado anterior, porque este nuevo pasado se me ha esfumado sin siquiera poder vivirlo, entonces se me hace cada vez más odioso y lo detesto más porque sigo pensando que es una atadura. Entonces pienso que debo de liberarme de las ataduras y debo comenzar a caminar otra vez, por enésima vez, porque no quiero llegar tarde. Entonces pienso que mejor ya no voy a pensar y quizá Descartes aparezca frente a mí en un nuevo cuerpo y me diga que si ya no pienso luego ya no existo y entonces dejaré de existir para que todo lo que ya he creado, todo lo que ya he vivido, todo lo que ya he escrito aquí, deje de existir también, o quizá muera conmigo. Entonces y sólo entonces, podré existir otra vez.
Me presento aquí, entonces, completamente desvalido: sin definiciones, sin ejemplos, sin imágenes... pero sí con muchas, demasiadas, contradicciones; porque es lo más preciso para este tema tan contradictorio. Entonces, como primera contradicción (y es la única que voy a enumerar), quiero dar un ejemplo de lo que es el amor cuando quiere matarnos en vida.
Como siempre, llegó sin avisar. Si hubiese avisado, ahora contaría con una genial imagen para ilustrar un poco más esta historia; pero no avisó, por eso la imagen resultaría muy poco ilustrativa, muy poco clara, osea bastante oscura.
Llegó también en un muy mal momento para ambos implicados (esa es otra de sus características perversas y habituales), y aunque las complicaciones sean del todo diferentes, son complicaciones al fin y al cabo y hay que tenerlas en cuenta.
En este punto de la historia, el ejemplo ya perdió su razón de ser, así que ya no viene al caso mencionarlo. Sería absurdo seguir comentándolo: cuando el ejemplo pierde su razón de ser, se transforma en chisme.
En este punto de la historia, es preciso comenzar a contarla (contarla, la historia).
Es como (este también es un ejemplo y otra contradicción, pero ya no está enumerado [el ejemplo {ni la contradicción (no está enumerada)}]) si cayese un meteorito sobre el planeta de la relativa estabilidad emocional que tiene cada uno en el universo del alma humana. Todo, incluso el tiempo, se hace incongruente e impredecible. Uno comienza a vivir y a morir cada quince minutos: naces y mueres y vuelves a morir y luego naces tres veces y así hasta que dices: «Ya, que el tiempo lo diga todo» y luego te mueres. Después te mueres otra vez.
Llevo siete días tratando de encontrar una solución al problema que no he mencionado aquí (pese a ser lo más importante para un mejor entendimiento [por parte de ustedes —el detalle es que no quiero que tengan un mejor entendimiento de esto; con lo que les digo, basta—]) y puedo decir que ya he pensado en todo. He tratado de devolver el fruto prohibido al lugar en el que estaba, he tratado de borrar mis huellas, disimular la mordida que le di aquella noche, quitarme el sabor de la boca... pero todo ha sido en vano. No he podido hacer nada de eso; aunque, sinceramente, creo que no he querido. ¡Cómo querer quitarme ese sabor de la boca! ¡Habría que estar loco!
Pero la conciencia no ha dejado de torturarme. Es cierto que he estado buscando soluciones, pero cada una resultaba ser una nueva complicación, lo que implicaba otras mil muertes sucesivas.
Pensar, pensar, pensar.
«Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento, pues no tengo culpa», cuánta razón le he dado a esos versos y se la sigo dando, pero cuán poco me ayudan ahora. Sigo inventando soluciones y sigo creando conflictos externos e internos. «¿Cuántas veces debemos morir?, ¿cuántas veces más debemos resistir?». Pensar. Tiempo. Solución entonces conflicto entonces morir y esto ya parece un melodrama.
Mencioné que era un mal momento. Las complicaciones se volvieron a manifestar y esta vez con más fuerza y varias al mismo tiempo. El entorno ya era insoportable.
«Me voy de aquí».
Aislado, nublado, bastante perturbado y completamente desanimado, busqué una última solución al problema ese del océano en el vaso. Porque creo que en realidad sabemos que es un vaso, pero sólo lo sabemos cuando estamos afuera. Desde adentro, es un océano, y nada ni nadie podrá hacernos pensar otra cosa mientras estemos adentro.
Ahí entonces, sobre una banca vieja, me quedé buscando formas en la arena, tratando de relacionar el camino de las hormigas con lo que me pasa, buscando «la respuesta» en las cosas nimias. Estuve un tiempo, unas horas, unas cuantas vidas más; así, en el ático, en las sombras; así, hasta apagar el último cigarro y soltar mi última frase.
