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Adiós, 1999

En realidad, la despedida del año no se dio en diciembre, sino en mayo, cuando los mortales iban de regreso al patio central, luego de la procesión. En los rostros estaba el recuerdo de todos esos años, desde las caídas infantiles en la famosa rampa hasta las meadas post etílicas en las puertas de los dominios de Claret. La despedida fue en mayo, porque en mayo me despedí de quien vigiló los pasos de los mortales (entre ellos, los míos) durante todos esos años, y esa noche, en medio de una multitud que cantaba para ella, prometí aquello que sólo está permitido en los pactos de sangre, en los pactos de almas. El año ya se había ido luego de eso.

Lo que vino en diciembre fueron puros formalismos "por respeto al calendario", pero dentro de esos formalismos estaba todo el peso de lo que comúnmente nos atormenta a los mortales, y es justamente el peso de lo social: es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al primero, quizá al segundo, pero en medio de todo esto, ¿qué es lo que debemos celebrar realmente? Es el final de una de las mejores etapas de la vida. Es el inicio de lo enorme y desconocido, de lo infinito, de lo extraordinario.

Diciembre está cargado de finales sociales e inicios de proyectos del mismo tipo. Es dentro de ese contexto que nosotros nos movemos. Pero qué somos nosotros sin un contexto... No somos nada más que individuos. Lo más grandioso de la creación es una fórmula recursiva de existencia. Por eso dicen por ahí: "Dependerás del prójimo como de ti mismo". Nuestra sociedad nos define. Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al segundo, quizá al tercero.

Ya me veo en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre. Una vida entregada a una causa aún incierta. Una promesa jamás concretada en palabras. Un pacto de sangre, de almas. Una entrega al lado más desconocido del ser humano. En el dos mil (dos mil, dos mil, dos mil... ¡qué grandioso suena!) los biólogos y psicólogos podrán ayudarnos a entender ese lado desconocido de los mortales. "Cómo demonios funciona mi cerebro", pensaré en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre.

Ya me veo luego de 5 años, de regreso en casa, con "la situación" bajo control. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 5 años. Veo a algunos de ustedes ya casado y con hijos (risas). Todos han pensado en eso y nunca nadie se vio a sí mismo en esa situación. Quién será el que nos dé la sorpresa... En realidad puede ser cualquiera, pero pensamos siempre en que será cualquiera de los otros, excepto uno mismo.

Ya me veo luego de 10 años, de regreso en casa, esta vez para quedarme. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 10 años. Veo a varios de ustedes obesos y con poco pelo (risas). Todos han pensado en eso y la gran mayoría lo desea, en silencio, en secreto. Esa no será una sorpresa... Eso será "la vida", porque "la vida" se vive de esa forma. Así está escrito y así lo demanda nuestra sociedad. Porque nuestra sociedad siempre nos define. Todo esto entre comillas.

Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al tercero, quizá al... tercero. Para mi suerte, el año que se va se olvidó de algo importante. Puede que te lleves al tercero, a aquél que se mantuvo voluntariamente exiliado en el tiempo, oculto en los ochenta. Llévate todo lo que desees, año que se va. Total, los pactos de sangre jamás podrás romperlos. Tampoco los de almas. Hoy, año que se va, a puertas de tu partida, olvidaste que este diciembre tiene luna azul (*), por lo que esta noche ella se volverá a asomar, llena y radiante, para reclamar por lo que en mayo le prometí, hace 10 años. Llévatelo todo, que ahora le toca al número cuatro.

20: El día más corto de toda la vida


Llegada la hora ya no había nada más que decir, y es que todo ya había sido dicho días antes, durante esas breves vacaciones que nos dimos al escaparnos del mundo por momentos.

Al final, en la «sala del llanto», en medio de la sinceridad de los abrazos eternos, las lágrimas agonizantes, las palabras de ánimo, las infinitas buenas vibras, en medio de todo eso, quise darte lo que te había prometido, y creo que era lo que más necesitabas en ese momento: una sonrisa.

Porque en verdad no hay motivos para no sonreir, si no he dejado de hacerlo desde ese 3 de octubre que tomé tu mano por primera vez, y porque desde entonces y en todo este tiempo comprendí contigo un nuevo significado de la palabra libertad. Hoy eres libre, tal y como lo soy yo desde que estoy contigo. Es en esa libertad que te marchas y a la vez te quedas, así como yo me voy contigo y me quedo a esperar por ti.

