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Tres en raya


1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3... 1, 2, 3.

Todos estamos aquí, de alguna forma, buscando atención,
¿Qué se supone que debo hacer ahora con todo esto?
Vuelvo a ver escritos tu nombre y el mío, uno al lado del otro.

o quizá deba preguntarlo... ¿estamos buscando atención?
Definitivamente, no me lo esperaba:
Noche extraña. Hace tanto que no pasaba...

Tiene sentido: queremos ser los protagonistas de nuestras propias vidas
la vida juega de formas tan misteriosas y despiadadas a veces...
pero el tiempo hizo que ahora sea distinto:

Qué hacer cuando tu vida la viven otros...
¿Qué nos queda cuando nos pasa por encima?
el frío se siente hasta los huesos pero ya no duele.

Debería escribirlo, o abandonar esto y actuar, o quizá no, quién sabe.
Era del todo necesario escribir esto
Es tan innecesario, tan fuera de lugar escribir esto...


E - S - E

(E)n qué momento se juntaron
la tierra y nuestras raíces,
la luna y nuestras miradas,
en sus vacíos, acompañadas.

(S)u inmensidad te asusta
por más que lo azul se pinte de negro
por falta de luminosidad
o de tres mil dólares.

(E)sta noche me voy a esconder
debajo de la quinta almohada
supongo que mañana dormirán
los que con su fiesta
me provocaron el dolor de cabeza
pero en silencio.

Que reste-t-il de nos amours?

¿Quién dice que siempre tenemos que entender los finales?
Hay finales torpes, impetuosos y complicados, como la vida misma.
¿No es justamente eso lo que la hace encantadora?
Porque a veces la magia de un adiós junto al encanto de una sonrisa
está en eso muy profundo que nunca se dice, pero siempre se siente.



- Enfrente... hay un tipo muy raro. No sé... Tengo la impresión de que hace días que me sigue.
- ¿Quién será ese tipo?
- ¿Qué se yo? Ahí viene.
- Señorita,
sé que no le soy del todo desconocido.
Hace tiempo que la vengo observando sin que se dé cuenta
pero ya hace unos días que no intento ocultarme
y ahora ha llegado el momento.
Verá...
antes de conocerla a usted, nunca he amado a nadie.
Odio lo provisional,
conozco bien la vida,
sé que todos traicionan a todos
pero lo nuestro será diferente: seremos un ejemplo,
no nos separaremos a ninguna hora.
Yo no trabajo, no tengo obligaciones en la vida.
Usted será mi única preocupación.
- Comprendo...
comprendo que esto es demasiado súbito para que acepte inmediatamente
y que antes desea romper los lazos provisionales
que la atan a personas provisionales.
Yo soy definitivo.
Soy feliz.

- Ese tipo está completamente loco.
- Sí, sí, seguramente.

Honor fracasado
cabellos al viento
besos robados
sueños que desaparecen
¿Qué es lo que queda
de todo aquello
y de tu voz?

En un pueblecito
un viejo pecador
un paisaje
muy bien escondido
y en un valle
el querido rostro
de mi pasado.

FIN


Gracias



Cercana, distante: eres reciente y eres eterna al mismo tiempo.

Asomas tu luz en estos tiempos, en esta vida,
pero quizá provengas de otra mucho más antigua,
quizá te conozca desde siempre y no lo sepa.

Resultas extraña... y a la vez me inspiras confianza.

Menguante o creciente eres:
las mismas penas, las mismas alegrías tienes.

Eres luna: esta noche vistes de blanco;
vistes de blanco y así vienes a mí,
me susurras al oído un bolero falaz,
me abrazas y te dejas abrazar,
lloras y lloro contigo.

No te vi llegar: me fijé y ya estabas ahí
y seguro que ni tú lo notaste;
eres luna: esta noche brillas sólo para mí
(con tu luz no me importa el frío)

gracias por venir,
gracias por los espejos,
nunca pierdas tu luz propia,
nunca dejes de brillar.

Level 4


Porque cada nuevo nivel es un nuevo reto. De eso, no hay duda.

Es interesante el tratar de entender por qué cada vez la emoción se va haciendo más intensa. Creo que es porque en todo juego siempre se sigue ciertas reglas lógicas: cuando uno comienza, siempre todo parece muy, muy fácil. Se trata entonces de adecuarse al entorno, mas no de buscar complicaciones. Las complicaciones van dándose luego, en los siguientes niveles.

