Después de tomar un café, pregunté como jugando si querían ir a tomar «algo más refrescante». Como jugando también, Z dijo inmediatamente que sí. A se hizo de rogar un poco, pero luego de varias bromas entre nosotras, aceptó gustosa, con la gran sonrisa que le caracteriza.
Era su primera vez en ese lugar; afortunadamente, no se sintieron intimidadas por ello ni por todos los parroquianos de las mesas aledañas, que por cierto, nos lanzaban miradas pervertidas y en su mayoría nauseabundas según nuestro punto de vista. Aún faltaba más de media hora para llegar a las 4 de la tarde, así que teníamos tiempo de sobra. Comenzamos, casi por inercia, a hacer un recuento de las frustraciones que nos han ido golpeando en estos últimos meses, académicamente hablando. No hubo mucho debate ni discrepancias en ello: todo el mundo sabía que tanto Espinoza como Piazzini te ponían buena nota si les gustaba la cara que tenías el día del examen final. Pobre Rafo, que se le ocurrió emborracharse el día anterior al examen de Lógica. Por suerte, por esas fechas, nosotras no nos veíamos tan mal. No tanto como Rafo.
Las horas y las botellas iban pasando, unas más de prisa que las otras (a veces estas, a veces aquellas) y la charla fue paseándose por todo tipo de temas: política, religión, amores frustrados, amigos ganados, rencores surgidos, etc. Para esto, Z estaba ebria.
Luego de un par más (de horas o de chelas, da lo mismo) A comenzaba a hablar incoherencias y a reir demasiado fuerte. Logró cautivarme por un instante la idea de vernos ahí, en medio del caos, tres seres distintos e independientes, pero con ideas del todo similares y sentimientos perfectamente sintonizados. Nos dabamos la razón en todo, nos reíamos de lo mismo, apreciábamos a tales y tales otros, despreciábamos a unos y a otros más. Eramos «El Uno» en tres formas distintas (hay que estar con mucho alcohol en el organismo para pensar que algo así puede ser posible).
como la original
fueron narradas por T.
Ella tuvo la gentileza
de compartirme
tan genial experiencia
hace unos días.
A ti,
gran amiga,
te dedico esta entrada.


