A la una...
Estoy demasiado adormecido y no puedo hablarte, trato de tocarte y me golpeo con una pared. Los colores se derriten y te conviertes en una sombra, en un demonio.
A las dos...
Otra vez el mismo efecto, demasiado adormecido, y los demonios aparecen exactamente luego de golpearme con la misma pared.
Y a las tres!
Consciente o adormecido, era lo de menos. La pared siempre estara ahí. La tercera es la vencida, sólo un tonto volvería a saltar.
Siempre he sido un tonto.
¡Los formalismos están en tu cabeza!
Escrito el 4 de diciembre del 2007, a las 12:08 PM
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