Según mi parecer, basta con el nivel 1 para adecuarse al entorno. Incluso el enemigo final, conocido también como "el jefe" del nivel 1, es casi siempre un tipo bastante inútil y es muy fácil vencerle. Imagino que esa es una especie de táctica de enganche: el nivel 1 nos hace sentir capaces de vencer al enemigo sin ningún problema, por lo que la emoción crece y seguimos adelante. Vuelvo a lo de la emoción. Si seguimos esa regla, la emoción crece cada vez más frente a cada nuevo nivel.

Algo que también parece una regla es que hay ciertos niveles que son bastante problemáticos, como para mí lo fue el nivel 3, pues me tocó jugarlo a oscuras. El tiempo no era como el de costumbre: parecía que todo pasaba muy, muy lento, y justamente eso era lo complicado. Mis movimientos eran como adormecidos, no podía calcular bien los saltos, no lograba dar los pisotones definitivos sobre los enemigos, por lo que perdía demasiadas vidas. Fue un nivel bastante frustrante por el poco control que tenía sobre mí mismo.

Pero lo peor del nivel 3 vino después, cuando llegué al jefe. Era uno de esos monstruos gigantezcos, de aspecto increiblemente atemorizante, blindado por todas partes, que disparan en todas las direcciones y que lanzan bichos que te persiguen. Para hacerlo más jodido todavía, siempre se las arreglan para que uno llegue a ese jefe casi sin balas, con la peor arma del juego y con tan solo uno o dos palitos de vida.

Y ahora me veo aquí, sin entender muy bien lo que pasó ni cómo lo vencí. Quizá haya sido un golpe de suerte. Quizá debí haber muerto luego del último ataque, pero no. Seguía con vida. Dicen que uno debe salvarse de la muerte para poder entender ese "algo más" que la vida siempre nos mantuvo en secreto. Resulta que hay mil muertes que nos toca pasar, en cada nivel, en cada noche, en cada esquina. Así, mil secretos se nos van revelando, uno tras otro.

Quizá en la inconciencia entendí cómo vencer al jefe del nivel 3. Quizá en el silencio y en la calma pude ver su punto débil. Quizá fue necesario que estuviese así de adormecido, casi moribundo, para entenderlo. No era hora de morir. Porque algo más grande nos espera luego de este reto. No he llegado hasta aquí para morir ahora. Definitivamente, no era hora de morir.

Al final, uno entiende que en este juego, a diferencia de los otros tantos, no nos está permitido grabar lo avanzado. Será por eso que es tan emocionante. Porque toda la vida es juego, y los juegos... los juegos hay que pasarlos. Porque hay que sufrir en cada nivel y morir una y otra vez y volverlo a intentar. Porque hay que agarrarle el truco, hay que matar al monstruo, hay que silenciar a los fantasmas, hay que conseguir vidas extra, armas extra, balas extra. Porque la vida... la vida hay que querer jugarla, y qué mejor que hacerlo en modo "2 players".

¡Y que vengan más niveles!

Hold on



Everybody Hurts - R.E.M.

When the day is long and the night, the night is yours alone,
When you're sure you've had enough of this life, well hang on
Don't let yourself go, 'cause everybody cries and everybody hurts sometimes

Sometimes everything is wrong. Now it's time to sing along
When your day is night alone, (hold on, hold on)
If you feel like letting go, (hold on)
When you think you've had too much of this life, well hang on

'Cause everybody hurts. Take comfort in your friends
Everybody hurts. Don't throw your hand. Oh, no. Don't throw your hand
If you feel like you're alone, no, no, no, you are not alone

If you're on your own in this life, the days and nights are long,
When you think you've had too much of this life to hang on

Well, everybody hurts sometimes,
Everybody cries. And everybody hurts sometimes
And everybody hurts sometimes. So, hold on, hold on
Hold on, hold on, hold on, hold on, hold on, hold on
Everybody hurts. You are not alone


El cielo se viene abajo

Por alguna extraña razón, al terminar de revisar el correo de Yahoo!, me llamó la atención una noticia en donde se mencionaba que Obama incrementaría las medidas de seguridad aérea en su país. Horas después, me fui a dormir creyendo haber olvidado esa noticia, como suelo hacer con la mayoría de noticias que leo últimamente.