«No puedo».
Apenas dije lo que dije, el entorno adquirió un brillo propio. Ahora veía la respuesta en todas partes. Sí, «la» respuesta. Ahora los granos infinitos de arena y las filas interminables de hormigas me decían exactamente lo mismo. Lo que estuve viendo ahí eran mis pensamientos, regados por todos lados; mis pensamientos caminando uno tras otro, llevando cada uno un pedazo de coherencia, quién sabe para qué.
No dejó de sorprenderme lo que acababa de pasar. Tuve que darme por vencido, tuve que resignarme, tuve que dejar morir el orgullo, para que el universo y toda su grandeza puedan revelarme lo que estaba buscando.
La respuesta era, precisamente, que no hay respuesta. No hay forma en la arena: hay mil formas y a la vez ninguna. No hay final en la fila de hormigas: inicia en donde termina, inicia con cada hormiga.
Aunque esto parezca ilógico, es completamente coherente, ya que hablamos de contradicciones.
Cuando se trata del amor cuando quiere matarnos en vida, lo mejor es no pensar, porque mientras uno más piense, más se aleja de lo que busca. Las respuestas ansiadas, las honestas, las que andamos buscando, en realidad vienen solas, cuando realmente deban venir.
Y lo mejor de todo esto es que no hubiera llegado a esa conclusión (de que lo mejor es no pensar) si no hubiese pensado tanto en ello.
Nada me parece más absurdo que volver a creer ciegamente en aquello que ya nos ilusionó antes y que luego nos pisoteó hasta la burla, una y otra vez. Y es que de eso se trata una pasión: el amor cuando quiere matarnos en vida es igual al fútbol; por eso hay quienes dicen que cuando uno se enamora está perdido. «Esta vez sí podemos». El hombre, cuando quiere, puede ser más testarudo y más animal que el animal mismo. La masa piensa que las nuevas contrataciones harán posible el tan ansiado cambio: el nuevo delantero, el nuevo plantel, el nuevo técnico, la nueva mierda que reemplaza a la mierda. Al igual que con el amor cuando quiere matarnos en vida, el problema no basta con cambiar de persona. Así también, hay de los que creen que se enamoran siempre. Hay de los que dicen que no tienen suerte en el amor y que siempre terminan hundidos. «Esta vez sí podemos». Una y otra vez y todo sigue igual.
Nada sería más acertado que calmar los ánimos y ver y analizar lo evidente. Si la pasión, si el fútbol, si el amor cuando quiere matarnos en vida, si aquellos dioses malignos empeñan toda su industria para engañarnos siempre, es necesario suspender nuestro juicio. Destruir el sistema que tanto nos engaña es lo más racional. Destruirlo y volverlo a construir desde las bases, entendiendo cada uno de sus pasos y ubicando cada uno de los ladrillos en el lugar y momento adecuados. Esto quizá nos lleve a límites similares a los del propio sistema cartesiano. Al menos nuestro nuevo sistema tendrá una base mucho mejor sustentada que la base de las pasiones. Esta en las manos de cada uno el engendrar un sistema nuevo y completamente racional para que el amor cuando quiere matarnos en vida deje de matarnos en vida. El fútbol, en cambio, escapa de nuestras manos. Para nuestra suerte, hay vacunas que nos hacen invulnerables a ese tipo de estímulos. Estas vacunas vienen en formas distintas: en forma de hostia, de pentagrama, de grabado, de bodegón, de papel tras papel enumerado, empastados o engrapados; en forma de botella, de certificado; en forma de universidad, en forma de juguete, de papá y mamá, de amigo leal, de mascota; vienen en forma de espejo, vienen en forma de vida propia. De ese modo, El Creador se asegura de que nuestra pequeña llama encendida en lo más interno de nuestro ser no se apague nunca.
Será que a veces uno debe expulsar todo eso que lleva guardado, para evitar sobrecargas.
«Y el mayor bien es pequeño»
- Por cierto, ahí está.
- ¿De dónde salió? ¿Y cómo hizo para entrar?
- No sé, y eso que ni siquiera la conozco. Sólo de vista.
- Debió haber venido con alguien, tendrán algún amigo en común, quizás.
- Sí, dos amigas. Me sorprende que esté aquí. Me sorprende, me alegra y me asusta.
- ¿Por qué te asusta?
- Si está aquí es porque yo la he traído, y si yo la he traído es porque estoy involucrando mucho.
- ¿Tú la has traído? Pero, ¿no que no la conoces?
- Sólo de vista pero igual la traje, por eso me asusta. Ni la conozco y ya estoy involucrando mucho. No quiero obsesionarme.
