Gracias



Cercana, distante: eres reciente y eres eterna al mismo tiempo.

Asomas tu luz en estos tiempos, en esta vida,
pero quizá provengas de otra mucho más antigua,
quizá te conozca desde siempre y no lo sepa.

Resultas extraña... y a la vez me inspiras confianza.

Menguante o creciente eres:
las mismas penas, las mismas alegrías tienes.

Eres luna: esta noche vistes de blanco;
vistes de blanco y así vienes a mí,
me susurras al oído un bolero falaz,
me abrazas y te dejas abrazar,
lloras y lloro contigo.

No te vi llegar: me fijé y ya estabas ahí
y seguro que ni tú lo notaste;
eres luna: esta noche brillas sólo para mí
(con tu luz no me importa el frío)

gracias por venir,
gracias por los espejos,
nunca pierdas tu luz propia,
nunca dejes de brillar.

Volviendo a la vida


El texto que sigue no es una traducción precisa de la canción, es la carta que un "suicida" dejó en algún universo paralelo y que sirvió de inspiración para esta ficción. En lo posible, traten de cargar todo el video, luego darle play, dejarse envolver por la atmósfera y sintonizarse con la guitarra; después, comenzar a leer la carta cuando se comience a cantar, para que sea una especie de banda sonora o algo así.

En días como hoy me gustaría saber dónde estabas tú, saber qué hacías en el preciso instante en el que yo me consumía por el fuego, cuando me quebraba en el silencio, mientras los días pasaban y pasaban por mi ventana y frente a mis ojos. Dónde estabas tú aquellos días en los que sin querer resultaba herido y las heridas no dejaban de sangrar. Porque todas las cosas que sueles decir y todas las cosas que sueles hacer siempre me mantienen envuelto, rodeado, nublado, turbado, cegado. Y así, mientras tú intentas a toda costa colgar tu completa existencia en los versos de otros mundos, muriendo por creer en todo lo que te rodea, en todo ese sueño ajeno que te envuelve, mientras tanto, yo estaba aquí en mi ventana, frente al mundo, mirando sin miedo directamente al sol, con absoluta voluntad para perderme en medio de su brillo y quizá así poder brillar yo también, aunque sea un instante antes de perder la vista, aunque sea un minuto antes de morir.

[Aquí se hizo una pausa. El color de tinta cambia en el siguiente párrafo. Se cree que fue escrito días después].

Perdido en medio de mis ideas, perdido en el tiempo, perdido en la nada, mientras las semillas de la vida y las semillas del cambio se iban plantando sin que pueda siquiera percatarme de ello, el cielo lloraba allá afuera: amargas gotas caían oscuras y lentas allá afuera. Perdido aún, en medio de mis ideas; perdido aún, frente a mi ventana; perdido aún, en medio del fuego, pensando en lo peligroso que resulta este pasatiempo tan irresistible, me atrevo a saltar: aquí frente a mi ventana, desde lo alto, me atrevo a dar un paseo celestial a través de todo este silencio: el fuego tarda en consumirlo todo, tarda pero llega el momento, sabía que había llegado el momento, era tiempo de matar el pasado, era tiempo de que el fuego lo consuma todo, era tiempo de volver, volver a la vida.

[Garabatos y frases escritas y tarjadas. Hasta el momento no es posible reconocer ninguna palabra].

Me atrevo a dar un paseo celestial a través de todo este silencio. Sabía que la espera había terminado. Sabía que la espera había comenzado. Mientras tanto, me atrevo a saltar, desde aquí, desde lo alto, desde mi ventana, frente a la gran ciudad, mirando sin miedo directamente al sol, que no se cansa de
La carta termina así, incompleta. Fue encontrada en el dormitorio, al lado de la ventana abierta. El cuerpo desapareció.


Level 4


Porque cada nuevo nivel es un nuevo reto. De eso, no hay duda.

Es interesante el tratar de entender por qué cada vez la emoción se va haciendo más intensa. Creo que es porque en todo juego siempre se sigue ciertas reglas lógicas: cuando uno comienza, siempre todo parece muy, muy fácil. Se trata entonces de adecuarse al entorno, mas no de buscar complicaciones. Las complicaciones van dándose luego, en los siguientes niveles.

Según mi parecer, basta con el nivel 1 para adecuarse al entorno. Incluso el enemigo final, conocido también como "el jefe" del nivel 1, es casi siempre un tipo bastante inútil y es muy fácil vencerle. Imagino que esa es una especie de táctica de enganche: el nivel 1 nos hace sentir capaces de vencer al enemigo sin ningún problema, por lo que la emoción crece y seguimos adelante. Vuelvo a lo de la emoción. Si seguimos esa regla, la emoción crece cada vez más frente a cada nuevo nivel.

Algo que también parece una regla es que hay ciertos niveles que son bastante problemáticos, como para mí lo fue el nivel 3, pues me tocó jugarlo a oscuras. El tiempo no era como el de costumbre: parecía que todo pasaba muy, muy lento, y justamente eso era lo complicado. Mis movimientos eran como adormecidos, no podía calcular bien los saltos, no lograba dar los pisotones definitivos sobre los enemigos, por lo que perdía demasiadas vidas. Fue un nivel bastante frustrante por el poco control que tenía sobre mí mismo.

Pero lo peor del nivel 3 vino después, cuando llegué al jefe. Era uno de esos monstruos gigantezcos, de aspecto increiblemente atemorizante, blindado por todas partes, que disparan en todas las direcciones y que lanzan bichos que te persiguen. Para hacerlo más jodido todavía, siempre se las arreglan para que uno llegue a ese jefe casi sin balas, con la peor arma del juego y con tan solo uno o dos palitos de vida.

Y ahora me veo aquí, sin entender muy bien lo que pasó ni cómo lo vencí. Quizá haya sido un golpe de suerte. Quizá debí haber muerto luego del último ataque, pero no. Seguía con vida. Dicen que uno debe salvarse de la muerte para poder entender ese "algo más" que la vida siempre nos mantuvo en secreto. Resulta que hay mil muertes que nos toca pasar, en cada nivel, en cada noche, en cada esquina. Así, mil secretos se nos van revelando, uno tras otro.

Quizá en la inconciencia entendí cómo vencer al jefe del nivel 3. Quizá en el silencio y en la calma pude ver su punto débil. Quizá fue necesario que estuviese así de adormecido, casi moribundo, para entenderlo. No era hora de morir. Porque algo más grande nos espera luego de este reto. No he llegado hasta aquí para morir ahora. Definitivamente, no era hora de morir.

Al final, uno entiende que en este juego, a diferencia de los otros tantos, no nos está permitido grabar lo avanzado. Será por eso que es tan emocionante. Porque toda la vida es juego, y los juegos... los juegos hay que pasarlos. Porque hay que sufrir en cada nivel y morir una y otra vez y volverlo a intentar. Porque hay que agarrarle el truco, hay que matar al monstruo, hay que silenciar a los fantasmas, hay que conseguir vidas extra, armas extra, balas extra. Porque la vida... la vida hay que querer jugarla, y qué mejor que hacerlo en modo "2 players".

¡Y que vengan más niveles!