Pero resultó que no fue así. Entre sueños, me vi parado frente a mi ventana, desde aquí, desde lo alto, viendo la mitad de la ciudad, viendo parte del mar. La seguridad aérea se había esfumado. La gran capa de nubes que suele cubrir a mi ciudad era atravesada por trozos de metal azul, blanco, gris. Por todas partes llovían trozos de metal, algunos en llamas, algunos casi consumidos por el fuego.

Luego vinieron los aviones, esta vez completos. Caían los privados y pequeños, caían los comerciales y gigantezcos. Los trozos de metal seguían cayendo. Después aparecieron las hélices y poco a poco, los respectivos helicópteros. Lo extraño era que no había gente. Todo lo que caía era metal y bolas de fuego.

Como era de esperarse, el fuego comenzó a consumir el cielo. La ciudad gris se tornaba negra. Las nubes ya no aguantaban su propio peso. Las gotas que guardaban la esperanza de calmar la tormenta se espantaron al solo ver las lenguas de fuego que iban calcinándolo todo, hasta el aire mismo se espantaba de su papel en la combustión infernal que se daba frente a mis ojos.

Fue cuando el cielo entero se vino abajo. Era un enorme agujero desde lo alto, no desde aquí, sino desde mucho más alto. Un enorme agujero que extendía sus brazos como si se derritiese sobre una esfera de cristal. Cada vez estaba más cerca y cada vez el vacío, la nada, se hacía más evidente. Yo estaba viéndolo todo desde lo alto. Quizá sería uno de los primeros en sentir el sabor de la nada, en ver el color del vacío.

Entonces, la tierra me hizo entender que ese no sería un privilegio. La sangre derramada desde lo alto ya había tocado el suelo, por lo que la tierra ya sabía que el cielo se estaba cayendo. La tierra siempre amó al cielo, por lo que ahora, ante la celestial agonía, la tierra decidió morir también. Mi privilegiado lugar, aquí desde lo alto, comenzaba a derrumbarse.

Y así, la tierra se abriría, se tragaría todo lo que alojó durante este tiempo, se encargaría de eliminar todo lo que pueda ser testigo de la tragedia del cielo, porque la muerte del cielo nadie la puede presenciar. Y la tierra se tragaría a sí misma y el cielo ya no tendría dónde caer, porque ya no existiría un arriba, ni un abajo. La tierra se suicidaría para que el cielo sobreviva, aún sin que éste lo note. Y yo, yo ya estaré muerto.

Inercia, entonces, vacío

Cuando las palabras son dichas solo por inercia,
uno llega a sentir que a la vida le hace falta poesía
y el tiempo invertido resulta insignificante
pues en su grandeza el alma necesita más aire
para llenar esos vacíos que poco a poco
la van fulminando sin darse cuenta.

Adiós, 1999

En realidad, la despedida del año no se dio en diciembre, sino en mayo, cuando los mortales iban de regreso al patio central, luego de la procesión. En los rostros estaba el recuerdo de todos esos años, desde las caídas infantiles en la famosa rampa hasta las meadas post etílicas en las puertas de los dominios de Claret. La despedida fue en mayo, porque en mayo me despedí de quien vigiló los pasos de los mortales (entre ellos, los míos) durante todos esos años, y esa noche, en medio de una multitud que cantaba para ella, prometí aquello que sólo está permitido en los pactos de sangre, en los pactos de almas. El año ya se había ido luego de eso.

Lo que vino en diciembre fueron puros formalismos "por respeto al calendario", pero dentro de esos formalismos estaba todo el peso de lo que comúnmente nos atormenta a los mortales, y es justamente el peso de lo social: es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al primero, quizá al segundo, pero en medio de todo esto, ¿qué es lo que debemos celebrar realmente? Es el final de una de las mejores etapas de la vida. Es el inicio de lo enorme y desconocido, de lo infinito, de lo extraordinario.

Diciembre está cargado de finales sociales e inicios de proyectos del mismo tipo. Es dentro de ese contexto que nosotros nos movemos. Pero qué somos nosotros sin un contexto... No somos nada más que individuos. Lo más grandioso de la creación es una fórmula recursiva de existencia. Por eso dicen por ahí: "Dependerás del prójimo como de ti mismo". Nuestra sociedad nos define. Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al segundo, quizá al tercero.