- ¡Entonces sí es tu María Iribarne! Jajaja.
- Espero no terminar igual que Castel.
- No, no creo. Castel era un caso extremo; así fue desde el inicio.
- Desde la primera frase que le dijo, cuando logró encontrarla.
- Claro. Esas cosas sólo pasan en las novelas.
- ¿Escritas y televisadas?
- Jajaja. Sí, en ambas. Aunque no haya punto de comparación, pero sí.
- Aquí viene a despedirse.
- Yo tampoco la conozco, ¿por qué diablos está acercándose? ¡Y sonriente todavía!
- ¡Y qué sonrisa! Ya he cruzado algunas frases con ella esta noche. También te la he presentado.
- Te has pasado toda la noche hablando conmigo. ¿En qué momento has hablado con ella?
- Yo qué sé. Estas cosas suelen ser así de confusas.
- No recuerdo que me la hayas presentado.
- ¡Así fue!
(ya con ella)
- Chicos, ya me tengo que ir, la pasé muy bien. Gracias por la invitación. ¡Cuidense!
- ¡Cuidate también! ¡Adiós!
- Hey, gracias por venir. Me gustó mucho conocerte.
- ¡A mí también! Gracias otra vez. ¡Nos vemos!
- Nos vemos.
- Chau.
(ya sin ella)
- ¿Viste?
- Estaba a punto de preguntarte lo mismo.
- Carajo, hasta yo me di cuenta.
- Entonces no son sólo ideas mías. ¡Genial!
- Creo que fue bastante obvia: los ojos le brillan de otra forma cuando te mira.
- También creo que quiso que lo notáramos.
- Así parece, pero sigo sin entender cómo la conocimos.
- No me preguntes, yo ni idea tengo de cómo llegó aquí. ¿Notaste que no hay nadie más? Se supone que están todos en algún lugar de la casa, estamos asumiendo eso, hasta se siente el bullicio; pero en realidad no hay nadie.
- Es una fiesta y se escuchan las voces. La casa está repleta.
- Sí, pero no hay nadie. ¿Acaso reconoces alguna voz?
- La verdad, no.
- Pero sabes quiénes deben estar.
- Sí.
- Y también sabes que no puedes ir a ver.
- Lamentablemente no puedo ir a ver. Siempre pasa lo mismo: quieres correr y no puedes, quieres volar y no puedes, quieres gritar y no puedes.
- Ahora que lo mencionas, hubo una época en la que sí podía volar, pero temía chocarme con los cables del alumbrado.
- Jajaja. Tú siempre tan realista.
- ¿Crees que lo hacía a propósito? No era nada agradable saber que podías electrocutarte en cualquier momento; y lo peor es que no importa qué tan alto pudiese estar volando, a toda altura habían cables.
- Al menos podías volar. Yo nunca pude.
- ¿Pero lo intentabas?
- Claro que lo intentaba.
- Si lo intentabas entonces es porque sí podías. Freud diría que es porque te sientes atado por algo y eso te impide volar.
- ¿Freud? ¡Por favor! ¡Freud decía que los fumadores son faloadictos en potencia!
- Jajaja. Creo que exageraba algunas veces, pero lo de las ataduras suena más convincente.
- Puede ser. Igual no puedo volar.
- Lo que dicen también es que nunca se puede percibir olores.
- Mmm...
- Bueno. ¿Notaste que, ahora que se fue, todos los demás desaparecieron?
- No lo había notado. ¿Dónde estamos ahora?
- Parece que es su casa.
- Tiene cuatro camas en su cuarto. Qué raro.
- Este es el cuarto que me dieron cuando estuve en Ayacucho.
- ¿Estamos en Ayacucho?
- No. Estamos en su casa, en Lima. Su cuarto se ve como el que me dieron en Ayacucho, pero en realidad es su casa.
- Jajaja. En «realidad».
- Jaja. Sí, en «realidad».
- Mira, acaba de aparecer en la cama de allá.
- Ya la vi. Es ella.
- No hay duda.
- Ya es tiempo entonces. Ahora me acercaré y hablaré con ella; y sabré que tú estarás aquí pero en un rato desaparecerás.
- Así tenía que pasar.
- Puedo escucharte pero ya no puedo verte.
- Así tenía que pasar. Antes de terminar con todo esto, respóndeme algo.
- Pregúntame.
- ¿Por qué esta vez no notaste la diferencia?
- Porque esta vez no hubo diferencia alguna.
- Pero, ¿y el aparecer y desaparecer?, ¿y los tiempos discontinuos?
- Todo eso es normal aquí.
