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Tres en raya


1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3.

Todos estamos aquí, de alguna forma, buscando atención,
¿Qué se supone que debo hacer ahora con todo esto?
Vuelvo a ver escritos tu nombre y el mío, uno al lado del otro.

o quizá deba preguntarlo... ¿estamos buscando atención?
Definitivamente, no me lo esperaba:
Noche extraña. Hace tanto que no pasaba...

Tiene sentido: queremos ser los protagonistas de nuestras propias vidas
la vida juega de formas tan misteriosas y despiadadas a veces...
pero el tiempo hizo que ahora sea distinto:

Qué hacer cuando tu vida la viven otros...
¿Qué nos queda cuando nos pasa por encima?
el frío se siente hasta los huesos pero ya no duele.

Debería escribirlo, o abandonar esto y actuar, o quizá no, quién sabe.
Era del todo necesario escribir esto
Es tan innecesario, tan fuera de lugar escribir esto...


O.O [ojotes]

Ojotes, a varios metros de distancia pero siempre ojotes, que después de mucho tiempo se aparecen detrás del muro y al final de la bajada, bajada que en aquellos tiempos siempre era subida.

Ojotes, a varios metros de distancia, como volver a zambullirse en ese mar enorme y profundo, siempre profundo, y perderse navegando, algo dopado, con brisa marina, con sol que abriga y no quema, con olas que aletargan el compás de los latidos y los hacen cada vez más calmos, cada vez más quietos, pero siempre latidos.

Ojotes, con el rostro hacia el sol y perdido en tus ojotes, en el mar, feliz por ver tus ojotes.

Ojotes que hacen que los días y las noches sean inmortales.

Ojotes por los que el cielo estuvo sonriente esta noche.

Lista de cosas por (ya no) hacer

Resulta que hoy tengo infinidad de cosas que no puedo concretar
y no entiendo el porqué, o será que no quiero entenderlo.

Resulta que hay una película que aún no puedo ir a ver
por más que muera por verla y ahora no sé si llegue a hacerlo.

Resulta que tengo un par de cigarrillos que no me puedo fumar
esos que sobraron de aquella vez que morimos en medio de las balas.

Resulta que hay un bolero falaz que siempre debo omitir
y debo hacerlo por voluntad y decisión, por voluntad y decisión.

Resulta que ahora debemos negarnos el placer de sentir
porque lo peor que hicimos fue querernos, querernos tanto.

Resulta que el llamado de pies en blanco y negro
debo guardármelo para alguna subasta de garaje.

Resulta que ver a Sabina, quizá en primera fila, pierde todo su sentido
sin la voz dulce y tímida que me susurre sus versos al oído.

Resulta que los viajes improvisados y descabellados ya no resultan atractivos
porque el viajar implica volar, sentir, soñar, y por añadidura, también viajar.

Resulta que el pececito no quiere dejarse cuidar
y poco a poco el gato se olvidará de ronronear.

Resulta que de todas esas cosas, no quiero concretar ya ninguna
y no entiendo el porqué, o será que no quiero entenderlo.

How I wish, how I wish you were here!






Wish you were here - Pink Floyd


So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?


And did they get you to trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?


How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year,
Running over the same old ground.
What have you found? The same old fears.
Wish you were here.


20: El día más corto de toda la vida


Llegada la hora ya no había nada más que decir, y es que todo ya había sido dicho días antes, durante esas breves vacaciones que nos dimos al escaparnos del mundo por momentos.

Al final, en la «sala del llanto», en medio de la sinceridad de los abrazos eternos, las lágrimas agonizantes, las palabras de ánimo, las infinitas buenas vibras, en medio de todo eso, quise darte lo que te había prometido, y creo que era lo que más necesitabas en ese momento: una sonrisa.

Porque en verdad no hay motivos para no sonreir, si no he dejado de hacerlo desde ese 3 de octubre que tomé tu mano por primera vez, y porque desde entonces y en todo este tiempo comprendí contigo un nuevo significado de la palabra libertad. Hoy eres libre, tal y como lo soy yo desde que estoy contigo. Es en esa libertad que te marchas y a la vez te quedas, así como yo me voy contigo y me quedo a esperar por ti.

Hoy, a las 00:00 horas, el día comenzó cuando te tenía entre mis brazos. Luego, poco a poco tus pasos hacia atrás y la señal que te hice y que fue correspondida me confirmaron lo que me decían tus ojos húmedos y eternos: ahora sé que tus latidos están al compás de los míos. Hoy, a las 00:01 horas, fue la última vez que vi tu sonrisa infinita. Así comenzó mi día y así terminó luego de un minuto.

 El día más corto de toda la vida es el más largo de toda mi vida, y así, en medio de esos juegos del tiempo te recordaré hoy y te recordaré también al amanecer, 3 veces, 15 veces, 101 veces: libre, sonriente y eterna. Así estaré entonces a la espera de tu retorno, aunque en realidad nunca hayas partido.


Allá en el borde del mar, la vida.

Una sucesión de eventos jamás planeados nos conducen a situaciones imaginarias que, al pasar a concretarse, causan cierta satisfacción indescriptible. El azar se hace presente al decidir por aquellos que a manera de solidaridad con el hermano caído cambiaron de parecer y aceptaron mudar su lugar de sueño. Diversos avisos de visitantes nocturnos se evaporaron luego de que sorpresivamente anunciasen su partida después de la victoria. Amigos conocidos y conocidos amigos que uno a uno y por acción de sus propios deseos se fueron acomodando en cada una de las cuatro esquinas del rectángulo que nos albergaba.

