Sobre el pucho, el pucho y su lección de vida


- ¿Me das un minuto? Necesito ir al baño
- No te demores, no me gusta estar sola
- No estás sola
- ¡Qué lindo eres! ¡Apúrate!

Ya en el baño, hablaba conmigo mismo:
- ¿Por qué siempre llega un momento de la noche en el que me siento fatal?
- ...
- Las sonrisas desaparecen y la música ya no me alegra; muy por el contrario, me destruye.
- ...
- No, no es por el alcohol, es algo más. De pronto, todo se vuelve gris. Siempre es igual.
- ...
- Pero de todas maneras, el alcohol hace que esta sensación sea más angustiante.
- ...
- El alcohol...
- ...
- Ay carajo, estoy borracho.
- ...
- ¡Estoy borracho! ¡Qué bien! ¡Hace mucho tiempo tenía ganas de embriagarme!
- ...
- ¡Vamos a ver qué tan borracho estaré!

Había una colilla de cigarro en el urinario, se notaba que había sido lanzada hace poco tiempo, pues estaba casi seca; como a dos losetas de distancia estaba la rendija del desagüe. Entonces decidí tratar de quitarle el papel protector para terminar de separar el papel del filtro, el algodón interior y los restos de tabaco y cenizas de la colilla.

Necesitaba una buena puntería para lograr mi propósito. Lo único que logré al comienzo fue alejar más la colilla de la rendija, por lo que me fijé una tarea aún más difícil: Luego de destrozar la colilla, debería hacer pasar los restos de algodón por la rendija del desagüe del urinario. Para esto, estaba muy consciente de la gran cantidad de líquido que necesitaba expulsar de mi cuerpo, y esto me ayudaría notablemente con mi noble propósito.

Concentrándome esta vez, inicié el ataque rodeando a la colilla por la derecha, con chorros leves, cortos y continuos, hasta atraparla entre la pared y los bordes de dos losetas. Una vez ahí, la ataqué con fuerza, haciendo que se desprenda el papel y las cenizas en cuestión de segundos. Era mi primer triunfo de la noche. Mayor fue mi satisfacción al comprobar que aún me quedaba mucho líquido por expulsar. Entonces, con la moral elevada y con más calma, procedí a empujar al algodón hacia la rendija. Ésto me resultó un poco más difícil, pues el algodón salía volando fácilmente en la dirección que le daba, mas se pasaba de largo por sobre la rendija y terminaba alejada a una distancia similar, pero hacia el lado opuesto del inicial.

Fue en ese lapso de insistencia en el que, por algún extraño motivo, tuve una revelación, pude ver la luz: No es necesaria mucha fuerza, ni atacar con golpes brutales y caóticos. Se necesita paciencia, constancia y sobretodo mucho tino, para empujar poco a poco al algodón hasta la rendija. Ya no había fuerza en los chorros, ya se terminaba mi tiempo, y no recuerdo si era el penúltimo o el último, pero al final, logré ver como el algodón desaparecía al caer por la rendija del desagüe.

- ¿Borracho? ¡Ja! ¡A ver si un borracho puede hacer lo que yo!
- ...

Me lavé las manos y salí del baño. Increíblemente, la atmósfera gris había desaparecido. Las canciones volvían a sonreírme. Cuando llegué a mi lugar, te vi más radiante que nunca.

- ¿Por qué tardaste tanto?
- ¡Qué linda eres!


Escrito el 23 de marzo del 2008 a las 12:46 AM

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