Ya me veo en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre. Una vida entregada a una causa aún incierta. Una promesa jamás concretada en palabras. Un pacto de sangre, de almas. Una entrega al lado más desconocido del ser humano. En el dos mil (dos mil, dos mil, dos mil... ¡qué grandioso suena!) los biólogos y psicólogos podrán ayudarnos a entender ese lado desconocido de los mortales. "Cómo demonios funciona mi cerebro", pensaré en el 2000, añorando todo aquello que dejé para siempre.

Ya me veo luego de 5 años, de regreso en casa, con "la situación" bajo control. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 5 años. Veo a algunos de ustedes ya casado y con hijos (risas). Todos han pensado en eso y nunca nadie se vio a sí mismo en esa situación. Quién será el que nos dé la sorpresa... En realidad puede ser cualquiera, pero pensamos siempre en que será cualquiera de los otros, excepto uno mismo.

Ya me veo luego de 10 años, de regreso en casa, esta vez para quedarme. Todo irá bien. Veo felicidad luego de 10 años. Veo a varios de ustedes obesos y con poco pelo (risas). Todos han pensado en eso y la gran mayoría lo desea, en silencio, en secreto. Esa no será una sorpresa... Eso será "la vida", porque "la vida" se vive de esa forma. Así está escrito y así lo demanda nuestra sociedad. Porque nuestra sociedad siempre nos define. Todo esto entre comillas.

Es fin de año y el año se lleva con él a algunos mortales: quizá al tercero, quizá al... tercero. Para mi suerte, el año que se va se olvidó de algo importante. Puede que te lleves al tercero, a aquél que se mantuvo voluntariamente exiliado en el tiempo, oculto en los ochenta. Llévate todo lo que desees, año que se va. Total, los pactos de sangre jamás podrás romperlos. Tampoco los de almas. Hoy, año que se va, a puertas de tu partida, olvidaste que este diciembre tiene luna azul (*), por lo que esta noche ella se volverá a asomar, llena y radiante, para reclamar por lo que en mayo le prometí, hace 10 años. Llévatelo todo, que ahora le toca al número cuatro.

Vida

- A que no puedes meter todo el océano en un agujero de la arena.
- No en tan poco tiempo.

El primero de la pandilla

Hoy gira por aquí la sensación de que realmente
el hombre es un pequeño ladrón del tiempo.

Está Héctor parado aquí, luego unos pasos más allá, luego
en medio de sus callejuelas, luego entre las nuestras y

luego

ya no está más.



Héctor sale victorioso luego de robarle a la vida
de todos
un poco de

tiempo.




Puede robarle al rico y al pobre,
al no muy rico y al muy pobre,
y a todos les robará el tiempo y el corazón.




Héctor vuela
desde lugares remotos y lleva consigo
todo aquello que
ha adquirido en sus miles de años de existencia.



En un abrir y cerrar,
en un cerrar y abrir de ojos,

Héctor ya se ha ido.




Te ha robado el alma al mirarte a los ojos;

te ha robado el tiempo al cruzarse por tu camino.



Siempre irá rondando

por ahí,

robando todos los corazones que encuentre.




Héctor fue el primero de la pandilla que
tuvo que


morir*.




Tenía un arma en la mano,

siempre.



Tonto muchacho.

_______________
* «El primero de la pandilla en morir» - Steven Morrissey

A la diestra de Dios Padre

He vuelto a ir navegando hasta el fin del mundo, hoy, en un barco de papel ofrecido de tus manos suaves muy suaves manos.

Quizá las montañas dibujadas en el horizonte, el pequeño capitán de la capucha amarilla y los recuerdos evocados a la espera de la diestra fueron necesarios para dejar que eso que se siente se haga sentir; y es que al decir no sé si es el mejor lugar se convirtió el lugar en el mejor, porque el hecho de saber aquello que no se entiende nos permitió dejar de soñar para comenzar a soñar.

Sábado, comprobé que el fin del mundo y la perfección sí tienen una relación.

Domingo, terminaré de asimilarlo.

Lunes, coincide mañana y tarde para hacernos coincidir.

Martes, más allá del fin del mundo, en la isla desconocida, en la ciudad que besa el cielo, y con éste de testigo; ahí y únicamente ahí, en medio de los astros, entenderé que los sueños pueden hacerse realidad sin dejar de ser perfectos. La realidad será el lugar y la perfección será tu presencia, tu presencia conmigo.

Aaaaaaméeeeeeeen.