Cortinas improvisadas, silencios con miles de significados, y en el fondo de todo, miradas: miradas provenientes del mismo espacio, del mismo universo infinito en donde suelen perderse los soñadores; miles de miradas todas originadas en un mismo lugar y todas tan diversas: miradas cargadas de gritos silenciados, de sonrisas amorosas confundidas con deseos calurosos; miradas cargadas de palabras cálidas, cargadas de besos inmortales, de labios seductores, de caricias eternas, tan eternas como el contar impaciente de tus dedos en el pie derecho poco antes de dormir, tan eternas como la noche misma que se ofreció ante nosotros para convertirnos en uno solo, tal y como alguna vez lo habíamos imaginado sin pensarlo, sin buscarlo, sin decirlo con palabras: la mirada y la sonrisa se hicieron cómplices, la sonrisa y la palabra se hicieron ya hace tiempo la misma cosa, la caricia y el deseo trascendieron al espacio en el que fuimos y la mirada, la mirada se mantuvo presente, como la esperanza que prevalece en el tiempo, hasta siempre, hasta que el azar nos permita de nuevo ser el mismo ser, y seguir siendo lo mismo y a la vez más que lo mismo, hasta siempre, hasta siempre y para siempre en la mirada que prevalece en la mirada.

Fue así que, en medio de la vigilia, esa misma vigilia tan imaginada pero tan insospechada, la noche, la noche en la que el mar susurraba sus cánticos a los viajeros, la noche en la que los cielos se mostraban salpicados de emociones, pequeñas y distantes pero cada una con brillo propio, la noche en la que lejos de casa me descubrí a mí mismo fuera de mí y me vi en la intimidad del reflejo de tus ojos en la penumbra; la noche en que pudimos vernos desde lejos y en medio de un abrazo al mismo tiempo; esa noche allá en el borde del mar es la noche en la que me enamoré de esa tan genial obra de arte que se hace llamar vida.

Stellar






Stellar - Incubus

You are stellar

Meet me in outer space
We could spend the night
Watch the earth come up
I've grown tired of that place
Won't you come with me?
We could start again

How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
It's better than I ever knew, ho

Meet me in outer space
I will hold you close
If you're afraid of heights
I need you to see this place
It might be the only way
That I can show you how
It feels to be inside of you

How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
It's better than I ever knew, yea
How do you do it?
You make me feel like I do
You do

Ohh
You are stellar
You are stellar

How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
Its better than I ever knew, no
How do you do it?
You make me feel like I do
How do you do it?
You make me feel like I do


Déjà Vu

Como el viento helado que conoce a la estrella noche tras noche; así, noche tras noche viajo por el cielo entero hasta encontrarte, encontrarte y envolver tu luz y brillar por ti hasta el amanecer, para viajar de nuevo por el cielo entero y aguardar la noche y buscarte y encontrarte otra vez, noche tras noche.

A la diestra de Dios Padre

He vuelto a ir navegando hasta el fin del mundo, hoy, en un barco de papel ofrecido de tus manos suaves muy suaves manos.

Quizá las montañas dibujadas en el horizonte, el pequeño capitán de la capucha amarilla y los recuerdos evocados a la espera de la diestra fueron necesarios para dejar que eso que se siente se haga sentir; y es que al decir no sé si es el mejor lugar se convirtió el lugar en el mejor, porque el hecho de saber aquello que no se entiende nos permitió dejar de soñar para comenzar a soñar.

Sábado, comprobé que el fin del mundo y la perfección sí tienen una relación.

Domingo, terminaré de asimilarlo.

Lunes, coincide mañana y tarde para hacernos coincidir.

Martes, más allá del fin del mundo, en la isla desconocida, en la ciudad que besa el cielo, y con éste de testigo; ahí y únicamente ahí, en medio de los astros, entenderé que los sueños pueden hacerse realidad sin dejar de ser perfectos. La realidad será el lugar y la perfección será tu presencia, tu presencia conmigo.

Aaaaaaméeeeeeeen.


Algo...

La verdad es que no sé por qué fui hasta el fin del mundo para verte.

La verdad es que ciertos eventos dejan de ser imaginados y llegan a concretarse, pero siguen siendo perfectos.

Quizá el fin del mundo y la perfección tengan alguna relación.

Quizá.

Isabelle y Sebastian

Aquella tarde, Sebastian comenzó a pensar que Isabelle ya lo sabía.

Él la había estado esperando. Ella tenía que pasar por ahí, y efectivamente, pasó. Se acercó a él y luego de un cruce de preguntas y respuestas cotidianas, ella lanzó un muy curioso: «¿pero por qué estás justo aquí?»; la excusa de Sebastian fue decir que adentro había demasiada gente. Al oír esto, Isabelle fue de inmediato a comprobarlo: se asomó por la ventana y luego volvió y dijo: «sí, hay gente, pero no tanto, en fin...».

