Diálogos - Parte I


«Ave María purísima / sin pecado, concebida»


- Es, por todo lo que te dije, que estoy algo preocupado últimamente.
- Creo que no es tan trágico como lo imaginas: artículos especializados y hasta estudios psicológicos han coincicido en decir que ese tipo de relaciones de las que hablas son las más comunes, pero no son las únicas.
- De hecho que son las más comunes: casi todas las parejas que conozco tienen síntomas de ser así.
- Las más comunes, pero no las únicas; y para tu suerte, el otro tipo de relación es justo así como tú me la describes, así que no te desanimes, ya llegará.
- Jajaja.
- ¿De qué te ries?
- «Ya llegará». Suena como si estuviese desesperado. No estoy desesperado, sólo algo preocupado.
- Sí, sí, entiendo. Tus experiencias no han sido tan...
- Exacto.
- Te lo vuelvo a decir entonces: ya llegará.
- Seguramente. Pero, ¿sabes qué es lo extraño? Me imagino con una relación así, como las del otro tipo, y creo que no me sentiría a gusto para nada.
- ¡Total! ¡Quién te entiende! ¿Por qué dices eso ahora?
- Una relación calculada sería demasiado fría, demasiado insoportable.
- Te estás contradiciendo. Dices que no te gustan las relaciones demasiado apasionadas, pero que tampoco te gustaría una relación calculada.
- Tú lo has dicho. El problema está en el «demasiado». No me gustan los extremos.
- Lo que yo creo es que tú quieres ser apasionado y ser frío cuando te da la gana. Podría decir que tienes lo que todos: demasiado egoísmo como para ser tolerante en una relación.
- «A veces, mi tan rezada tolerancia se me desvanece».
- ¿Quién fue?
- Aún nadie.
- Tolerancia. Me gusta esa palabra.
- Lo que dices es cierto, en parte. Es difícil ser tolerante, sobretodo cuando pones mucho en juego.
- O cuando involucras sentimientos.
- Porque tus sentimientos son los que están en juego. De ahí se deduce que...
- Si no involucras muchos sentimientos, ¿te resulta más fácil ser tolerante?
- Por eso me gusta hablar contigo.
- Ya me lo imaginaba: lo que tú quieres es tener el control.
- La mayoría del tiempo promedio, sí. Como te dije, no me gustan los extremos: sería igual de aburrido tener el control todo el tiempo. Quiero calor cuando deba haberlo y frío cuando sea necesario. Un equilibrio. Eso sería lo ideal. Lo «ideal».
- «El equilibrio es imposible».
- Jajaja. Es cierto. Muy cierto. ¿Sabes si tienen algún nuevo disco?
- Ni idea. Nunca me tomé la molestia de averiguar siquiera sus nombres.
- Vaya.
- Bueno, creo que querer tener el control también es normal, aunque lamentablemente en muchos casos es inconsciente.
- Es inconsciente en los niños. Sentimentalmente niños.
- Jajaja. «Niños, sentimentalmente niños», «Morir, socialmente morir», me gusta el énfasis que le da ese orden a las palabras.
- Y ahora que estamos hablando de eso, «¿¿-Tú-aún-crees-que-tienes-el-control-??».
- Jajajajaja. ¡Qué pendejo que eres! ¡No me digas que te estabas refiriendo a eso?
- Claro. Tanto esfuerzo no es en vano. Siempre uno trata de mandar un mensaje extra.
- Osea que te dedicas a publicar tu vida en volantitos de colores.
- Jajaja, si lo quieres ver de ese modo...
- ¿Y cuál fue tu confesión la vez anterior?, ¿que estabas caliente?
- Jajaja. No. Fue un llamado a la revolución.
- ¿A todo el Perú?
- No, a Letras. Los primeros decían «Letras».
- Claro. Era época de toma.
- Como siempre.
- Pero creo que nadie entendió tu llamado.
- Es cierto. Justo de eso se trata. Mi llamado no fue explícito, pero eso no quiere decir que no lo haya hecho. Los que quisieron verlo así, lo vieron.
- Entonces no fue efectivo. Tenías un fin y nadie se percató de ello.
- El fin era generar preguntas, causar interés, llamar la atención, pero para lo otro, para el evento. Lo de la revolución era como una ventana en la esquina de un cuadro.
- Una ventana en la esquina de un cuadro... ¡Muy al estilo de Castel!
- Exacto. Toda su obra era agradable para los ojos de las masas y nadie se percataba del mensaje de fondo. Esa también era la intención de Castel: estaba comunicando algo con excesivo ruido puesto adrede.
- Hasta que llegó Mayra Iribarne y captó su mensaje.
- María. Sí, y Castel se obsesionó.
- ¿Y ya llegó tu María Iribarne?
- Mayra. Sí.
- ¡Total! ¿Es María o Mayra?
- Es igual; igual Castel se obsesionó.
- ¿Y tú te obsesionaste?
- Castel.

