...siento que pienso que siento que pienso que...
Hay días en los que estoy del todo ocupado. Actualmente, mi principal actividad es la de estudiante universitario. Delimitando mi existencia de ese modo, mis días ocupados son esos en los que tengo clases casi todo el día. Apenas hay tiempo para dar los últimos toques a un par de trabajos, comer algo, ir al baño y viajar en micro, nada más.
Hay días en los que tengo un poco de tiempo libre para vivir. Entonces puedo pensar. Trato de pensar siempre. Si no lo hago, siento que dejo de existir. Será que Descartes me tatuó su frase célebre en el cerebro para no dejarla de lado jamás.
Me gusta pensar, pero no siempre pienso sobre lo mismo.
Hay días en los que pienso sobre soñar y me gusta soñar.
Hay días en los que quiero cambiar el mundo y matar al monstruo.
Hay días en los que no quiero cambiar nada ni matar a nadie.
Hay días en los que pienso sobre mi futuro, siempre tan incierto. Estos días son muy escasos porque ya me he estado dando cuenta que nunca llego a nada.
Hay días en los que pienso sobre mi pasado, siempre tan nostálgico. Estos días aún abundan y los detesto porque siento que son ataduras.
Hay días en los que pienso en mis instintos. Pienso que el hombre de hoy sigue siendo un animal, entonces me comporto como tal y eso... está bien.
Hay días en los que pienso en los ángeles. Siento que el amor está en el aire. Siento que los colores son más vivos. Pienso que me engaño a voluntad propia y eso... está bien.
Hay días en los que pienso en morir. A veces me gusta estar triste, entonces escucho música melancólica y trato de sentir cosas que no he sentido antes. A veces aparecen revelaciones misteriosas y entonces comprendo la vida un poquito mejor. Por otro lado, a veces estoy triste sin quererlo (detesto esos días). Entonces, escucho metal o veo alguna comedia y todo se arregla.
Hay días en los que pienso en metafísica. Estos días no son tan escasos pero trato de que así sean, porque siento que tampoco llego a nada.
Hay días en los que pienso en mi presente. Veo mis manos, me veo al espejo, siento que me conozco y ya no me conozco luego de dos segundos, porque cada vez soy distinto. Siento que soy un camaleón, pienso que no hay días sino épocas, y que soy diferente en cada época. Siento que he vivido varias vidas y que muero cada vez que me canso de vivir una de ellas. Siento que necesito nacer cada cierto tiempo para volver a descubrir el mundo o quizá reinventarlo una y otra vez. En todo este proceso siento que los lugares conocidos se me hacen extraños, siento que camino por un lugar en el que ya he estado antes pero no logro reconocerlo, siento que mis amigos ya no son mis amigos y siento que a mis nuevos amigos ya los he conocido antes en alguna otra vida, siento que conozco a todos ellos y que igualmente no los conozco y que luego de esta época no los volveré a ver bajo ese cuerpo, pero nos volveremos a encontrar sin reconocernos y nos volveremos a conocer, así como siento que he vuelto a conocer a Diana, aquella a quien tanto quise alguna vez, y siento que ella también me ha reconocido quizá inconscientemente, y ahora que ha vuelto a quererme le cuesta tanto aceptarlo porque ahora tiene una vida propia, pero yo también tengo una nueva vida propia en esta época y también me cuesta aceptar que me he vuelto a enamorar de la misma persona en un cuerpo distinto, siento que debo morir otra vez y volverla a conocer sin que ella lo sepa, sin que yo lo sepa; quizá ahí, al tercer intento, podamos vivir juntos y ya no habrá ni un viaje que nos separe, ni un antiguo amor que nos distancie. Pienso en todo esto y siento que luego de dos segundos ya no me importa, porque Diana ya se esfumó, porque ya se posó sobre algún otro ángel y entonces siento que quiero a ese nuevo ángel. Mientras pienso en mi presente, todo él se convierte en pasado y entonces se vuelve todo tan nostálgico, más que el pasado anterior, porque este nuevo pasado se me ha esfumado sin siquiera poder vivirlo, entonces se me hace cada vez más odioso y lo detesto más porque sigo pensando que es una atadura. Entonces pienso que debo de liberarme de las ataduras y debo comenzar a caminar otra vez, por enésima vez, porque no quiero llegar tarde. Entonces pienso que mejor ya no voy a pensar y quizá Descartes aparezca frente a mí en un nuevo cuerpo y me diga que si ya no pienso luego ya no existo y entonces dejaré de existir para que todo lo que ya he creado, todo lo que ya he vivido, todo lo que ya he escrito aquí, deje de existir también, o quizá muera conmigo. Entonces y sólo entonces, podré existir otra vez.
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