Hablaban sobre música. Sebastian había recordado que alguna vez ella le habló de una muy buena canción. Isabelle lo recordó también, y de inmediato lanzó un muy curioso: «¿cómo es que te acuerdas?»; Sebastian respondió con una cita de ella misma: «como tú dices, si lo recuerdo, es porque es importante». Ella sonrió.

Teniendo como base estas preguntas curiosas, Sebastian cree que Isabelle ya se dio cuenta de todo.

Que alguien, por favor, le diga a Sebastian por este medio, si es que creen que Isabelle podría saberlo todo, teniendo como base esas preguntas curiosas.

Que alguien, por favor, ayude a Sebastian.

another verso en la pared

/WWWWWWWWWWWWWWW\
ADoro LA DeLICADA
mAneerA en LA qUe
sUeLes posAAr tUs
/_______________\
LAbIos tAn CeerCA
De Los mIIos CADA
vez qUe tenngo LA
/---------------\
sUerte De ennCon-
trArtee por AqUe-
LLos CorrreDoores
/(CoorreeDorres)\
qUIero pensAr qUe
CADDA vezz qUe LA
fortUnA nos reUnA
/CCCCCCCCCCCCCCC\
poDre mengUAr UUn
poCo mAs LA sUtIL
D_ Is tAA/ n- CIA
/¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨\
y qUIzA AsI Logre
besAr ALgUUnA vez
Denntro DDe poCCo
/+++++++++++_+++\
eL LIgero rrAstro
qUe mme DeejA ttU
genIALL ssonrrIsA
/'/'/'/'|'\'\'\'\

Infsamnia 3

A veces mi tan rezada tolerancia se me desvanece.
Será que a veces uno debe expulsar todo eso que lleva guardado, para evitar sobrecargas.
Dejé pasar demasiado tiempo. La sobrecarga era inminente. La descarga generó un arco de alto voltaje que incineró todo lo que encontró a su paso, sobretodo al final.

Desde que llegaste has puesto la mirada sobre ella. Me sorprendió que pidas que esta vez no apague la luz. Luego pude entender que querías verla mientras arañabas mi espalda. Creí que no dirías nada, pero al final, luego de recuperar el aliento, por fin te animaste a mencionarlo: «Se ve demasiado real, es perfecta». Logré hacerte creer que tuve una vida pasada como escultor y que aquella pieza era la única que conservaba de esa vida. «Se llama La divina del silencio», te dije. Me creíste. Traté de imaginar lo que estaría pasando por su cabeza en esos momentos: ¿habrá notado que la observabas todo el tiempo? ¿Y si se le ocurría volver a hablar? Morirías de un infarto. Pensé en tu muerte y llegué a la conclusión de que por primera vez en mucho tiempo no quiero que eso suceda. Será que tu parquedad me hace muy feliz. También será por tu desinterés. También por tu piel canela. «Chica canela, canela; chica canela, delgada».

Son las diez de la mañana. Te levantas y vas por un café bien cargado y un cigarrillo. Eliges al azar uno de tus discos rotulados como «cortavenas» y activas el modo aleatorio después de colocarlo. Inicias tu día de acuerdo a la primera canción que te haga suspirar. «Living is easy with eyes closed, misunderstanding all you see; it's getting hard to be someone but it all works out, it doesn't matter much to me». Quizá sea mejor que nunca sepa tu nombre. Quizá sea mejor que jamás te deje ir de mi lado. En verdad no podría saber cómo salir de ese dilema así que decido no hacer nada. Terminas de soñar con los campos eternos de frambuesa y me dejas uno de esos besos dulces e infinitos luego de un «hasta pronto». Veo desde mi ventana cómo te alejas, cómo te vas desvaneciendo a cada paso, entre la niebla matutina, y así como tú y tu silueta, también se va desvaneciendo mi cariño hacia ti, que cuando estabas a mi lado te amaba tanto, que cuando te despediste te quise retener, que cuando cruzaste la puerta ya te extrañaba, que cuando bajaste el único escalón apenas podía recordar tu rostro, que cuando caminaste por el jardín sólo me quedaba un recuerdo de tu aroma, que ahora que volteaste a la esquina he vuelto a olvidarme de ti.

Te convertiste en lo que siempre serás desde ahora que ya no te recuerdo porque cada vez que vuelvas a mí lo harás como una silueta o como una sombra entre la niebla. Yo voy viviendo varias vidas medio desvanecido entre los mismos corredores añejos, igual de volátil ante el aire, ante el sol y ante la luna. Nuestros encuentros serán siempre clandestinos y todos tan caóticos como nuestra misma naturaleza. Somos niebla y sombra entremezclándose, nos volvemos un ente inexplicable que cada vez que nos dejamos abrazar por la noche nos dispersamos por todo el universo, podemos estar en cada rincón de él y en ninguno a la vez. Ya no estamos, ya no somos, existimos de alguna extraña manera pero sin identidad, y después de dejar nuestro rastro en cada una de las esferas celestes, nos contraemos, absorbemos todo de vuelta, como un agujero negro, y condensamos toda la energía disipada en dos intentos de existencia paralela que se dicen «hasta pronto» y se olvidan hasta la próxima luna llena.

Entradas relacionadas: Infsamnia 1, Infsamnia 2


Desafiando al rito

Porque es una de mis favoritas de Soda, porque los dos acordes de teclado que le siguen al silencio antes de las estrofas me parecen desgarradoramente profundos y emotivos, como que descuadran de la melodía habitual, pero no generan pérdida de armonía, y además, porque también creo que nada es casualidad: las casualidades están perfectamente planeadas por el azar.




