Ojotes, a varios metros de distancia pero siempre ojotes, que después de mucho tiempo se aparecen detrás del muro y al final de la bajada, bajada que en aquellos tiempos siempre era subida.
Ojotes, a varios metros de distancia, como volver a zambullirse en ese mar enorme y profundo, siempre profundo, y perderse navegando, algo dopado, con brisa marina, con sol que abriga y no quema, con olas que aletargan el compás de los latidos y los hacen cada vez más calmos, cada vez más quietos, pero siempre latidos.
Ojotes, con el rostro hacia el sol y perdido en tus ojotes, en el mar, feliz por ver tus ojotes.
Ojotes que hacen que los días y las noches sean inmortales.
Ojotes por los que el cielo estuvo sonriente esta noche.
1 comentario
(E)n qué momento se juntaron
la tierra y nuestras raíces,
la luna y nuestras miradas,
en sus vacíos, acompañadas.
(S)u inmensidad te asusta
por más que lo azul se pinte de negro
por falta de luminosidad
o de tres mil dólares.
(E)sta noche me voy a esconder
debajo de la quinta almohada
supongo que mañana dormirán
los que con su fiesta
me provocaron el dolor de cabeza
pero en silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


