«Eso no es apurarse, eso es seguir el ritmo. En realidad nada se controla.
El controlarlo todo es aparente».
Hay ritmos que nos seducen, se apoderan de nuestros sentidos y nos elevan sin que podamos hacer nada. Cuando nos percatamos ya estamos ahí, flotando en medio de alguna atmósfera desconocida, extraña pero a la vez encantadora. En esas situaciones simplemente nos dejamos llevar por la voz del viento, ya sea por sus tibios susurros de medianoche o por sus enérgicos gritos de media mañana. Eso, definitivamente, no es apurarse, eso es seguir el ritmo.
Creo que una vez ahí, una vez envuelto, ya nada se controla: significa estar como levitando, sin gravedad, sin ningún punto de apoyo que nos permita dirigirnos voluntariamente hacia lugar alguno. Estamos destinados a seguir el camino de la voluntad del viento que nos envuelve. Por otro lado, la naturaleza del viento no siempre es la misma: a veces se encarga de las más nobles coreografías de las hojas secas, a veces se encarga de los más devastadores e impetuosos huracanes. Cabe entonces averiguar cuál viento nos irá a envolver.
Se nos está permitido el control siempre y cuando no hayamos sido atrapados antes por alguna corriente de aire. Podemos tomar precauciones y estar preparados ante cualquier eventualidad. El servicio meteorológico ha demostrado ser muy efectivo en los últimos años, por lo que cualquier indicio de riesgo nos será notificado a su debido momento. Lo que se debe distinguir es que esto en realidad no significa control alguno: significa precaución. El control de aquello que de todas formas nacerá está y estará siempre fuera de nuestro alcance.
El controlarlo todo, por lo tanto, es aparente. La inercia de los mundos que se encuentran es gigantesca en comparación a las minúsculas voluntades de nosotros los humanos. Nos acoplamos al ritmo de los mundos que llegan hacia nosotros y nos envuelven en sus atmósferas.
La relatividad, finalmente, radica en el punto de vista del observador (o en este caso, el envuelto, que vendría a ser lo mismo). Apurado voy para el que va lento. Lento voy para aquél más presuroso que yo. Pero, si el ritmo de los mundos que nos visitan es exactamente el mismo ritmo que el nuestro, no hay necesidad de acoplarse: basta dejar que las cosas caigan por su propio peso.



16 de diciembre de 2010 a las 0:41
hay mucha razón: dejar que las cosas caigan por su propio peso, que el encuentro nos encuentre.
la frase predilecta de mamá: las cosas suceden por algo.
27 de abril de 2011 a las 13:49
me gusta tu escritura, es muy ejemplar y muy digerible y te pone a pensar mucho grax...
http://www.youtube.com/zeatzero
http://zeat-zero.blogspot.com/
18 de mayo de 2011 a las 21:11
jaja...tantos meses en blanco...!saludos es bueno volver a leer...saludos