«El Rito» - Soda Stereo

Soy un profanador
estoy desafiando al tiempo
ya ves, mi transgresión
es procurar tenerte

El cielo entiende de mi obsesión
está llegando a un límite
el desierto, al menos hoy
no parece, no parece tan...

Sueles encontrarme en cualquier lugar
y ya lo sabes, nada es casualidad
tu misteriosa forma me lastimará
pero a cada segundo estaré más cerca

Paralizándome
jamás podré esperarte
y no tengo porque esperar
en un altar de sacrificios

Sólo meterme en tu ritual
y descifrar tu enigma
tal vez no hablar de más
el silencio no es tiempo perdido

Desafiando al rito
destruyendo mitos

Moebius


...siento que pienso que siento que pienso que...


Hay días en los que estoy del todo ocupado. Actualmente, mi principal actividad es la de estudiante universitario. Delimitando mi existencia de ese modo, mis días ocupados son esos en los que tengo clases casi todo el día. Apenas hay tiempo para dar los últimos toques a un par de trabajos, comer algo, ir al baño y viajar en micro, nada más.

Hay días en los que tengo un poco de tiempo libre para vivir. Entonces puedo pensar. Trato de pensar siempre. Si no lo hago, siento que dejo de existir. Será que Descartes me tatuó su frase célebre en el cerebro para no dejarla de lado jamás.

Me gusta pensar, pero no siempre pienso sobre lo mismo.

Hay días en los que pienso sobre soñar y me gusta soñar.

Hay días en los que quiero cambiar el mundo y matar al monstruo.

Hay días en los que no quiero cambiar nada ni matar a nadie.

Hay días en los que pienso sobre mi futuro, siempre tan incierto. Estos días son muy escasos porque ya me he estado dando cuenta que nunca llego a nada.

Hay días en los que pienso sobre mi pasado, siempre tan nostálgico. Estos días aún abundan y los detesto porque siento que son ataduras.

Hay días en los que pienso en mis instintos. Pienso que el hombre de hoy sigue siendo un animal, entonces me comporto como tal y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en los ángeles. Siento que el amor está en el aire. Siento que los colores son más vivos. Pienso que me engaño a voluntad propia y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en morir. A veces me gusta estar triste, entonces escucho música melancólica y trato de sentir cosas que no he sentido antes. A veces aparecen revelaciones misteriosas y entonces comprendo la vida un poquito mejor. Por otro lado, a veces estoy triste sin quererlo (detesto esos días). Entonces, escucho metal o veo alguna comedia y todo se arregla.

Hay días en los que pienso en metafísica. Estos días no son tan escasos pero trato de que así sean, porque siento que tampoco llego a nada.

Hay días en los que pienso en mi presente. Veo mis manos, me veo al espejo, siento que me conozco y ya no me conozco luego de dos segundos, porque cada vez soy distinto. Siento que soy un camaleón, pienso que no hay días sino épocas, y que soy diferente en cada época. Siento que he vivido varias vidas y que muero cada vez que me canso de vivir una de ellas. Siento que necesito nacer cada cierto tiempo para volver a descubrir el mundo o quizá reinventarlo una y otra vez. En todo este proceso siento que los lugares conocidos se me hacen extraños, siento que camino por un lugar en el que ya he estado antes pero no logro reconocerlo, siento que mis amigos ya no son mis amigos y siento que a mis nuevos amigos ya los he conocido antes en alguna otra vida, siento que conozco a todos ellos y que igualmente no los conozco y que luego de esta época no los volveré a ver bajo ese cuerpo, pero nos volveremos a encontrar sin reconocernos y nos volveremos a conocer, así como siento que he vuelto a conocer a Diana, aquella a quien tanto quise alguna vez, y siento que ella también me ha reconocido quizá inconscientemente, y ahora que ha vuelto a quererme le cuesta tanto aceptarlo porque ahora tiene una vida propia, pero yo también tengo una nueva vida propia en esta época y también me cuesta aceptar que me he vuelto a enamorar de la misma persona en un cuerpo distinto, siento que debo morir otra vez y volverla a conocer sin que ella lo sepa, sin que yo lo sepa; quizá ahí, al tercer intento, podamos vivir juntos y ya no habrá ni un viaje que nos separe, ni un antiguo amor que nos distancie. Pienso en todo esto y siento que luego de dos segundos ya no me importa, porque Diana ya se esfumó, porque ya se posó sobre algún otro ángel y entonces siento que quiero a ese nuevo ángel. Mientras pienso en mi presente, todo él se convierte en pasado y entonces se vuelve todo tan nostálgico, más que el pasado anterior, porque este nuevo pasado se me ha esfumado sin siquiera poder vivirlo, entonces se me hace cada vez más odioso y lo detesto más porque sigo pensando que es una atadura. Entonces pienso que debo de liberarme de las ataduras y debo comenzar a caminar otra vez, por enésima vez, porque no quiero llegar tarde. Entonces pienso que mejor ya no voy a pensar y quizá Descartes aparezca frente a mí en un nuevo cuerpo y me diga que si ya no pienso luego ya no existo y entonces dejaré de existir para que todo lo que ya he creado, todo lo que ya he vivido, todo lo que ya he escrito aquí, deje de existir también, o quizá muera conmigo. Entonces y sólo entonces, podré existir otra vez.

