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E - S - E

(E)n qué momento se juntaron
la tierra y nuestras raíces,
la luna y nuestras miradas,
en sus vacíos, acompañadas.

(S)u inmensidad te asusta
por más que lo azul se pinte de negro
por falta de luminosidad
o de tres mil dólares.

(E)sta noche me voy a esconder
debajo de la quinta almohada
supongo que mañana dormirán
los que con su fiesta
me provocaron el dolor de cabeza
pero en silencio.

Carrrrrne de la fruta (no) prohibida

Siempre he pensado que un mango no se puede disfrutar si uno se lo come cortado en cuadraditos y utilizando un tenedor. Personalmente, prefiero comerlo como lo he venido haciendo desde que tengo uso de razón.

Su cáscara no es muy gruesa, así que basta cierta presión con una uña para superar esa primera barrera. Pelarlo apresuradamente y poder sentir las primeras gotas escurriéndose por mis muñecas son un preludio perfecto para el encuentro íntimo que se avecina. Al fin, mi presa es liberada por completo de sus ropas coloradas y candentes.

Comienzo entonces a darle mordiscos por todas partes: algunos suaves, silenciosos y sensatos; otros fuertes, resonantes y desquiciados. Mientras tanto, el sonido que produce su carne desgarrada se torna cada vez más rotundo, cada vez más sincero.

Las gotas en mis mejillas y sus jugos escurriéndose por todo mi cuello me anuncian que voy por buen camino. Su pulpa avergonzada ha cedido por completo ante mi presencia y los primeros vellos entre mis dientes me hacen saber que el final se va acercando.

Es justamente ahí cuando mi lengua tiene su primer encuentro con esa perla gigante, oculta en lo más íntimo del fruto, plantada ahí en el medio, siempre desafiante y provocadora. Uno sabe que en este punto no se debe usar los dientes, así que busco la posición más cómoda y comienzo con la succión.

Repito la tan placentera operación una y otra vez, una y otra vez, y poco a poco voy despojando a mi víctima de sus últimos rezagos de pulpa hasta que por fin ella queda tendida e inmóvil en medio de mis manos asesinas. De esta forma, mis más ocultos instintos han sido satisfechos por completo y lo mejor es que no siento ningún remordimiento por ello.