Babilonia


El método más difundido actualmente para hallar una raíz cuadrada es uno de los menos eficaces, no porque sea inexacto, sino porque implica aprender un procedimiento bastante largo que, por más simple que sea, resulta demasiado tedioso. En mis años de colegial, nunca me molesté en aprender tan espantoso método. Antes de los exámenes, repasaba los pasos, los guardaba en mi memoria temporal y luego de dar el examen los olvidaba por completo.

A lo que voy. Hoy, una niña un poco irresponsable interrumpió mi sueño a las 9 de la madrugada y me pidió que le busque en Internet el proceso paso a paso para hallar la raíz cuadrada de 2. En los 20 segundos que dura una llamada nacional y con la mitad del cerebro aún dormido, no pude darle una cátedra sobre la naturaleza de los números irracionales ni sobre la postura de los pitagóricos ante tal acontecimiento matemático que destrozaba todos sus cimientos. Sólo atiné a decir un: «Ya, te timbro cuando lo tenga listo».

Estuve navegando un buen rato y lo único que hice fue encontrar más de veinte veces las demostraciones de por qué la raíz cuadrada de 2 es un número irracional, así como varios algoritmos informáticos para hallar sus aproximaciones mediante sumatorias o series infinitas, pero por ninguna parte encontraba el proceso para hallar su raíz cuadrada manualmente de una forma simple.

Hasta que encontré el método babilónico.

A lo que voy (otra vez): Es sorprendente cómo el hombre, hace más de 5000 años, pudo haber ideado un método tan simple como el de los babilonios para calcular raíces cuadradas (así como idearon también un método para medir el tiempo, vigente hasta hoy).

El metodo babilónico para hallar una raíz cuadrada consiste en encontrar dos números que, multiplicados, den el número inicial. Por ejemplo, para hallar la raíz cuadrada de 2, los números serían 1 y 2. Luego se promedian ambos números (1,5) y se vuelve a hacer la división. El procedimiento se repite varias veces para obtener un resultado más aproximado.

2 = 2 x 1
2 + 1 = 3
3 : 2 = 1,5

2 : 1,5 = 1,3 (aproximadamente)
1,5 + 1,3 = 2,8
2,8 : 2 = 1,4

Repitiendo:
2 : 1,4 = 1,428 (aprox.)
1,4 + 1,428 = 2,828
2,828 : 2 = 1,414

Repitiendo:
2 : 1,414 = 1,4144 (aprox.)
1,414 + 1,4144 = 2,8284
2,8284 : 2 = 1,4142

[...]


Los babilonios ya utilizaban funciones recursivas sin saber nada de informática. No tenían ni Internet, ni libros en donde buscar «la respuesta»; sólo se basaban en sus tablillas y su criterio. Buscaban en ese universo paralelo que tiene el hombre desde siempre: su cerebro. Y si no hallaban nada, lo creaban.

No todos, claro. Sólo los más quemados.

Why?