Esta vez sí podemos

El amor cuando quiere matarnos en vida, llega sin avisar. No pretendo definir el amor; no pretendo decir que sé cómo es, cómo se viste ni cómo se peina. Cuando me preguntan qué es, doy un honesto «no sé». Es que, en verdad, creo que no es posible describirlo; al menos, no con palabras. Quizá con ejemplos podría acercarme a conocerlo, pero serían unas cuantas pinceladas en ese lienzo infinito del que ya no quiero referirme, porque ¿para qué pintar algo que quiere matarnos en vida? No tendría sentido dar ejemplos. Tampoco sería suficiente representarlo mediante imágenes; de ser así, tendría que desarrollar todo un tratado semiótico, y mi biblia del entendimiento personal sobre lo semiótico todavía tiene muchas páginas en blanco.

Me presento aquí, entonces, completamente desvalido: sin definiciones, sin ejemplos, sin imágenes... pero sí con muchas, demasiadas, contradicciones; porque es lo más preciso para este tema tan contradictorio. Entonces, como primera contradicción (y es la única que voy a enumerar), quiero dar un ejemplo de lo que es el amor cuando quiere matarnos en vida.

Como siempre, llegó sin avisar. Si hubiese avisado, ahora contaría con una genial imagen para ilustrar un poco más esta historia; pero no avisó, por eso la imagen resultaría muy poco ilustrativa, muy poco clara, osea bastante oscura.

Llegó también en un muy mal momento para ambos implicados (esa es otra de sus características perversas y habituales), y aunque las complicaciones sean del todo diferentes, son complicaciones al fin y al cabo y hay que tenerlas en cuenta.

En este punto de la historia, el ejemplo ya perdió su razón de ser, así que ya no viene al caso mencionarlo. Sería absurdo seguir comentándolo: cuando el ejemplo pierde su razón de ser, se transforma en chisme.

En este punto de la historia, es preciso comenzar a contarla (contarla, la historia).

Es como (este también es un ejemplo y otra contradicción, pero ya no está enumerado [el ejemplo {ni la contradicción (no está enumerada)}]) si cayese un meteorito sobre el planeta de la relativa estabilidad emocional que tiene cada uno en el universo del alma humana. Todo, incluso el tiempo, se hace incongruente e impredecible. Uno comienza a vivir y a morir cada quince minutos: naces y mueres y vuelves a morir y luego naces tres veces y así hasta que dices: «Ya, que el tiempo lo diga todo» y luego te mueres. Después te mueres otra vez.

Llevo siete días tratando de encontrar una solución al problema que no he mencionado aquí (pese a ser lo más importante para un mejor entendimiento [por parte de ustedes —el detalle es que no quiero que tengan un mejor entendimiento de esto; con lo que les digo, basta—]) y puedo decir que ya he pensado en todo. He tratado de devolver el fruto prohibido al lugar en el que estaba, he tratado de borrar mis huellas, disimular la mordida que le di aquella noche, quitarme el sabor de la boca... pero todo ha sido en vano. No he podido hacer nada de eso; aunque, sinceramente, creo que no he querido. ¡Cómo querer quitarme ese sabor de la boca! ¡Habría que estar loco!

Pero la conciencia no ha dejado de torturarme. Es cierto que he estado buscando soluciones, pero cada una resultaba ser una nueva complicación, lo que implicaba otras mil muertes sucesivas.

Pensar, pensar, pensar.

«Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento, pues no tengo culpa», cuánta razón le he dado a esos versos y se la sigo dando, pero cuán poco me ayudan ahora. Sigo inventando soluciones y sigo creando conflictos externos e internos. «¿Cuántas veces debemos morir?, ¿cuántas veces más debemos resistir?». Pensar. Tiempo. Solución entonces conflicto entonces morir y esto ya parece un melodrama.

Mencioné que era un mal momento. Las complicaciones se volvieron a manifestar y esta vez con más fuerza y varias al mismo tiempo. El entorno ya era insoportable.

«Me voy de aquí».

Aislado, nublado, bastante perturbado y completamente desanimado, busqué una última solución al problema ese del océano en el vaso. Porque creo que en realidad sabemos que es un vaso, pero sólo lo sabemos cuando estamos afuera. Desde adentro, es un océano, y nada ni nadie podrá hacernos pensar otra cosa mientras estemos adentro.

Ahí entonces, sobre una banca vieja, me quedé buscando formas en la arena, tratando de relacionar el camino de las hormigas con lo que me pasa, buscando «la respuesta» en las cosas nimias. Estuve un tiempo, unas horas, unas cuantas vidas más; así, en el ático, en las sombras; así, hasta apagar el último cigarro y soltar mi última frase.

«No puedo».

Apenas dije lo que dije, el entorno adquirió un brillo propio. Ahora veía la respuesta en todas partes. Sí, «la» respuesta. Ahora los granos infinitos de arena y las filas interminables de hormigas me decían exactamente lo mismo. Lo que estuve viendo ahí eran mis pensamientos, regados por todos lados; mis pensamientos caminando uno tras otro, llevando cada uno un pedazo de coherencia, quién sabe para qué.

