14 de febrero de
San Valentín. Hoy la gente anda contenta. Hoy aprovecho la fecha para serte sincero.
Los dos meses de internado están por terminar, y las pocas oportunidades que he tenido para hablarte han sido insuficientes; quizás otro las haya podido aprovechar mejor que yo, y de hecho que así fue: alguien intentó aprovecharlas mejor: sí, justamente él, mi compañero, que en una conversación sabatina me confesó que se había fijado en ti; entonces tuve un motivo más para callar.
El lo intentó, y para mi suerte fracasó. Para mi suerte también, ahora está ocupado en otros asuntos. Y aquél otro que estuvo rondando por ahí ya se esfumó: o renunció al internado, o cayó en batalla, también para mi suerte.
Pocas veces te he encontrado sola y sé que mis señales son demasiado sutiles, por no decir imperceptibles: alcanzarte un lápiz, tu tarjeta (creo que eso lo haría cualquiera), y casi siempre sólo verte, y a veces sonreírte. ¡No estoy loco! ¿No lees algo en las sonrisas?
Sé que no es momento, pero sé que luego del internado quizás no vuelva a verte más. Necesito generar un puente pero indirecto, para que puedas cruzarlo cuando la presión haya terminado.
Que sea pronto, que vengas pronto: Qué más espero yo, si no es poder perderme de nuevo en tus inmensos ojos y tu mirada angelical.
Esta carta estará aquí aguardando y me encargaré de hacer que la leas cuando sea adecuado.
Feliz día.
(la carta termina aquí)
Escrito el 14 de febrero del 2008 a las 11:34 AM
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 Response to "Del Sargento Alejandro, para Sandra y su fermosura"
Publicar un comentario