Hoy, a las 00:00 horas, el día comenzó cuando te tenía entre mis brazos. Luego, poco a poco tus pasos hacia atrás y la señal que te hice y que fue correspondida me confirmaron lo que me decían tus ojos húmedos y eternos: ahora sé que tus latidos están al compás de los míos. Hoy, a las 00:01 horas, fue la última vez que vi tu sonrisa infinita. Así comenzó mi día y así terminó luego de un minuto.

 El día más corto de toda la vida es el más largo de toda mi vida, y así, en medio de esos juegos del tiempo te recordaré hoy y te recordaré también al amanecer, 3 veces, 15 veces, 101 veces: libre, sonriente y eterna. Así estaré entonces a la espera de tu retorno, aunque en realidad nunca hayas partido.


A la diestra de Dios Padre

He vuelto a ir navegando hasta el fin del mundo, hoy, en un barco de papel ofrecido de tus manos suaves muy suaves manos.

Quizá las montañas dibujadas en el horizonte, el pequeño capitán de la capucha amarilla y los recuerdos evocados a la espera de la diestra fueron necesarios para dejar que eso que se siente se haga sentir; y es que al decir no sé si es el mejor lugar se convirtió el lugar en el mejor, porque el hecho de saber aquello que no se entiende nos permitió dejar de soñar para comenzar a soñar.

Sábado, comprobé que el fin del mundo y la perfección sí tienen una relación.

Domingo, terminaré de asimilarlo.

Lunes, coincide mañana y tarde para hacernos coincidir.

Martes, más allá del fin del mundo, en la isla desconocida, en la ciudad que besa el cielo, y con éste de testigo; ahí y únicamente ahí, en medio de los astros, entenderé que los sueños pueden hacerse realidad sin dejar de ser perfectos. La realidad será el lugar y la perfección será tu presencia, tu presencia conmigo.

Aaaaaaméeeeeeeen.


Flickr



Esta es una descarada invitación al sitio de fotos que he creado hace poco en Flickr. Por el momento sólo tengo publicadas algunas fotos que he estado tomando para el curso de Fotografía Básica que llevo en la universidad... pero bueno, a ver si se animan y visitan el sitio.

- Sitio en Flickr
- Presentación de fotos del Parque de la Exposición

Esta madrugada he visto el futuro

Si eres de los que sigue pensando que Google es un simple buscador, DEBES leer esto.

Imagínate algo así: correo, chat, Hi5 o Facebook, blog, procesador de texto, hojas de cálculo, diseño de presentaciones (es decir, Word, Excel y PowerPoint), galería de fotos, encuestas, archivos PDF, juegos, datos estadísticos, corrector ortográfico, traductor, buscador, mapas interactivos, etc., todo desde una única pestaña de tu navegador.

¿Llevas un curso de fotografía y como trabajo final debes enviar 30 fotos? Ya no es necesario subirlas una a una. Selecciónalas desde su carpeta de origen o desde la misma memoria de tu cámara y arrástralas a tu navegador y listo: ya se adjuntaron, ya se enviaron.

¿Tienes que entregar un trabajo grupal mañana? Crea una especie de «conversación múltiple» pero en un archivo. Así, todos editarán al mismo tiempo sus partes respectivas, EN UN MISMO DOCUMENTO.

¿Harás una reunión y no sabes cómo indicar la dirección? Adjunta un mapa, haz algunos trazos sobre él, escribe referencias, resalta calles, encierra el lugar en un círculo o pónle un marcador. Los que vean tu mapa irán viendo todos los cambios que tú hagas, paso a paso, como si fuese un video. Ahora, ¿quieres saber cuántas personas irán? Haz una encuesta. Apenas alguien la responda, se creará una tabla con los datos y un gráfico estadístico, que se irá actualizando solo a medida que más personas vayan contestando.

¿Te comunicas con alguien en Francia? Escribe en tu idioma natal, la traducción se irá adjuntando palabra por palabra mientras tú escribes. Y la respuesta que recibas también será traducida del francés a tu idioma, con el texto original en francés justo en la línea siguiente. Así, de paso, puedes ir aprendiendo su idioma.

¿Tienes a tus contactos dispersos por todas tus cuentas? Envía un mismo mensaje a tus contactos de correo, de blog, de Twitter, etc. al mismo tiempo. Comenta y responde comentarios de tu blog desde este mismo lugar. Crea vínculos de páginas Y DE CORREOS ANTERIORES.

Esas son sólo unas cuantas cosas de las que Google Wave es capaz. Con suerte a finales de año ya podremos contar con él. Bienvenidas las vanguardias.