Ah, cómo duele ser adicto

Está uno al borde del colapso pero aún así, las únicas fuerzas que quedan son para jalar la manguerita con los dientes y apretar la jeringa.

Vas a morir otra vez y ahora nadie te llevará al hospital... Sí, lo sé, pero sólo un poco más...

Todo está fuera de su sitio. Las cosas nunca han tenido un lugar propio aquí. Cómo diablos podría ordenarlas... En medio del caos se han gobernado solas durante toda una vida, o dos, o tres. Sí, tres vidas.

Aquello que siempre he odiado hoy me ha consumido. Veo mi rostro y lo veo a él: soy carne de su carne.

Y mis sueños de libertad se limitan a una típica burbuja, con disfraz de viaje o de copas o de juegos sexuales. Al igual que todos mis dientes, al igual que ella, regreso de esas travesías y me siento más vacío que antes.

Toda la vida es juego; y los juegos, juegos son. En San Andreas, en Lima, en Huancayo y en la China.

Mila tiene razón: la verdad es que todo es mentira.

Y las ilusiones... Isabelle es genial porque es una ilusión. Ahí debe quedarse. Debería; pero como siempre, Sebastian arruinará todo. Sebastian es tan «más humano que humano».

De qué sirven entonces todos estos cristales, si no son sólo para pintarnos colores inexistentes...

De qué sirven entonces todos estos espejos, si no son sólo para engañarnos y hacernos sentir que somos más que simples cerebros en una cubeta.

Juégatela, terc...

El mal me gruñe bajando porque arriba cantan

Primero el suelo
luego el (primero el suelo
______ luego el (primero el suelo
______ ______ luego el (primero el suelo
______ ______ ______ luego el (primero

El mal está rondandondandondandondando

Me dijo ayer de madrugada
que habías perdido un
ojo

Hoy gruñe pero un poco más temprano
+y ya no hayah on ay y-
pan de gallo para nadie

Se nos acuestan las mandíbulas
tras los correteos presurosos
de las manos multitudinarias
b o baldes
a d
j n
a e
n i
d b
o u
y s

Porque sino cómo pues vecino
se van contra su casa y luego
...................uno qué hace

Se escapa por la ventana
desde allá arriba de Lima
yvaadar
primero al suelo

Quién será entonces ese rey de reyes al que le cantan allá abajo
que pueda venir a recoger mi cuerpo y cerrarme los
+sojoojos-
por respeto al muerto

Moebius


...siento que pienso que siento que pienso que...


Hay días en los que estoy del todo ocupado. Actualmente, mi principal actividad es la de estudiante universitario. Delimitando mi existencia de ese modo, mis días ocupados son esos en los que tengo clases casi todo el día. Apenas hay tiempo para dar los últimos toques a un par de trabajos, comer algo, ir al baño y viajar en micro, nada más.

Hay días en los que tengo un poco de tiempo libre para vivir. Entonces puedo pensar. Trato de pensar siempre. Si no lo hago, siento que dejo de existir. Será que Descartes me tatuó su frase célebre en el cerebro para no dejarla de lado jamás.

Me gusta pensar, pero no siempre pienso sobre lo mismo.

Hay días en los que pienso sobre soñar y me gusta soñar.

Hay días en los que quiero cambiar el mundo y matar al monstruo.

Hay días en los que no quiero cambiar nada ni matar a nadie.

Hay días en los que pienso sobre mi futuro, siempre tan incierto. Estos días son muy escasos porque ya me he estado dando cuenta que nunca llego a nada.

Hay días en los que pienso sobre mi pasado, siempre tan nostálgico. Estos días aún abundan y los detesto porque siento que son ataduras.

Hay días en los que pienso en mis instintos. Pienso que el hombre de hoy sigue siendo un animal, entonces me comporto como tal y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en los ángeles. Siento que el amor está en el aire. Siento que los colores son más vivos. Pienso que me engaño a voluntad propia y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en morir. A veces me gusta estar triste, entonces escucho música melancólica y trato de sentir cosas que no he sentido antes. A veces aparecen revelaciones misteriosas y entonces comprendo la vida un poquito mejor. Por otro lado, a veces estoy triste sin quererlo (detesto esos días). Entonces, escucho metal o veo alguna comedia y todo se arregla.

Hay días en los que pienso en metafísica. Estos días no son tan escasos pero trato de que así sean, porque siento que tampoco llego a nada.