- ¿Entonces eres completamente consciente de estar aquí?
- Completamente, no; eso sería imposible. Pero puedo decidir. La capacidad de decisión es algo que pocas veces acompaña a uno en estos casos.
- Pero sabes que es una ficción.
- «Un frenesí, una ilusión; una sombra, una ficción». La verdad no lo sé. Este sueño es demasiado real.
- Es, por todo lo que te dije, que estoy algo preocupado últimamente.
- Creo que no es tan trágico como lo imaginas: artículos especializados y hasta estudios psicológicos han coincicido en decir que ese tipo de relaciones de las que hablas son las más comunes, pero no son las únicas.
- De hecho que son las más comunes: casi todas las parejas que conozco tienen síntomas de ser así.
- Las más comunes, pero no las únicas; y para tu suerte, el otro tipo de relación es justo así como tú me la describes, así que no te desanimes, ya llegará.
- Jajaja.
- ¿De qué te ries?
- «Ya llegará». Suena como si estuviese desesperado. No estoy desesperado, sólo algo preocupado.
- Sí, sí, entiendo. Tus experiencias no han sido tan...
- Exacto.
- Te lo vuelvo a decir entonces: ya llegará.
- Seguramente. Pero, ¿sabes qué es lo extraño? Me imagino con una relación así, como las del otro tipo, y creo que no me sentiría a gusto para nada.
- ¡Total! ¡Quién te entiende! ¿Por qué dices eso ahora?
- Una relación calculada sería demasiado fría, demasiado insoportable.
- Te estás contradiciendo. Dices que no te gustan las relaciones demasiado apasionadas, pero que tampoco te gustaría una relación calculada.
- Tú lo has dicho. El problema está en el «demasiado». No me gustan los extremos.
- Lo que yo creo es que tú quieres ser apasionado y ser frío cuando te da la gana. Podría decir que tienes lo que todos: demasiado egoísmo como para ser tolerante en una relación.
- «A veces, mi tan rezada tolerancia se me desvanece».
- ¿Quién fue?
- Aún nadie.
- Tolerancia. Me gusta esa palabra.
- Lo que dices es cierto, en parte. Es difícil ser tolerante, sobretodo cuando pones mucho en juego.
- O cuando involucras sentimientos.
- Porque tus sentimientos son los que están en juego. De ahí se deduce que...
- Si no involucras muchos sentimientos, ¿te resulta más fácil ser tolerante?
- Por eso me gusta hablar contigo.
- Ya me lo imaginaba: lo que tú quieres es tener el control.
- La mayoría del tiempo promedio, sí. Como te dije, no me gustan los extremos: sería igual de aburrido tener el control todo el tiempo. Quiero calor cuando deba haberlo y frío cuando sea necesario. Un equilibrio. Eso sería lo ideal. Lo «ideal».
- «El equilibrio es imposible».
- Jajaja. Es cierto. Muy cierto. ¿Sabes si tienen algún nuevo disco?
- Ni idea. Nunca me tomé la molestia de averiguar siquiera sus nombres.
- Vaya.
- Bueno, creo que querer tener el control también es normal, aunque lamentablemente en muchos casos es inconsciente.
- Es inconsciente en los niños. Sentimentalmente niños.
- Jajaja. «Niños, sentimentalmente niños», «Morir, socialmente morir», me gusta el énfasis que le da ese orden a las palabras.
- Y ahora que estamos hablando de eso, «¿¿-Tú-aún-crees-que-tienes-el-control-??».
- Jajajajaja. ¡Qué pendejo que eres! ¡No me digas que te estabas refiriendo a eso?
- Claro. Tanto esfuerzo no es en vano. Siempre uno trata de mandar un mensaje extra.
- Osea que te dedicas a publicar tu vida en volantitos de colores.
- Jajaja, si lo quieres ver de ese modo...
- ¿Y cuál fue tu confesión la vez anterior?, ¿que estabas caliente?
- Jajaja. No. Fue un llamado a la revolución.
- ¿A todo el Perú?
- No, a Letras. Los primeros decían «Letras».
- Claro. Era época de toma.
- Como siempre.
- Pero creo que nadie entendió tu llamado.
- Es cierto. Justo de eso se trata. Mi llamado no fue explícito, pero eso no quiere decir que no lo haya hecho. Los que quisieron verlo así, lo vieron.
- Entonces no fue efectivo. Tenías un fin y nadie se percató de ello.
- El fin era generar preguntas, causar interés, llamar la atención, pero para lo otro, para el evento. Lo de la revolución era como una ventana en la esquina de un cuadro.
- Una ventana en la esquina de un cuadro... ¡Muy al estilo de Castel!
