Infsamnia 3

A veces mi tan rezada tolerancia se me desvanece.
Será que a veces uno debe expulsar todo eso que lleva guardado, para evitar sobrecargas.
Dejé pasar demasiado tiempo. La sobrecarga era inminente. La descarga generó un arco de alto voltaje que incineró todo lo que encontró a su paso, sobretodo al final.

Desde que llegaste has puesto la mirada sobre ella. Me sorprendió que pidas que esta vez no apague la luz. Luego pude entender que querías verla mientras arañabas mi espalda. Creí que no dirías nada, pero al final, luego de recuperar el aliento, por fin te animaste a mencionarlo: «Se ve demasiado real, es perfecta». Logré hacerte creer que tuve una vida pasada como escultor y que aquella pieza era la única que conservaba de esa vida. «Se llama La divina del silencio», te dije. Me creíste. Traté de imaginar lo que estaría pasando por su cabeza en esos momentos: ¿habrá notado que la observabas todo el tiempo? ¿Y si se le ocurría volver a hablar? Morirías de un infarto. Pensé en tu muerte y llegué a la conclusión de que por primera vez en mucho tiempo no quiero que eso suceda. Será que tu parquedad me hace muy feliz. También será por tu desinterés. También por tu piel canela. «Chica canela, canela; chica canela, delgada».

Son las diez de la mañana. Te levantas y vas por un café bien cargado y un cigarrillo. Eliges al azar uno de tus discos rotulados como «cortavenas» y activas el modo aleatorio después de colocarlo. Inicias tu día de acuerdo a la primera canción que te haga suspirar. «Living is easy with eyes closed, misunderstanding all you see; it's getting hard to be someone but it all works out, it doesn't matter much to me». Quizá sea mejor que nunca sepa tu nombre. Quizá sea mejor que jamás te deje ir de mi lado. En verdad no podría saber cómo salir de ese dilema así que decido no hacer nada. Terminas de soñar con los campos eternos de frambuesa y me dejas uno de esos besos dulces e infinitos luego de un «hasta pronto». Veo desde mi ventana cómo te alejas, cómo te vas desvaneciendo a cada paso, entre la niebla matutina, y así como tú y tu silueta, también se va desvaneciendo mi cariño hacia ti, que cuando estabas a mi lado te amaba tanto, que cuando te despediste te quise retener, que cuando cruzaste la puerta ya te extrañaba, que cuando bajaste el único escalón apenas podía recordar tu rostro, que cuando caminaste por el jardín sólo me quedaba un recuerdo de tu aroma, que ahora que volteaste a la esquina he vuelto a olvidarme de ti.

Te convertiste en lo que siempre serás desde ahora que ya no te recuerdo porque cada vez que vuelvas a mí lo harás como una silueta o como una sombra entre la niebla. Yo voy viviendo varias vidas medio desvanecido entre los mismos corredores añejos, igual de volátil ante el aire, ante el sol y ante la luna. Nuestros encuentros serán siempre clandestinos y todos tan caóticos como nuestra misma naturaleza. Somos niebla y sombra entremezclándose, nos volvemos un ente inexplicable que cada vez que nos dejamos abrazar por la noche nos dispersamos por todo el universo, podemos estar en cada rincón de él y en ninguno a la vez. Ya no estamos, ya no somos, existimos de alguna extraña manera pero sin identidad, y después de dejar nuestro rastro en cada una de las esferas celestes, nos contraemos, absorbemos todo de vuelta, como un agujero negro, y condensamos toda la energía disipada en dos intentos de existencia paralela que se dicen «hasta pronto» y se olvidan hasta la próxima luna llena.

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Desafiando al rito

Porque es una de mis favoritas de Soda, porque los dos acordes de teclado que le siguen al silencio antes de las estrofas me parecen desgarradoramente profundos y emotivos, como que descuadran de la melodía habitual, pero no generan pérdida de armonía, y además, porque también creo que nada es casualidad: las casualidades están perfectamente planeadas por el azar.




«El Rito» - Soda Stereo

Soy un profanador
estoy desafiando al tiempo
ya ves, mi transgresión
es procurar tenerte

El cielo entiende de mi obsesión
está llegando a un límite
el desierto, al menos hoy
no parece, no parece tan...

Sueles encontrarme en cualquier lugar
y ya lo sabes, nada es casualidad
tu misteriosa forma me lastimará
pero a cada segundo estaré más cerca

Paralizándome
jamás podré esperarte
y no tengo porque esperar
en un altar de sacrificios

Sólo meterme en tu ritual
y descifrar tu enigma
tal vez no hablar de más
el silencio no es tiempo perdido

Desafiando al rito
destruyendo mitos

Moebius


...siento que pienso que siento que pienso que...