Hay días en los que pienso en mi presente. Veo mis manos, me veo al espejo, siento que me conozco y ya no me conozco luego de dos segundos, porque cada vez soy distinto. Siento que soy un camaleón, pienso que no hay días sino épocas, y que soy diferente en cada época. Siento que he vivido varias vidas y que muero cada vez que me canso de vivir una de ellas. Siento que necesito nacer cada cierto tiempo para volver a descubrir el mundo o quizá reinventarlo una y otra vez. En todo este proceso siento que los lugares conocidos se me hacen extraños, siento que camino por un lugar en el que ya he estado antes pero no logro reconocerlo, siento que mis amigos ya no son mis amigos y siento que a mis nuevos amigos ya los he conocido antes en alguna otra vida, siento que conozco a todos ellos y que igualmente no los conozco y que luego de esta época no los volveré a ver bajo ese cuerpo, pero nos volveremos a encontrar sin reconocernos y nos volveremos a conocer, así como siento que he vuelto a conocer a Diana, aquella a quien tanto quise alguna vez, y siento que ella también me ha reconocido quizá inconscientemente, y ahora que ha vuelto a quererme le cuesta tanto aceptarlo porque ahora tiene una vida propia, pero yo también tengo una nueva vida propia en esta época y también me cuesta aceptar que me he vuelto a enamorar de la misma persona en un cuerpo distinto, siento que debo morir otra vez y volverla a conocer sin que ella lo sepa, sin que yo lo sepa; quizá ahí, al tercer intento, podamos vivir juntos y ya no habrá ni un viaje que nos separe, ni un antiguo amor que nos distancie. Pienso en todo esto y siento que luego de dos segundos ya no me importa, porque Diana ya se esfumó, porque ya se posó sobre algún otro ángel y entonces siento que quiero a ese nuevo ángel. Mientras pienso en mi presente, todo él se convierte en pasado y entonces se vuelve todo tan nostálgico, más que el pasado anterior, porque este nuevo pasado se me ha esfumado sin siquiera poder vivirlo, entonces se me hace cada vez más odioso y lo detesto más porque sigo pensando que es una atadura. Entonces pienso que debo de liberarme de las ataduras y debo comenzar a caminar otra vez, por enésima vez, porque no quiero llegar tarde. Entonces pienso que mejor ya no voy a pensar y quizá Descartes aparezca frente a mí en un nuevo cuerpo y me diga que si ya no pienso luego ya no existo y entonces dejaré de existir para que todo lo que ya he creado, todo lo que ya he vivido, todo lo que ya he escrito aquí, deje de existir también, o quizá muera conmigo. Entonces y sólo entonces, podré existir otra vez.

Esta vez sí podemos

El amor cuando quiere matarnos en vida, llega sin avisar. No pretendo definir el amor; no pretendo decir que sé cómo es, cómo se viste ni cómo se peina. Cuando me preguntan qué es, doy un honesto «no sé». Es que, en verdad, creo que no es posible describirlo; al menos, no con palabras. Quizá con ejemplos podría acercarme a conocerlo, pero serían unas cuantas pinceladas en ese lienzo infinito del que ya no quiero referirme, porque ¿para qué pintar algo que quiere matarnos en vida? No tendría sentido dar ejemplos. Tampoco sería suficiente representarlo mediante imágenes; de ser así, tendría que desarrollar todo un tratado semiótico, y mi biblia del entendimiento personal sobre lo semiótico todavía tiene muchas páginas en blanco.

Me presento aquí, entonces, completamente desvalido: sin definiciones, sin ejemplos, sin imágenes... pero sí con muchas, demasiadas, contradicciones; porque es lo más preciso para este tema tan contradictorio. Entonces, como primera contradicción (y es la única que voy a enumerar), quiero dar un ejemplo de lo que es el amor cuando quiere matarnos en vida.

Como siempre, llegó sin avisar. Si hubiese avisado, ahora contaría con una genial imagen para ilustrar un poco más esta historia; pero no avisó, por eso la imagen resultaría muy poco ilustrativa, muy poco clara, osea bastante oscura.

Llegó también en un muy mal momento para ambos implicados (esa es otra de sus características perversas y habituales), y aunque las complicaciones sean del todo diferentes, son complicaciones al fin y al cabo y hay que tenerlas en cuenta.

En este punto de la historia, el ejemplo ya perdió su razón de ser, así que ya no viene al caso mencionarlo. Sería absurdo seguir comentándolo: cuando el ejemplo pierde su razón de ser, se transforma en chisme.