Esta vez sí podemos

El amor cuando quiere matarnos en vida, llega sin avisar. No pretendo definir el amor; no pretendo decir que sé cómo es, cómo se viste ni cómo se peina. Cuando me preguntan qué es, doy un honesto «no sé». Es que, en verdad, creo que no es posible describirlo; al menos, no con palabras. Quizá con ejemplos podría acercarme a conocerlo, pero serían unas cuantas pinceladas en ese lienzo infinito del que ya no quiero referirme, porque ¿para qué pintar algo que quiere matarnos en vida? No tendría sentido dar ejemplos. Tampoco sería suficiente representarlo mediante imágenes; de ser así, tendría que desarrollar todo un tratado semiótico, y mi biblia del entendimiento personal sobre lo semiótico todavía tiene muchas páginas en blanco.

Me presento aquí, entonces, completamente desvalido: sin definiciones, sin ejemplos, sin imágenes... pero sí con muchas, demasiadas, contradicciones; porque es lo más preciso para este tema tan contradictorio. Entonces, como primera contradicción (y es la única que voy a enumerar), quiero dar un ejemplo de lo que es el amor cuando quiere matarnos en vida.

Como siempre, llegó sin avisar. Si hubiese avisado, ahora contaría con una genial imagen para ilustrar un poco más esta historia; pero no avisó, por eso la imagen resultaría muy poco ilustrativa, muy poco clara, osea bastante oscura.

Llegó también en un muy mal momento para ambos implicados (esa es otra de sus características perversas y habituales), y aunque las complicaciones sean del todo diferentes, son complicaciones al fin y al cabo y hay que tenerlas en cuenta.

En este punto de la historia, el ejemplo ya perdió su razón de ser, así que ya no viene al caso mencionarlo. Sería absurdo seguir comentándolo: cuando el ejemplo pierde su razón de ser, se transforma en chisme.

En este punto de la historia, es preciso comenzar a contarla (contarla, la historia).

Es como (este también es un ejemplo y otra contradicción, pero ya no está enumerado [el ejemplo {ni la contradicción (no está enumerada)}]) si cayese un meteorito sobre el planeta de la relativa estabilidad emocional que tiene cada uno en el universo del alma humana. Todo, incluso el tiempo, se hace incongruente e impredecible. Uno comienza a vivir y a morir cada quince minutos: naces y mueres y vuelves a morir y luego naces tres veces y así hasta que dices: «Ya, que el tiempo lo diga todo» y luego te mueres. Después te mueres otra vez.

Llevo siete días tratando de encontrar una solución al problema que no he mencionado aquí (pese a ser lo más importante para un mejor entendimiento [por parte de ustedes —el detalle es que no quiero que tengan un mejor entendimiento de esto; con lo que les digo, basta—]) y puedo decir que ya he pensado en todo. He tratado de devolver el fruto prohibido al lugar en el que estaba, he tratado de borrar mis huellas, disimular la mordida que le di aquella noche, quitarme el sabor de la boca... pero todo ha sido en vano. No he podido hacer nada de eso; aunque, sinceramente, creo que no he querido. ¡Cómo querer quitarme ese sabor de la boca! ¡Habría que estar loco!

Pero la conciencia no ha dejado de torturarme. Es cierto que he estado buscando soluciones, pero cada una resultaba ser una nueva complicación, lo que implicaba otras mil muertes sucesivas.

Pensar, pensar, pensar.

«Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento, pues no tengo culpa», cuánta razón le he dado a esos versos y se la sigo dando, pero cuán poco me ayudan ahora. Sigo inventando soluciones y sigo creando conflictos externos e internos. «¿Cuántas veces debemos morir?, ¿cuántas veces más debemos resistir?». Pensar. Tiempo. Solución entonces conflicto entonces morir y esto ya parece un melodrama.

Mencioné que era un mal momento. Las complicaciones se volvieron a manifestar y esta vez con más fuerza y varias al mismo tiempo. El entorno ya era insoportable.

«Me voy de aquí».

Aislado, nublado, bastante perturbado y completamente desanimado, busqué una última solución al problema ese del océano en el vaso. Porque creo que en realidad sabemos que es un vaso, pero sólo lo sabemos cuando estamos afuera. Desde adentro, es un océano, y nada ni nadie podrá hacernos pensar otra cosa mientras estemos adentro.

Ahí entonces, sobre una banca vieja, me quedé buscando formas en la arena, tratando de relacionar el camino de las hormigas con lo que me pasa, buscando «la respuesta» en las cosas nimias. Estuve un tiempo, unas horas, unas cuantas vidas más; así, en el ático, en las sombras; así, hasta apagar el último cigarro y soltar mi última frase.

