El mar siempre nos recuerda lo insignificante que somos. Caminando a su lado sobre las piedras uno avanza con pasos torpes: Los relieves son muy irregulares y nosotros, como animales bípedos, perdemos fácilmente el equilibrio.
El mar se aprecia mejor si dejas de caminar y te sientas a su lado a escuchar sus murmullos. Una vez sentado te das cuenta de que, inconscientemente, buscaste acomodarte lo mejor que pudiste entre tantas piedras irregulares, y es increíble cuando de la nada aparece ahí, tu lugar: Todo encaja, el lugar es perfecto, la vista es perfecta, nisiquiera el frío interesa, porque se te olvida, o ya no lo sientes; entonces las ideas se transmiten con gestos o juegos de manos, con sonrisas y hasta con piedras de forma extraña.
Y, a todo esto, ¿dónde quedan las gaviotas? Las gaviotas... ellas se encargan de plasmar la libertad en forma de danza con coreografías elegantes, y sus voces se mezclan con los murmullos del pacífico para interpretar la banda sonora de tu llegada.
Luego de acompañarnos, las gaviotas anuncian su retirada y nos aconsejan seguir avanzando, nos aconsejan evitar la oscuridad en un lugar desconocido, y mostrando lo sutil que es la naturaleza, nos enseñan, con su vuelo, a avanzar en medio de la inmensidad del cielo: con orden, con calma; nos enseñan a volar hacia ese lugar que desde aquí no alcanzamos a ver pero está ahi delante; nos enseñan a avanzar, a confiar.
Escrito el 25 de agosto del 2007 a las 10:33 PM
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 Response to "Piedras y Gaviotas"
Publicar un comentario