En este punto de la historia, es preciso comenzar a contarla (contarla, la historia).

Es como (este también es un ejemplo y otra contradicción, pero ya no está enumerado [el ejemplo {ni la contradicción (no está enumerada)}]) si cayese un meteorito sobre el planeta de la relativa estabilidad emocional que tiene cada uno en el universo del alma humana. Todo, incluso el tiempo, se hace incongruente e impredecible. Uno comienza a vivir y a morir cada quince minutos: naces y mueres y vuelves a morir y luego naces tres veces y así hasta que dices: «Ya, que el tiempo lo diga todo» y luego te mueres. Después te mueres otra vez.

Llevo siete días tratando de encontrar una solución al problema que no he mencionado aquí (pese a ser lo más importante para un mejor entendimiento [por parte de ustedes —el detalle es que no quiero que tengan un mejor entendimiento de esto; con lo que les digo, basta—]) y puedo decir que ya he pensado en todo. He tratado de devolver el fruto prohibido al lugar en el que estaba, he tratado de borrar mis huellas, disimular la mordida que le di aquella noche, quitarme el sabor de la boca... pero todo ha sido en vano. No he podido hacer nada de eso; aunque, sinceramente, creo que no he querido. ¡Cómo querer quitarme ese sabor de la boca! ¡Habría que estar loco!

Pero la conciencia no ha dejado de torturarme. Es cierto que he estado buscando soluciones, pero cada una resultaba ser una nueva complicación, lo que implicaba otras mil muertes sucesivas.

Pensar, pensar, pensar.

«Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento, pues no tengo culpa», cuánta razón le he dado a esos versos y se la sigo dando, pero cuán poco me ayudan ahora. Sigo inventando soluciones y sigo creando conflictos externos e internos. «¿Cuántas veces debemos morir?, ¿cuántas veces más debemos resistir?». Pensar. Tiempo. Solución entonces conflicto entonces morir y esto ya parece un melodrama.

Mencioné que era un mal momento. Las complicaciones se volvieron a manifestar y esta vez con más fuerza y varias al mismo tiempo. El entorno ya era insoportable.

«Me voy de aquí».

Aislado, nublado, bastante perturbado y completamente desanimado, busqué una última solución al problema ese del océano en el vaso. Porque creo que en realidad sabemos que es un vaso, pero sólo lo sabemos cuando estamos afuera. Desde adentro, es un océano, y nada ni nadie podrá hacernos pensar otra cosa mientras estemos adentro.

Ahí entonces, sobre una banca vieja, me quedé buscando formas en la arena, tratando de relacionar el camino de las hormigas con lo que me pasa, buscando «la respuesta» en las cosas nimias. Estuve un tiempo, unas horas, unas cuantas vidas más; así, en el ático, en las sombras; así, hasta apagar el último cigarro y soltar mi última frase.

«No puedo».

Apenas dije lo que dije, el entorno adquirió un brillo propio. Ahora veía la respuesta en todas partes. Sí, «la» respuesta. Ahora los granos infinitos de arena y las filas interminables de hormigas me decían exactamente lo mismo. Lo que estuve viendo ahí eran mis pensamientos, regados por todos lados; mis pensamientos caminando uno tras otro, llevando cada uno un pedazo de coherencia, quién sabe para qué.

No dejó de sorprenderme lo que acababa de pasar. Tuve que darme por vencido, tuve que resignarme, tuve que dejar morir el orgullo, para que el universo y toda su grandeza puedan revelarme lo que estaba buscando.

La respuesta era, precisamente, que no hay respuesta. No hay forma en la arena: hay mil formas y a la vez ninguna. No hay final en la fila de hormigas: inicia en donde termina, inicia con cada hormiga.

Aunque esto parezca ilógico, es completamente coherente, ya que hablamos de contradicciones.

Cuando se trata del amor cuando quiere matarnos en vida, lo mejor es no pensar, porque mientras uno más piense, más se aleja de lo que busca. Las respuestas ansiadas, las honestas, las que andamos buscando, en realidad vienen solas, cuando realmente deban venir.

Y lo mejor de todo esto es que no hubiera llegado a esa conclusión (de que lo mejor es no pensar) si no hubiese pensado tanto en ello.

Pavimento

Nosotros en la superficie.

Si hay una grieta, dicen que hay algo que está mal.