«No puedo».

Apenas dije lo que dije, el entorno adquirió un brillo propio. Ahora veía la respuesta en todas partes. Sí, «la» respuesta. Ahora los granos infinitos de arena y las filas interminables de hormigas me decían exactamente lo mismo. Lo que estuve viendo ahí eran mis pensamientos, regados por todos lados; mis pensamientos caminando uno tras otro, llevando cada uno un pedazo de coherencia, quién sabe para qué.

No dejó de sorprenderme lo que acababa de pasar. Tuve que darme por vencido, tuve que resignarme, tuve que dejar morir el orgullo, para que el universo y toda su grandeza puedan revelarme lo que estaba buscando.

La respuesta era, precisamente, que no hay respuesta. No hay forma en la arena: hay mil formas y a la vez ninguna. No hay final en la fila de hormigas: inicia en donde termina, inicia con cada hormiga.

Aunque esto parezca ilógico, es completamente coherente, ya que hablamos de contradicciones.

Cuando se trata del amor cuando quiere matarnos en vida, lo mejor es no pensar, porque mientras uno más piense, más se aleja de lo que busca. Las respuestas ansiadas, las honestas, las que andamos buscando, en realidad vienen solas, cuando realmente deban venir.

Y lo mejor de todo esto es que no hubiera llegado a esa conclusión (de que lo mejor es no pensar) si no hubiese pensado tanto en ello.

Diálogos - Parte I


«Ave María purísima / sin pecado, concebida»


- Es, por todo lo que te dije, que estoy algo preocupado últimamente.
- Creo que no es tan trágico como lo imaginas: artículos especializados y hasta estudios psicológicos han coincicido en decir que ese tipo de relaciones de las que hablas son las más comunes, pero no son las únicas.
- De hecho que son las más comunes: casi todas las parejas que conozco tienen síntomas de ser así.
- Las más comunes, pero no las únicas; y para tu suerte, el otro tipo de relación es justo así como tú me la describes, así que no te desanimes, ya llegará.
- Jajaja.
- ¿De qué te ries?
- «Ya llegará». Suena como si estuviese desesperado. No estoy desesperado, sólo algo preocupado.
- Sí, sí, entiendo. Tus experiencias no han sido tan...
- Exacto.
- Te lo vuelvo a decir entonces: ya llegará.
- Seguramente. Pero, ¿sabes qué es lo extraño? Me imagino con una relación así, como las del otro tipo, y creo que no me sentiría a gusto para nada.
- ¡Total! ¡Quién te entiende! ¿Por qué dices eso ahora?
- Una relación calculada sería demasiado fría, demasiado insoportable.
- Te estás contradiciendo. Dices que no te gustan las relaciones demasiado apasionadas, pero que tampoco te gustaría una relación calculada.
- Tú lo has dicho. El problema está en el «demasiado». No me gustan los extremos.
- Lo que yo creo es que tú quieres ser apasionado y ser frío cuando te da la gana. Podría decir que tienes lo que todos: demasiado egoísmo como para ser tolerante en una relación.
- «A veces, mi tan rezada tolerancia se me desvanece».
- ¿Quién fue?
- Aún nadie.
- Tolerancia. Me gusta esa palabra.
- Lo que dices es cierto, en parte. Es difícil ser tolerante, sobretodo cuando pones mucho en juego.
- O cuando involucras sentimientos.
- Porque tus sentimientos son los que están en juego. De ahí se deduce que...
- Si no involucras muchos sentimientos, ¿te resulta más fácil ser tolerante?
- Por eso me gusta hablar contigo.
- Ya me lo imaginaba: lo que tú quieres es tener el control.
- La mayoría del tiempo promedio, sí. Como te dije, no me gustan los extremos: sería igual de aburrido tener el control todo el tiempo. Quiero calor cuando deba haberlo y frío cuando sea necesario. Un equilibrio. Eso sería lo ideal. Lo «ideal».
- «El equilibrio es imposible».
- Jajaja. Es cierto. Muy cierto. ¿Sabes si tienen algún nuevo disco?
- Ni idea. Nunca me tomé la molestia de averiguar siquiera sus nombres.
- Vaya.
- Bueno, creo que querer tener el control también es normal, aunque lamentablemente en muchos casos es inconsciente.
- Es inconsciente en los niños. Sentimentalmente niños.
- Jajaja. «Niños, sentimentalmente niños», «Morir, socialmente morir», me gusta el énfasis que le da ese orden a las palabras.
- Y ahora que estamos hablando de eso, «¿¿-Tú-aún-crees-que-tienes-el-control-??».
- Jajajajaja. ¡Qué pendejo que eres! ¡No me digas que te estabas refiriendo a eso?
- Claro. Tanto esfuerzo no es en vano. Siempre uno trata de mandar un mensaje extra.
- Osea que te dedicas a publicar tu vida en volantitos de colores.
- Jajaja, si lo quieres ver de ese modo...
- ¿Y cuál fue tu confesión la vez anterior?, ¿que estabas caliente?
- Jajaja. No. Fue un llamado a la revolución.
- ¿A todo el Perú?
- No, a Letras. Los primeros decían «Letras».
- Claro. Era época de toma.
- Como siempre.
- Pero creo que nadie entendió tu llamado.
- Es cierto. Justo de eso se trata. Mi llamado no fue explícito, pero eso no quiere decir que no lo haya hecho. Los que quisieron verlo así, lo vieron.
- Entonces no fue efectivo. Tenías un fin y nadie se percató de ello.
- El fin era generar preguntas, causar interés, llamar la atención, pero para lo otro, para el evento. Lo de la revolución era como una ventana en la esquina de un cuadro.
- Una ventana en la esquina de un cuadro... ¡Muy al estilo de Castel!
- Exacto. Toda su obra era agradable para los ojos de las masas y nadie se percataba del mensaje de fondo. Esa también era la intención de Castel: estaba comunicando algo con excesivo ruido puesto adrede.
- Hasta que llegó Mayra Iribarne y captó su mensaje.
- María. Sí, y Castel se obsesionó.
- ¿Y ya llegó tu María Iribarne?
- Mayra. Sí.
- ¡Total! ¿Es María o Mayra?
- Es igual; igual Castel se obsesionó.
- ¿Y tú te obsesionaste?
- Castel.

