Hoy gira por aquí la sensación de que realmente
el hombre es un pequeño ladrón del tiempo.
Está Héctor parado aquí, luego unos pasos más allá, luego
en medio de sus callejuelas, luego entre las nuestras y
luego
ya no está más.
Héctor sale victorioso luego de robarle a la vida
de todos
un poco de
tiempo.
Puede robarle al rico y al pobre,
al no muy rico y al muy pobre,
y a todos les robará el tiempo y el corazón.
Héctor vuela
desde lugares remotos y lleva consigo
todo aquello que
ha adquirido en sus miles de años de existencia.
En un abrir y cerrar,
en un cerrar y abrir de ojos,
Héctor ya se ha ido.
Te ha robado el alma al mirarte a los ojos;
te ha robado el tiempo al cruzarse por tu camino.
Siempre irá rondando
por ahí,
robando todos los corazones que encuentre.
Héctor fue el primero de la pandilla que
tuvo que
morir*.
Tenía un arma en la mano,
siempre.
Tonto muchacho.
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* «El primero de la pandilla en morir» - Steven Morrissey
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