No dejó de sorprenderme lo que acababa de pasar. Tuve que darme por vencido, tuve que resignarme, tuve que dejar morir el orgullo, para que el universo y toda su grandeza puedan revelarme lo que estaba buscando.

La respuesta era, precisamente, que no hay respuesta. No hay forma en la arena: hay mil formas y a la vez ninguna. No hay final en la fila de hormigas: inicia en donde termina, inicia con cada hormiga.

Aunque esto parezca ilógico, es completamente coherente, ya que hablamos de contradicciones.

Cuando se trata del amor cuando quiere matarnos en vida, lo mejor es no pensar, porque mientras uno más piense, más se aleja de lo que busca. Las respuestas ansiadas, las honestas, las que andamos buscando, en realidad vienen solas, cuando realmente deban venir.

Y lo mejor de todo esto es que no hubiera llegado a esa conclusión (de que lo mejor es no pensar) si no hubiese pensado tanto en ello.

Infsamnia 2

A veces mi tan rezada tolerancia se me desvanece.
Será que a veces uno debe expulsar todo eso que lleva guardado, para evitar sobrecargas.

Vamos bajando y su presencia se va opacando por tus ojos y tus ocelos. Tu brillo inmenso al sonreirme hace que su voz se desvanezca por completo; y ella, al vernos en beso, estira la boca una vez más e inicia su vuelo de mosca; y luego de un par de vueltas se muerde la lengua y se convierte en rata: huye como siempre hacia su alcantarilla y en segundos desaparece y yo ni cuenta; yo ni cuenta, porque estoy absorto, porque escucho tu voz y luego veo tus labios carnosos y orientales y entonces siento que floto; pero necesito concentrarme en ello únicamente, pues las cosas que dices son todas tan estúpidas... Evoco en mi mente una perilla y te bajo el volumen, poco a poco, despacito, hasta apagarlo todo; luego busco, en mi mente también, en el ático, la banda sonora de esta escena fantástica y consigo Viento: «Préstame tu peine y péiname el alma, desenrédame fuera de este mundo, dime que no estoy soñándote, enséñame de qué estamos hechos»; te veo y veo el brillo de tu nariz y canto para mis adentros y susurro de a pocos y pido que se detenga el tiempo y que nos lleve el viento sólo a los dos y que pueda tocar tu cuello otra vez con la excusa de tocar tus plumas y que vuelvas a soltar esa risa nerviosa y eterna, que ocurra todo eso una y mil veces pero no hables, por favor no hables o no te des cuenta que tengo tu volumen en cero y sigue moviendo los labios y regálame tu boca y tus ojos para siempre, tu boca y tus ojos para siempre, para siempre. «Para siempre, para siempre...» y yo sigo flotando. Luego de unas cuadras, un golpe me hace despertar y vuelvo a escuchar tu voz y el zumbido de las moscas, vuelvo a entender lo que dices y el brillo de tus ojos enormes se va opacando con cada palabra y tus sonrisas y tus cabellos van cambiando a escala de grises uno por uno, uno por uno, uno por uno hasta que te conviertes en piedra y siento que sigo escuchando tus estupideces y entonces me siento feliz de que estés muerta y que tu belleza se conserve en la roca: así de fría, así de gris, así de eterna, así sin decir nada. Entonces te puedo decir que me gusta cuando callas porque estás como muerta y tu voz no me jode y entonces siento que te quiero.

Infsamnia 1

A veces mi tan rezada tolerancia se me desvanece.

Buen humor. Sonriente. «Acércate», te digo con mi actitud. Hace tiempo que no hablábamos. Me siento muy a gusto preguntándote sobre cosas cotidianas y triviales. Me siento muy a gusto contándote sobre mis días de no hacer nada. Me alegra verte otra vez y todo va bien. Entonces veo tus gestos. Tus putos gestos. Sobretodo esa manía tuya de estirar la boca luego de decir algo, como disculpándote por lo dicho. Estiras la boca una y otra vez. Estiras la boca y me invade la morbosa idea de clavarte un lápiz en la cara. Pero te sonrío. Me hablas y recuerdo ahora tus ojos nerviosos y esquivos, tu mirada brillante y vacía, oculta en la nada; me hablas y el miedo se te va desparramando por las pupilas. Juego con mi lápiz en la mano y ahora le sonrío a mi idea macabra. Ya no te escucho y tú ni cuenta. Y resulta que despierto y noto que estamos solos, que todos ya se han ido; y a la vez noto que mi lápiz está muy bien tajado y vuelvo a disfrutar de mi idea. La disfruto hasta que tu lengua se hace presente: me recuerda que le debo un duelo a muerte, como el de cuando nos conocimos. Pero no. No era un buen lugar para matarte. Sigues jugeteando con la lengua, va bailando sobre tus surcos y sigue reclamando a la mía sobre ella y tú ni cuenta. Sigues hablando y tus hormonas se siguen desparramando por tu lengua, como tu miedo lo hace por tus pupilas. Entonces recuerdo tu doble moral y reafirmo mi promesa pasada: no te quiero con las venas cortadas en la puerta de mi casa otra vez. Guardo mi lápiz empapado. Guardo mis deseos empapados. «¿Nos vamos?».