Hay una luz que nunca se apagará




Es así, entre combis y castillos, dragones y tintas de colores, al segundo día y luego de varios años, que durante la noche y con un café, la luna se hizo pasar por sol y decidió iluminarlo todo.


Cartografía

Creí que ya todo estaba plasmado en los mapas, hasta las más pequeñas islas.

Ya he estado por aquí antes, no entiendo qué pudo haber pasado.

Las aguas están muy, muy agitadas.

Las hormonas.

Sin embargo, no logro divisar tierra. Eso me asusta.

¿Debo lanzarme?

Es como un imán: No hay nada, realmente no hay nada ante mis sentidos, pero puedo sentir el campo. Soy consciente de la confusión de lo sensorial: hasta siento que puedo oler lo que hay aquí.

Pero, ¿qué hay aquí?

Isla solitaria, has salido de la nada, me has recibido, he paseado contigo toda la tarde, no sabes mi nombre ni yo formalmente el tuyo, ni sé cómo llamarte ni cómo mirarte. ¿Qué es eso que tienes, que hace que despierte todo eso que tuve tanto tiempo dormido?

Ya era hora que la paz me abandone.

Pero la idea me nubla. Es una de mis voces y la reconozco bien. Es la más primitiva.

No pienso. Simplemente no pienso.

¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué diablos lo sigo haciendo?

Quiero disfrutarlo. Satisfacer mi lado animal.

Y luego

Lentes amarillos


"Lentes amarillos" - M. A. Vidal (Voz Propia)

Te voy a cantar que mi cielo es siempre gris
y no hay solución ya que lo intenté pintar.

Yo vivía así, esperando siempre el sol
y traté de oir la mejor canción de amor,
pero ya encontré mejor solución.

Siempre uso lentes amarillos para estar siempre feliz.

Siempre feliz.


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Año nuevo, cristales nuevos. Resultó que los colores le dan cierta vida a las cosas; aunque sean colores cálidos y me transmitan alegría, o quizás colores fríos que me contagien su tristeza: Alegres o tristes, están vivos.

Finalmente, comenzamos


Hubo algo antes, pero ya se borró, o al menos se perdió en mi mala memoria. Si me queda algo, es sólo algunos detalles del 2007: Una etapa de escritos incipientes y, como casi siempre pasa en estas etapas, el tema gira en torno a las relaciones de pareja (reales o ficticias), a los sentimientos y emociones. Uno suele caer fácilmente en la estupidez, y estoy seguro de que aquí se encontrarán muchas notas estúpidas.

Entonces, la primera parte de Cristales y Espejos es un vistazo al pasado, que en alguna manera dejará un cierto referente o "vista previa", una especie de evolución, si es que la hubo, o si es que la habrá.