Vida

- A que no puedes meter todo el océano en un agujero de la arena.
- No en tan poco tiempo.

Descartable, reactable.

Los gritos se han ido dando con las ventanas cerradas y retumbaron en toda la casa. Al impactar con las ventanas los sonidos regresaban y creaban un eco infinito, hasta dejarlo aturdido y nublado. En medio de ese trance, sale de casa y corre hacia quien estaban dirigidos todos esos gritos. Al abrir la puerta los ecos se disipan, el sonido se evapora y la silueta de todo lo vivido se desintegra como por arte de magia. Magia o encantamiento, confortablemente adormecido, aletargado y entorpecido. Helio al aire, globo a tierra. Astrid, de tantos gritos, de tanto amor, mató a su conejo.

El primero de la pandilla

Hoy gira por aquí la sensación de que realmente
el hombre es un pequeño ladrón del tiempo.

Está Héctor parado aquí, luego unos pasos más allá, luego
en medio de sus callejuelas, luego entre las nuestras y

luego

ya no está más.



Héctor sale victorioso luego de robarle a la vida
de todos
un poco de

tiempo.




Puede robarle al rico y al pobre,
al no muy rico y al muy pobre,
y a todos les robará el tiempo y el corazón.




Héctor vuela
desde lugares remotos y lleva consigo
todo aquello que
ha adquirido en sus miles de años de existencia.



En un abrir y cerrar,
en un cerrar y abrir de ojos,

Héctor ya se ha ido.




Te ha robado el alma al mirarte a los ojos;

te ha robado el tiempo al cruzarse por tu camino.



Siempre irá rondando

por ahí,

robando todos los corazones que encuentre.




Héctor fue el primero de la pandilla que
tuvo que


morir*.




Tenía un arma en la mano,

siempre.



Tonto muchacho.

_______________
* «El primero de la pandilla en morir» - Steven Morrissey

A la diestra de Dios Padre

He vuelto a ir navegando hasta el fin del mundo, hoy, en un barco de papel ofrecido de tus manos suaves muy suaves manos.

Quizá las montañas dibujadas en el horizonte, el pequeño capitán de la capucha amarilla y los recuerdos evocados a la espera de la diestra fueron necesarios para dejar que eso que se siente se haga sentir; y es que al decir no sé si es el mejor lugar se convirtió el lugar en el mejor, porque el hecho de saber aquello que no se entiende nos permitió dejar de soñar para comenzar a soñar.

Sábado, comprobé que el fin del mundo y la perfección sí tienen una relación.

Domingo, terminaré de asimilarlo.

Lunes, coincide mañana y tarde para hacernos coincidir.

Martes, más allá del fin del mundo, en la isla desconocida, en la ciudad que besa el cielo, y con éste de testigo; ahí y únicamente ahí, en medio de los astros, entenderé que los sueños pueden hacerse realidad sin dejar de ser perfectos. La realidad será el lugar y la perfección será tu presencia, tu presencia conmigo.

Aaaaaaméeeeeeeen.