- Exacto. Toda su obra era agradable para los ojos de las masas y nadie se percataba del mensaje de fondo. Esa también era la intención de Castel: estaba comunicando algo con excesivo ruido puesto adrede.
- Hasta que llegó Mayra Iribarne y captó su mensaje.
- María. Sí, y Castel se obsesionó.
- ¿Y ya llegó tu María Iribarne?
- Mayra. Sí.
- ¡Total! ¿Es María o Mayra?
- Es igual; igual Castel se obsesionó.
- ¿Y tú te obsesionaste?
- Castel.
A lo que voy. Hoy, una niña un poco irresponsable interrumpió mi sueño a las 9 de la madrugada y me pidió que le busque en Internet el proceso paso a paso para hallar la raíz cuadrada de 2. En los 20 segundos que dura una llamada nacional y con la mitad del cerebro aún dormido, no pude darle una cátedra sobre la naturaleza de los números irracionales ni sobre la postura de los pitagóricos ante tal acontecimiento matemático que destrozaba todos sus cimientos. Sólo atiné a decir un: «Ya, te timbro cuando lo tenga listo».
A lo que voy (otra vez): Es sorprendente cómo el hombre, hace más de 5000 años, pudo haber ideado un método tan simple como el de los babilonios para calcular raíces cuadradas (así como idearon también un método para medir el tiempo, vigente hasta hoy).
2 = 2 x 1El metodo babilónico para hallar una raíz cuadrada consiste en encontrar dos números que, multiplicados, den el número inicial. Por ejemplo, para hallar la raíz cuadrada de 2, los números serían 1 y 2. Luego se promedian ambos números (1,5) y se vuelve a hacer la división. El procedimiento se repite varias veces para obtener un resultado más aproximado.
2 + 1 = 3
3 : 2 = 1,5
2 : 1,5 = 1,3 (aproximadamente)
1,5 + 1,3 = 2,8
2,8 : 2 = 1,4
Repitiendo:
2 : 1,4 = 1,428 (aprox.)
1,4 + 1,428 = 2,828
2,828 : 2 = 1,414
Repitiendo:
2 : 1,414 = 1,4144 (aprox.)
1,414 + 1,4144 = 2,8284
2,8284 : 2 = 1,4142
[...]
Nosotros en la superficie.
Si hay una grieta, dicen que hay algo que está mal.
Se asoman ramitas verdes. Eso no puede estar mal.
Deberían haber más grietas en el pavimento.
Cuánto va cambiando la vista de cuadra en cuadra.
Vamos a ver quiénes viven en esta zona.
Vamos a ver.
Mano extendida. La invitación estaba hecha. Pierna derecha hacia adelante, a 90 grados de la izquierda, que reposaba su pie al borde del borde.
Ojos cerrados. Estaba esperando pacientemente y con un sentimiento de felicidad y satisfacción indescriptible.
Su mano nunca llegó. En sus pupilas ardientes ahora llovían lágrimas. Murió el fuego, mas no él; y con el viento, el humo se hizo humo.
Cristales y espejos se iban quebrando uno a uno, y al caer iban cortándolo todo, comenzando por la frente, tan en alto antes y tan sangrante ahora; los ojos que luchaban por mantenerse cerrados aún con los párpados escurriéndose por las mejillas; de hecho, ahora ya no eran «los ojos», ahora era «el ojo». Cortes en la lengua, que igual se las arreglaba para gritar un «no me dejes». Cuello. Chisguetes por todos lados excepto por la yugular, como si los espejos se hubiesen puesto de acuerdo para hacer sufrir al pobre iluso. Pecho, brazos y espalda barrocos. Eunuco en dos segundos. La pierna derecha se salvó por estar lejos de la masa sangrante y deforme (la pierna derecha ahora tenía un ojo). Pierna izquierda despojada de sus músculos pero aún firme, como si los espejos se hubiesen puesto de acuerdo.
El ambiente seguía en silencio. El reflejo disperso en los trozos de espejo en el suelo era suficiente: ya estaba muerto, muerto en vida. Ahora no tenía sentido el suicidio: «Para qué morir, si no es con ella». Los sueños de libertad eterna se habían esfumado. Tuvo que bajar la pierna derecha y alejarse del borde. El único que se suicidó fue el ojo, que antes de golpear el pavimento pudo ver al suicida y burlarse de él.
Un espejo y un cristal quedaron intactos. Le aterrorizaba la idea de ver a través de uno. Se llevó el otro a casa.
«Quizá ahora soy visualmente más honesto», se decía, ya en casa.