Se asoman ramitas verdes. Eso no puede estar mal.

Deberían haber más grietas en el pavimento.

Cuánto va cambiando la vista de cuadra en cuadra.

Vamos a ver quiénes viven en esta zona.

Vamos a ver.

Sobre un suicidio frustrado

Mano extendida. La invitación estaba hecha. Pierna derecha hacia adelante, a 90 grados de la izquierda, que reposaba su pie al borde del borde.

Ojos cerrados. Estaba esperando pacientemente y con un sentimiento de felicidad y satisfacción indescriptible.

Su mano nunca llegó. En sus pupilas ardientes ahora llovían lágrimas. Murió el fuego, mas no él; y con el viento, el humo se hizo humo.

Cristales y espejos se iban quebrando uno a uno, y al caer iban cortándolo todo, comenzando por la frente, tan en alto antes y tan sangrante ahora; los ojos que luchaban por mantenerse cerrados aún con los párpados escurriéndose por las mejillas; de hecho, ahora ya no eran «los ojos», ahora era «el ojo». Cortes en la lengua, que igual se las arreglaba para gritar un «no me dejes». Cuello. Chisguetes por todos lados excepto por la yugular, como si los espejos se hubiesen puesto de acuerdo para hacer sufrir al pobre iluso. Pecho, brazos y espalda barrocos. Eunuco en dos segundos. La pierna derecha se salvó por estar lejos de la masa sangrante y deforme (la pierna derecha ahora tenía un ojo). Pierna izquierda despojada de sus músculos pero aún firme, como si los espejos se hubiesen puesto de acuerdo.

El ambiente seguía en silencio. El reflejo disperso en los trozos de espejo en el suelo era suficiente: ya estaba muerto, muerto en vida. Ahora no tenía sentido el suicidio: «Para qué morir, si no es con ella». Los sueños de libertad eterna se habían esfumado. Tuvo que bajar la pierna derecha y alejarse del borde. El único que se suicidó fue el ojo, que antes de golpear el pavimento pudo ver al suicida y burlarse de él.

Un espejo y un cristal quedaron intactos. Le aterrorizaba la idea de ver a través de uno. Se llevó el otro a casa.

«Quizá ahora soy visualmente más honesto», se decía, ya en casa.

La última confesión del suicida

Debes saber que no estás sola en este angustiante dilema: yo también tengo esa gigantezca carga de lo prohibido; yo también sé que nada de esto está moralmente permitido; yo también creo que todo está en contra; yo también entiendo que nos ganaríamos el odio del mundo entero... pero, ¿no es eso lo infinitamente exquisito? Sé que es bastante egoísta pero... no lo puedo negar, no lo puedo ocultar y tú tampoco puedes hacerlo; veo en mis cristales tus pupilas ardientes que me llaman desde el infinito; veo en mis espejos las llamas del deseo que inundan mis ojos con tu erótica silueta; veo en el ambiente un silencio capaz de aislarnos de los más nefastos y devastadores comentarios de aquellos que no entienden nuestra naturaleza animal... Sólo pretendo ser quien soy, y al serlo, liberarte de tus prejuicios. Ser quien soy, y al serlo, dejarte ser quien realmente eres.

Dejemos de vagabundear, dejemos de procrastinar: es hora de morir (socialmente morir).

Purificación

Era necesario tocar fondo: era necesario morir.

Estuve divagando, privado de mis sentidos, guiado únicamente por algún extraño motor ajeno a mi conocimiento. Avanzando a ciegas ante tanta luz, descubriendo formas exóticas y eróticas en el camino; y, como suele decirme M. muchas veces: «Recuerdas».

Aquí el tiempo salta y el espacio también.

Ahí abajo, desprovisto de aire, viendo azul, saboreando el cloro y sin poder tocar nada concretamente, comencé a recordar todos esos días de lenta y dulce decadencia. Pido ayuda a todos mis demonios, pero ninguno viene a socorrerme. Ahora, humano, miserable humano, estás solo.

Me hundo y me dejo morir por un instante.

Es increíble todo lo que uno oye en el silencio, en ese momento de paz que le antecede a la muerte. En cierto preciso momento, llega un susurro que te da la respuesta. Sí, «la» respuesta.

«No».

Abres los ojos. Vuelves a la vida. Detienes las balas. Llegas más alto. Logras lo imposible.

Resurges.

Para resurgir, es necesario morir primero.