Diálogos - Parte II


«Y el mayor bien es pequeño»



- Por cierto, ahí está.
- ¿De dónde salió? ¿Y cómo hizo para entrar?
- No sé, y eso que ni siquiera la conozco. Sólo de vista.
- Debió haber venido con alguien, tendrán algún amigo en común, quizás.
- Sí, dos amigas. Me sorprende que esté aquí. Me sorprende, me alegra y me asusta.
- ¿Por qué te asusta?
- Si está aquí es porque yo la he traído, y si yo la he traído es porque estoy involucrando mucho.
- ¿Tú la has traído? Pero, ¿no que no la conoces?
- Sólo de vista pero igual la traje, por eso me asusta. Ni la conozco y ya estoy involucrando mucho. No quiero obsesionarme.
- ¡Entonces sí es tu María Iribarne! Jajaja.
- Espero no terminar igual que Castel.
- No, no creo. Castel era un caso extremo; así fue desde el inicio.
- Desde la primera frase que le dijo, cuando logró encontrarla.
- Claro. Esas cosas sólo pasan en las novelas.
- ¿Escritas y televisadas?
- Jajaja. Sí, en ambas. Aunque no haya punto de comparación, pero sí.
- Aquí viene a despedirse.
- Yo tampoco la conozco, ¿por qué diablos está acercándose? ¡Y sonriente todavía!
- ¡Y qué sonrisa! Ya he cruzado algunas frases con ella esta noche. También te la he presentado.
- Te has pasado toda la noche hablando conmigo. ¿En qué momento has hablado con ella?
- Yo qué sé. Estas cosas suelen ser así de confusas.
- No recuerdo que me la hayas presentado.
- ¡Así fue!

(ya con ella)
- Chicos, ya me tengo que ir, la pasé muy bien. Gracias por la invitación. ¡Cuidense!
- ¡Cuidate también! ¡Adiós!
- Hey, gracias por venir. Me gustó mucho conocerte.
- ¡A mí también! Gracias otra vez. ¡Nos vemos!
- Nos vemos.
- Chau.

(ya sin ella)
- ¿Viste?
- Estaba a punto de preguntarte lo mismo.
- Carajo, hasta yo me di cuenta.
- Entonces no son sólo ideas mías. ¡Genial!
- Creo que fue bastante obvia: los ojos le brillan de otra forma cuando te mira.
- También creo que quiso que lo notáramos.
- Así parece, pero sigo sin entender cómo la conocimos.
- No me preguntes, yo ni idea tengo de cómo llegó aquí. ¿Notaste que no hay nadie más? Se supone que están todos en algún lugar de la casa, estamos asumiendo eso, hasta se siente el bullicio; pero en realidad no hay nadie.
- Es una fiesta y se escuchan las voces. La casa está repleta.
- Sí, pero no hay nadie. ¿Acaso reconoces alguna voz?
- La verdad, no.
- Pero sabes quiénes deben estar.
- Sí.
- Y también sabes que no puedes ir a ver.
- Lamentablemente no puedo ir a ver. Siempre pasa lo mismo: quieres correr y no puedes, quieres volar y no puedes, quieres gritar y no puedes.
- Ahora que lo mencionas, hubo una época en la que sí podía volar, pero temía chocarme con los cables del alumbrado.
- Jajaja. Tú siempre tan realista.
- ¿Crees que lo hacía a propósito? No era nada agradable saber que podías electrocutarte en cualquier momento; y lo peor es que no importa qué tan alto pudiese estar volando, a toda altura habían cables.
- Al menos podías volar. Yo nunca pude.
- ¿Pero lo intentabas?
- Claro que lo intentaba.
- Si lo intentabas entonces es porque sí podías. Freud diría que es porque te sientes atado por algo y eso te impide volar.
- ¿Freud? ¡Por favor! ¡Freud decía que los fumadores son faloadictos en potencia!
- Jajaja. Creo que exageraba algunas veces, pero lo de las ataduras suena más convincente.
- Puede ser. Igual no puedo volar.
- Lo que dicen también es que nunca se puede percibir olores.
- Mmm...
- Bueno. ¿Notaste que, ahora que se fue, todos los demás desaparecieron?
- No lo había notado. ¿Dónde estamos ahora?
- Parece que es su casa.
- Tiene cuatro camas en su cuarto. Qué raro.
- Este es el cuarto que me dieron cuando estuve en Ayacucho.
- ¿Estamos en Ayacucho?
- No. Estamos en su casa, en Lima. Su cuarto se ve como el que me dieron en Ayacucho, pero en realidad es su casa.
- Jajaja. En «realidad».
- Jaja. Sí, en «realidad».
- Mira, acaba de aparecer en la cama de allá.
- Ya la vi. Es ella.
- No hay duda.
- Ya es tiempo entonces. Ahora me acercaré y hablaré con ella; y sabré que tú estarás aquí pero en un rato desaparecerás.
- Así tenía que pasar.
- Puedo escucharte pero ya no puedo verte.
- Así tenía que pasar. Antes de terminar con todo esto, respóndeme algo.
- Pregúntame.
- ¿Por qué esta vez no notaste la diferencia?
- Porque esta vez no hubo diferencia alguna.
- Pero, ¿y el aparecer y desaparecer?, ¿y los tiempos discontinuos?
- Todo eso es normal aquí.
- ¿Entonces eres completamente consciente de estar aquí?
- Completamente, no; eso sería imposible. Pero puedo decidir. La capacidad de decisión es algo que pocas veces acompaña a uno en estos casos.
- Pero sabes que es una ficción.
- «Un frenesí, una ilusión; una sombra, una ficción». La verdad no lo sé. Este sueño es demasiado real.

