Los gritos se han ido dando con las ventanas cerradas y retumbaron en toda la casa. Al impactar con las ventanas los sonidos regresaban y creaban un eco infinito, hasta dejarlo aturdido y nublado. En medio de ese trance, sale de casa y corre hacia quien estaban dirigidos todos esos gritos. Al abrir la puerta los ecos se disipan, el sonido se evapora y la silueta de todo lo vivido se desintegra como por arte de magia. Magia o encantamiento, confortablemente adormecido, aletargado y entorpecido. Helio al aire, globo a tierra. Astrid, de tantos gritos, de tanto amor, mató a su conejo.
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25 de octubre de 2009 a las 22:16
Creí que hacían el amor.
AZAÑA ORTEGA
28 de octubre de 2009 a las 18:51
los animales se "cruzan" "copulan" se "aparean"...
pero ellos(nosotros)"hacemos el amor"?!
:)
30 de octubre de 2009 a las 23:12
Más que hacerlo, lo creamos, lo inventamos... ficcionamos breves instantes de soledad acompañada que, en el recuerdo borroso de hombres imperfectos, serán perennizadas.
Saludos halfing (aún me debe explicaciones, razones, vidas)