Hay días en los que estoy del todo ocupado. Actualmente, mi principal actividad es la de estudiante universitario. Delimitando mi existencia de ese modo, mis días ocupados son esos en los que tengo clases casi todo el día. Apenas hay tiempo para dar los últimos toques a un par de trabajos, comer algo, ir al baño y viajar en micro, nada más.

Hay días en los que tengo un poco de tiempo libre para vivir. Entonces puedo pensar. Trato de pensar siempre. Si no lo hago, siento que dejo de existir. Será que Descartes me tatuó su frase célebre en el cerebro para no dejarla de lado jamás.

Me gusta pensar, pero no siempre pienso sobre lo mismo.

Hay días en los que pienso sobre soñar y me gusta soñar.

Hay días en los que quiero cambiar el mundo y matar al monstruo.

Hay días en los que no quiero cambiar nada ni matar a nadie.

Hay días en los que pienso sobre mi futuro, siempre tan incierto. Estos días son muy escasos porque ya me he estado dando cuenta que nunca llego a nada.

Hay días en los que pienso sobre mi pasado, siempre tan nostálgico. Estos días aún abundan y los detesto porque siento que son ataduras.

Hay días en los que pienso en mis instintos. Pienso que el hombre de hoy sigue siendo un animal, entonces me comporto como tal y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en los ángeles. Siento que el amor está en el aire. Siento que los colores son más vivos. Pienso que me engaño a voluntad propia y eso... está bien.

Hay días en los que pienso en morir. A veces me gusta estar triste, entonces escucho música melancólica y trato de sentir cosas que no he sentido antes. A veces aparecen revelaciones misteriosas y entonces comprendo la vida un poquito mejor. Por otro lado, a veces estoy triste sin quererlo (detesto esos días). Entonces, escucho metal o veo alguna comedia y todo se arregla.

Hay días en los que pienso en metafísica. Estos días no son tan escasos pero trato de que así sean, porque siento que tampoco llego a nada.

Hay días en los que pienso en mi presente. Veo mis manos, me veo al espejo, siento que me conozco y ya no me conozco luego de dos segundos, porque cada vez soy distinto. Siento que soy un camaleón, pienso que no hay días sino épocas, y que soy diferente en cada época. Siento que he vivido varias vidas y que muero cada vez que me canso de vivir una de ellas. Siento que necesito nacer cada cierto tiempo para volver a descubrir el mundo o quizá reinventarlo una y otra vez. En todo este proceso siento que los lugares conocidos se me hacen extraños, siento que camino por un lugar en el que ya he estado antes pero no logro reconocerlo, siento que mis amigos ya no son mis amigos y siento que a mis nuevos amigos ya los he conocido antes en alguna otra vida, siento que conozco a todos ellos y que igualmente no los conozco y que luego de esta época no los volveré a ver bajo ese cuerpo, pero nos volveremos a encontrar sin reconocernos y nos volveremos a conocer, así como siento que he vuelto a conocer a Diana, aquella a quien tanto quise alguna vez, y siento que ella también me ha reconocido quizá inconscientemente, y ahora que ha vuelto a quererme le cuesta tanto aceptarlo porque ahora tiene una vida propia, pero yo también tengo una nueva vida propia en esta época y también me cuesta aceptar que me he vuelto a enamorar de la misma persona en un cuerpo distinto, siento que debo morir otra vez y volverla a conocer sin que ella lo sepa, sin que yo lo sepa; quizá ahí, al tercer intento, podamos vivir juntos y ya no habrá ni un viaje que nos separe, ni un antiguo amor que nos distancie. Pienso en todo esto y siento que luego de dos segundos ya no me importa, porque Diana ya se esfumó, porque ya se posó sobre algún otro ángel y entonces siento que quiero a ese nuevo ángel. Mientras pienso en mi presente, todo él se convierte en pasado y entonces se vuelve todo tan nostálgico, más que el pasado anterior, porque este nuevo pasado se me ha esfumado sin siquiera poder vivirlo, entonces se me hace cada vez más odioso y lo detesto más porque sigo pensando que es una atadura. Entonces pienso que debo de liberarme de las ataduras y debo comenzar a caminar otra vez, por enésima vez, porque no quiero llegar tarde. Entonces pienso que mejor ya no voy a pensar y quizá Descartes aparezca frente a mí en un nuevo cuerpo y me diga que si ya no pienso luego ya no existo y entonces dejaré de existir para que todo lo que ya he creado, todo lo que ya he vivido, todo lo que ya he escrito aquí, deje de existir también, o quizá muera conmigo. Entonces y sólo entonces, podré existir otra vez.