Diálogos - Parte I


«Ave María purísima / sin pecado, concebida»


- Es, por todo lo que te dije, que estoy algo preocupado últimamente.
- Creo que no es tan trágico como lo imaginas: artículos especializados y hasta estudios psicológicos han coincicido en decir que ese tipo de relaciones de las que hablas son las más comunes, pero no son las únicas.
- De hecho que son las más comunes: casi todas las parejas que conozco tienen síntomas de ser así.
- Las más comunes, pero no las únicas; y para tu suerte, el otro tipo de relación es justo así como tú me la describes, así que no te desanimes, ya llegará.
- Jajaja.
- ¿De qué te ries?
- «Ya llegará». Suena como si estuviese desesperado. No estoy desesperado, sólo algo preocupado.
- Sí, sí, entiendo. Tus experiencias no han sido tan...
- Exacto.
- Te lo vuelvo a decir entonces: ya llegará.
- Seguramente. Pero, ¿sabes qué es lo extraño? Me imagino con una relación así, como las del otro tipo, y creo que no me sentiría a gusto para nada.
- ¡Total! ¡Quién te entiende! ¿Por qué dices eso ahora?
- Una relación calculada sería demasiado fría, demasiado insoportable.
- Te estás contradiciendo. Dices que no te gustan las relaciones demasiado apasionadas, pero que tampoco te gustaría una relación calculada.
- Tú lo has dicho. El problema está en el «demasiado». No me gustan los extremos.
- Lo que yo creo es que tú quieres ser apasionado y ser frío cuando te da la gana. Podría decir que tienes lo que todos: demasiado egoísmo como para ser tolerante en una relación.
- «A veces, mi tan rezada tolerancia se me desvanece».
- ¿Quién fue?
- Aún nadie.
- Tolerancia. Me gusta esa palabra.
- Lo que dices es cierto, en parte. Es difícil ser tolerante, sobretodo cuando pones mucho en juego.
- O cuando involucras sentimientos.
- Porque tus sentimientos son los que están en juego. De ahí se deduce que...
- Si no involucras muchos sentimientos, ¿te resulta más fácil ser tolerante?
- Por eso me gusta hablar contigo.
- Ya me lo imaginaba: lo que tú quieres es tener el control.
- La mayoría del tiempo promedio, sí. Como te dije, no me gustan los extremos: sería igual de aburrido tener el control todo el tiempo. Quiero calor cuando deba haberlo y frío cuando sea necesario. Un equilibrio. Eso sería lo ideal. Lo «ideal».
- «El equilibrio es imposible».
- Jajaja. Es cierto. Muy cierto. ¿Sabes si tienen algún nuevo disco?
- Ni idea. Nunca me tomé la molestia de averiguar siquiera sus nombres.
- Vaya.
- Bueno, creo que querer tener el control también es normal, aunque lamentablemente en muchos casos es inconsciente.
- Es inconsciente en los niños. Sentimentalmente niños.
- Jajaja. «Niños, sentimentalmente niños», «Morir, socialmente morir», me gusta el énfasis que le da ese orden a las palabras.
- Y ahora que estamos hablando de eso, «¿¿-Tú-aún-crees-que-tienes-el-control-??».
- Jajajajaja. ¡Qué pendejo que eres! ¡No me digas que te estabas refiriendo a eso?
- Claro. Tanto esfuerzo no es en vano. Siempre uno trata de mandar un mensaje extra.
- Osea que te dedicas a publicar tu vida en volantitos de colores.
- Jajaja, si lo quieres ver de ese modo...
- ¿Y cuál fue tu confesión la vez anterior?, ¿que estabas caliente?
- Jajaja. No. Fue un llamado a la revolución.
- ¿A todo el Perú?
- No, a Letras. Los primeros decían «Letras».
- Claro. Era época de toma.
- Como siempre.
- Pero creo que nadie entendió tu llamado.
- Es cierto. Justo de eso se trata. Mi llamado no fue explícito, pero eso no quiere decir que no lo haya hecho. Los que quisieron verlo así, lo vieron.
- Entonces no fue efectivo. Tenías un fin y nadie se percató de ello.
- El fin era generar preguntas, causar interés, llamar la atención, pero para lo otro, para el evento. Lo de la revolución era como una ventana en la esquina de un cuadro.
- Una ventana en la esquina de un cuadro... ¡Muy al estilo de Castel!
- Exacto. Toda su obra era agradable para los ojos de las masas y nadie se percataba del mensaje de fondo. Esa también era la intención de Castel: estaba comunicando algo con excesivo ruido puesto adrede.
- Hasta que llegó Mayra Iribarne y captó su mensaje.
- María. Sí, y Castel se obsesionó.
- ¿Y ya llegó tu María Iribarne?
- Mayra. Sí.
- ¡Total! ¿Es María o Mayra?
- Es igual; igual Castel se obsesionó.
- ¿Y tú te obsesionaste?
- Castel.