Hold on



Everybody Hurts - R.E.M.

When the day is long and the night, the night is yours alone,
When you're sure you've had enough of this life, well hang on
Don't let yourself go, 'cause everybody cries and everybody hurts sometimes

Sometimes everything is wrong. Now it's time to sing along
When your day is night alone, (hold on, hold on)
If you feel like letting go, (hold on)
When you think you've had too much of this life, well hang on

'Cause everybody hurts. Take comfort in your friends
Everybody hurts. Don't throw your hand. Oh, no. Don't throw your hand
If you feel like you're alone, no, no, no, you are not alone

If you're on your own in this life, the days and nights are long,
When you think you've had too much of this life to hang on

Well, everybody hurts sometimes,
Everybody cries. And everybody hurts sometimes
And everybody hurts sometimes. So, hold on, hold on
Hold on, hold on, hold on, hold on, hold on, hold on
Everybody hurts. You are not alone


How I wish, how I wish you were here!






Wish you were here - Pink Floyd


So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?


And did they get you to trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?


How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year,
Running over the same old ground.
What have you found? The same old fears.
Wish you were here.


El cielo se viene abajo

Por alguna extraña razón, al terminar de revisar el correo de Yahoo!, me llamó la atención una noticia en donde se mencionaba que Obama incrementaría las medidas de seguridad aérea en su país. Horas después, me fui a dormir creyendo haber olvidado esa noticia, como suelo hacer con la mayoría de noticias que leo últimamente.

Pero resultó que no fue así. Entre sueños, me vi parado frente a mi ventana, desde aquí, desde lo alto, viendo la mitad de la ciudad, viendo parte del mar. La seguridad aérea se había esfumado. La gran capa de nubes que suele cubrir a mi ciudad era atravesada por trozos de metal azul, blanco, gris. Por todas partes llovían trozos de metal, algunos en llamas, algunos casi consumidos por el fuego.

Luego vinieron los aviones, esta vez completos. Caían los privados y pequeños, caían los comerciales y gigantezcos. Los trozos de metal seguían cayendo. Después aparecieron las hélices y poco a poco, los respectivos helicópteros. Lo extraño era que no había gente. Todo lo que caía era metal y bolas de fuego.

Como era de esperarse, el fuego comenzó a consumir el cielo. La ciudad gris se tornaba negra. Las nubes ya no aguantaban su propio peso. Las gotas que guardaban la esperanza de calmar la tormenta se espantaron al solo ver las lenguas de fuego que iban calcinándolo todo, hasta el aire mismo se espantaba de su papel en la combustión infernal que se daba frente a mis ojos.

Fue cuando el cielo entero se vino abajo. Era un enorme agujero desde lo alto, no desde aquí, sino desde mucho más alto. Un enorme agujero que extendía sus brazos como si se derritiese sobre una esfera de cristal. Cada vez estaba más cerca y cada vez el vacío, la nada, se hacía más evidente. Yo estaba viéndolo todo desde lo alto. Quizá sería uno de los primeros en sentir el sabor de la nada, en ver el color del vacío.

Entonces, la tierra me hizo entender que ese no sería un privilegio. La sangre derramada desde lo alto ya había tocado el suelo, por lo que la tierra ya sabía que el cielo se estaba cayendo. La tierra siempre amó al cielo, por lo que ahora, ante la celestial agonía, la tierra decidió morir también. Mi privilegiado lugar, aquí desde lo alto, comenzaba a derrumbarse.

Y así, la tierra se abriría, se tragaría todo lo que alojó durante este tiempo, se encargaría de eliminar todo lo que pueda ser testigo de la tragedia del cielo, porque la muerte del cielo nadie la puede presenciar. Y la tierra se tragaría a sí misma y el cielo ya no tendría dónde caer, porque ya no existiría un arriba, ni un abajo. La tierra se suicidaría para que el cielo sobreviva, aún sin que éste lo note. Y yo, yo ya estaré muerto.

Inercia, entonces, vacío

Cuando las palabras son dichas solo por inercia,
uno llega a sentir que a la vida le hace falta poesía
y el tiempo invertido resulta insignificante
pues en su grandeza el alma necesita más aire
para llenar esos vacíos que poco a poco
la van fulminando sin darse cuenta.